jueves, 5 de mayo de 2016
martes, 26 de abril de 2016
Y si Cataluña rompe España, ¿qué?
Y si Cataluña rompe España, ¿qué? es el título de un proyecto de Paula Fernández de Bobadilla, Cristian Campos y Ximena Maier: un libro que compila las respuestas de numerosas personalidades públicas a un cuestionario cuyo tema queda bastante bien explicitado en el título. Resulta interesante picotearlo si se tiene una noche de insomnio.
Guiado por una cierta pereza —el cuestionario es útil para encarrilar sin mucho esfuerzo la formulación de opiniones—, yo he dado un paso más: me he puesto a redactar mis propias respuestas.
Encuentro defectos en el planteamiento de los autores: no parece percibir la existencia de los catalanes no separatistas ni el dominio de las Kulturkämpfe nacionalistas durante los últimos años; pero bueno, vale para hacer una entrada nueva en el blog. Sirvo el resultado:
¿España roba a los catalanes más de lo que roba al resto de los españoles? ¿Debe tener límites la solidaridad de los catalanes con el resto de los españoles?
Hablar de robo es peor que exagerar. Por otra parte, desde el momento en que se instituye un estado autonómico, se concluye inevitablemente que cada comunidad autónoma debe disponer hasta cierto punto de sus propios recursos.
¿Es viable social, política, cultural y económicamente una Cataluña independiente?
La pertenencia o no a una nación determinada quizás no sea el factor más sustancial de cara a la viabilidad de un cuerpo social.
¿Es viable social, política, cultural y económicamente una España sin Cataluña?
Espero que sí.
¿A usted le importaría que el idioma catalán desapareciera? ¿Por qué?
Cuando creemos que la naturaleza de una entidad es trascendente, generalmente se trata de realidades convencionales o espontáneas, en cualquier caso emergentes. La gente ya se comunicaba antes de que surgiera el idioma catalán. Cuando desaparezca no será porque la gente se quede repentinamente muda.
¿Y si el que desapareciera fuera el idioma español?
Aplico lo dicho en la pregunta anterior.
¿Y por qué no debería permitirse que los catalanes se independizaran si así lo desean mayoritariamente?
Si una mayoría reforzada de los catalanes expresa consistentemente su deseo de fundar una nueva nación, deben hacerlo o al menos intentarlo sin más impedimentos.
¿A usted le gusta España? Suponiendo que se le permitiera vivir con su mismo nivel de vida actual en cualquier país del mundo, ¿escogería España?
No me gusta España, lo que quiere decir sólo que no me gustan los defectos de los españoles. Hoy creo que me acomodaría mejor a los defectos de los estadounidenses, pero mañana puedo pensar de otro modo.
¿Por qué debería creerme que en una Cataluña independiente se respetarían los derechos de los españoles si en la Cataluña dependiente se ha multado a comerciantes por rotular su negocio en español?
Lo prudente es no creerse nada. El respeto descansa en la fuerza, y por favor entendamos "fuerza" lato sensu.
¿Es España algo más que un ente administrativo puramente instrumental? ¿Qué, en concreto? ¿Lo es Cataluña?
Pues debería bastar con que fuera un ente administrativo justificado en términos pragmáticos, vale decir de bienestar de los ciudadanos. Como estamos viendo, en cuanto falla esta justificación todos los adornos románticos (la cultura, el sentimiento, el carácter nacional) o se descomponen o delatan su carácter falsario.
Los catalanes quieren emigrar de España pero sin moverse del sitio y sin soportar ninguna de las incomodidades asociadas a una ruptura traumática con su país actual. Rebátalo.
Falla el sujeto, "los catalanes". ¿Qué catalanes? Por lo demás, no se puede rebatir un deseo. A todos nos gustaría cosechar sólo los resultados propicios de nuestras decisiones y descartar los perjudiciales.
¿En qué cambiaría su vida si Cataluña se independizara? ¿Adoptaría algún tipo de decisión personal (por ejemplo mudarse o boicotear los productos catalanes o españoles)?
En nada sustantivo, creo. Pasaríamos al catalanismo balear como problema. Y mi curiosidad hacia el tema catalán tomaría una deriva, diría yo, de sociólogo de salón, casi entomológica.
¿Qué diferencia hay entre un nacionalista y un patriota?
Yo concibo un patriotismo más bien pasivo. Bastaría con ser un ciudadano correcto, cumplidor y con una elemental solidaridad. El nacionalista no sólo cree en una distinción peculiar de su pueblo, sino en que esa diferencia debe tener una expresión tangible y cotidiana frente a —y contra— los supuestos foráneos.
Los que por inmovilismo se opusieron en su momento a la Constitución se han convertido ahora en sus principales defensores, también por inmovilismo. Rebátalo.
Lo coherente en la mentalidad conservadora es el que el temor se despierte ante cualquier cambio. O a lo mejor han cambiado de opinión y les ha empezado a gustar la Constitución. Pero vuelve a fallar el sujeto. ¿A quiénes se refiere? Cada cual tendrá su propia respuesta, imagino.
¿Qué argumento contrario a su punto de vista sobre la independencia se ve incapaz de refutar racionalmente?
El sentimental.
¿Por qué provoca más rechazo la renuncia de una persona a una convención administrativa (la nacionalidad) que la renuncia de esa misma persona a su realidad biológica (su sexo)?
No creo que eso sea así. Lo que provoca rechazo es la coacción contra los ideológicamente distintos y la injuria, que ha sido el principal instrumento intelectual del nacionalismo catalán durante tantos años.
En el hipotético caso de que el Gobierno de la Generalitat declarara la independencia, ¿cómo cree que debería responder el Gobierno Central? Sea concreto.
Supongo que interrumpiendo ipso facto la financiación y recurriendo a la Unión Europea, pero no sé.
¿En qué se diferencia un español de un catalán?
Depende de los tópicos que se adopten como criterio para contestar a esta ridícula pregunta.
¿Pueden los catalanes tomar de forma autónoma una decisión que afecte de forma sensible al resto de los españoles? ¿Por qué?
Ya lo hacen.
¿La de 1714 fue una guerra de sucesión o de secesión? ¿Y por qué debería importarnos en 2015?
Esta pregunta no debe ser objeto de opinión. O son hechos o son juicios de intenciones. A los libros de historia.
¿Son los problemas de los catalanes diferentes a los del resto de los españoles? ¿Solucionaría la independencia alguno de esos problemas?
Los problemas importantes creo que son los mismos para todos. Luego están los problemas "discrecionales", los que se decide tener; no niego su existencia, sólo que ignoro las condiciones de su solución. ≈
miércoles, 20 de abril de 2016
Ecos del pasado y un trabajo a medio hacer
Casi a partes iguales, las calles de Thiaroye sur Mer están pobladas de arena y de ausencias.
Todo se comparte en casa de Fatoumata [la madre de Alpha Pam]. Sobre todo la escasez.
Le duele recordar. Se aferra a las fotos de su hijo porque es lo único que le queda (…) Lo de Alpha es otra cosa, es un desgarro, una puñalada en el vientre. Intentar explicarle que todo ocurrió porque el Gobierno español había aprobado un decreto que excluía a los inmigrantes sin papeles de la atención sanitaria es en vano. Fatoumata sigue sin entenderlo.
El joven llevaba seis meses enfermo sin que su familia lo supiera. Siete visitas al centro de atención primaria de su barrio acabaron en una derivación al hospital de Inca para que le hicieran unas placas. Presentaba dolor torácico, escalofríos, náuseas y cansancio extremo pero, aunque acudió hasta en dos ocasiones al centro hospitalario, ni le hicieron las radiografías ni mucho menos lo ingresaron. ¿El motivo? No tenía tarjeta sanitaria. El 21 de abril, "ese domingo", Alpha muere en su casa de Can Picafort en medio de un gran charco de sangre.
A finales de febrero se detectan dos casos de tuberculosis en el Hospital de Inca: dos niños senegaleses, hermanos, que viven en Can Picafort, en el norte de la isla. Como se trata de una enfermedad infectocontagiosa el jefe de servicio de pediatría del Hospital y el de medicina preventiva se ponen en contacto con los familiares de los niños e intentan convencerlos para que les proporcionen los nombres de todas las personas que han convivido en la vivienda. Los familiares se muestran reacios a suministrar la información: resulta evidente que la persona o personas que han convivido con los niños son emigrantes ilegales, y a éstos, como es natural, no les gusta proporcionar mucha información sobre su situación. Este es un problema que nos encontraremos a lo largo de toda la historia. Finalmente los médicos del Hospital obtienen una información: efectivamente hay una persona que ha convivido con los niños en las últimas semanas, aunque su nombre no es proporcionado.
Desde el hospital de Inca se activa el Protocolo de Enfermedades de Declaración Obligatoria (EDO) y se notifica del caso de tuberculosis a la Dirección General de Salud Pública avisando de la existencia de ese desconocido que ha estado en contacto con los niños, del que se sospecha que puede ser el portador original del bacilo. De acuerdo con lo que posteriormente me contarán, en Salud Pública se ponen en contacto con la Policía Local de Can Picafort, que acude al domicilio de los niños, localiza al desconocido, y lo lleva al Centro de Salud (de Can Picafort). Allí le realizan un Mantoux, una prueba para determinar si tiene o ha tenido anticuerpos de tuberculosis. Su nombre es Alpha Pam. Esto sucede el 25 de febrero.
El 28 de febrero Alpha Pam vuelve a acudir al Centro de Salud, donde se le dice que el Mantoux ha sido negativo. Sin embargo es derivado a Urgencias del Hospital de Inca para mayor seguridad. En el volante de derivación el médico del Centro de Salud indica el resultado negativo del Mantoux y la circunstancia de haber estado en contacto con tuberculosis, y recomienda la realización de una placa torácica.
El 4 de abril, 35 días después, Alpha Pam acude a Urgencias del Hospital de Inca. Como en todos los casos Alpha Pam pasa sucesivamente por el mostrador de admisión (en el cual hay un administrativo), por el mostrador de triage (en el cual hay un enfermero), y por el médico de urgencias. El enfermero de triage lo clasifica como urgencia de nivel 4. Hay cinco niveles de urgencias, siendo 1 la más grave. Una urgencia 4 es una urgencia banal, que en principio podría ser atendida incluso en el PAC del propio Centro de Salud. Esto parece indicar que ni Alpha Pam le ha mencionado el contacto con tuberculosis ni le ha mostrado el volante de derivación desde Atención Primaria porque en cualquiera de los casos el enfermero habría activado inmediatamente un protocolo de aislamiento del paciente. Por su parte el médico anotará en el parte de alta haber tratado al paciente por tos y dolor de garganta, haberle diagnosticado bronquitis, haberle recetado antibióticos y antiinflamatorios, y haber encomendado la vigilancia de la evolución de la enfermedad a su médico de cabecera: tampoco parece haber sido informado de la posibilidad de tuberculosis. El error idiomático debe ser descartado: Alpha Pam llevaba años residiendo irregularmente en España y hablaba correctamente español.
Alpha Pam no vuelve a aparecer ni por el Hospital ni por el Centro de Salud, y el 21 de abril, con 27 años de edad, muere por tuberculosis en su casa. Cinco días más tarde aparecen por urgencias del Hospital de Inca otros dos emigrantes senegaleses que declaran haber mantenido contacto con Alpha Pam, y se les proporciona el tratamiento antibiótico profiláctico contra la tuberculosis.
A partir de ese momento se desata la tormenta. A los dos días de ser atendidos en el Hospital de Inca los compañeros de Alpha Pam ponen una reclamación exigiendo, curiosamente, ser atendidos. Más curioso aún: una de las reclamaciones se presenta escrita en correcto mallorquín. Simultáneamente los diputados autodenominados 'econacionalistas' comienzan a lanzar andanadas contra la sanidad balear y su consejero, Martí Sansaloni.
Lo consignado hasta aquí es una fría descripción de los hechos. Resulta muy complicado continuar con una descripción lineal de las acusaciones porque la técnica empleada es, digamos, impresionista, a base de brochazos dispersos que provocan un potente efecto visual en el espectador: ha muerto un hombre joven; es negro; es emigrante irregular; no tiene recursos; gobierna el PP; el PP es insensible y ha hecho recortes; se le ha denegado la asistencia; nuestro corazón (el de Fina Santiago y Biel Barceló) sangra por los desfavorecidos… Ante esta acusación difusa la defensa racional se vuelve tan inútil como argumentar ante un coro de cacatúas. Cuando son desalojadas de una rama (por ejemplo, cuando se demuestra que la supuesta inasistencia al emigrante no ha existido) las cacatúas se desplazan a otra sin dejar de cacarear (y sin disculparse por haber ocupado injustificadamente la rama previa).
En cualquier caso esta dificultad se vuelve irrelevante porque el Consejero prohíbe al gerente del Hospital que se defienda ante los medios con el argumento de ser preferible centralizar la información en su gabinete de prensa; el gabinete por su parte renuncia a una defensa eficaz.
Con los socialistas incorporados a las protestas las acusaciones comienzan poco a poco a perfilarse (aunque no mucho). Como el largo periodo de tiempo transcurridos entre la visita de Alpha Pam al Centro de Salud y la realizada al Hospital enturbian un poco el relato se comienza a insinuar que en ese periodo ha intentado infructuosamente ser atendido en varias ocasiones, pero que la asistencia se le ha denegado por carecer de recursos. Los compañeros de Alpha Pam se apuntan a la historia y se animan a precisar un par de fechas. Resulta ser una mala idea: la grabación de las cámaras de seguridad del Hospital demuestra que la historia es falsa (para cualquiera que trabaje en sanidad pública, por cierto, esta versión es completamente inverosímil desde el primer momento: en Urgencias se atiende a todo el mundo). La acusación deriva entonces hacia otro punto: Alpha Pam ha sido atendido, sí, pero se le ha obligado a firmar un compromiso de pago en admisión de urgencias. ¿Y esto qué es? Explicarlo es, me temo, un poco coñazo. Allá voy.
Los españoles tenemos garantizada asistencia sanitaria gratuita total prácticamente en todos los casos. Además de los trabajadores, pensionistas, parados etc, todos aquéllos que perciben rentas anuales inferiores a 100.000 € pueden disfrutar de ella. Pero este derecho no es automático: es necesario obtener previamente la tarjeta sanitaria. En el caso de las personas con rentas inferiores a 100.000 € con carácter previo a la obtención de la tarjeta es necesario realizar unos trámites previos en el INSS. Si no se presenta la tarjeta se obtiene, desde luego, la asistencia sanitaria, pero el paciente firma un documento en el que se le dice que si en un determinado plazo no la presenta se le podrá facturar. Este es el compromiso de pago.
En cuanto a los extranjeros que viven en España, los que residen legalmente tienen reconocida la asistencia sanitaria total gratuita en términos similares a los españoles, y también tienen que pasar por el INSS. Por su parte los que están en situación irregular (los 'sin papeles') tienen derecho a asistencia sanitaria gratuita en determinados casos: urgencias, menores, embarazadas, EDO's y casos de trata de blancas o asilo político. Este derecho sí es automático: al emigrante ilegal le basta con manifestar su condición para obtener la asistencia sanitaria gratuita en los supuestos mencionados. Por último, los turistas no tienen reconocida la asistencia sanitaria gratuita.
Es muy importante destacar dos cosas. Una, que el no tener derecho a asistencia sanitaria gratuita de urgencias no quiere decir que no se tiene derecho a asistencia sanitaria de urgencias: esta se recibe en todo caso, pero puede ser facturada posteriormente. Dos, que el procedimiento administrativo por el que se solicita el compromiso de pago no es un filtro previo a la asistencia: ésta se obtiene en cualquier caso.
Los compromisos de pago se llevan al departamento de facturación, que decide si la asistencia es facturable. El sistema presenta algunos problemas. Para empezar ¿cómo se distingue a un emigrante ilegal, que tiene derecho automático a asistencia sanitaria gratuita de urgencias, de cualquier otro colectivo que no la tiene? Como he dicho no es habitual que un emigrante ilegal diga que lo es. Es más fácil, por ejemplo, decir que es un turista, firmar el compromiso de pago, y dar una dirección falsa. La asistencia de urgencias entonces se le facturará, pero la factura no llegará y aquí paz y después gloria.
En resumen todo el caso se reduce a que Alpha Pam llegó a Urgencias de Inca y fue atendido, aunque su tuberculosis no fue detectada. En el proceso firmó un compromiso de pago que no llegó a convertirse en una factura. Punto final.
Ahora el consejero de Sanidad Martí Sansaloni, asustado ante la campaña que se había alzado contra él (recordemos: el PP es cruel y racista y niega la asistencia sanitaria a los pobres emigrantes tras robarles su dinero) ha optado por una solución innovadora: se ha puesto al frente de la manifestación contra sí mismo. Efectivamente, al echar violentamente la culpa al Hospital de Inca (y su humilde gerente) ha reconocido dos cosas: a) que la culpa existía y b) que los socialistas y econacionalistas tenían razón.
Una última cosa. En la rueda de prensa que el joven consejero Martí Sansaloni convoca para explicar mi cese afirma que éste es debido a errores en el tratamiento administrativo de los emigrantes en situación irregular, lo que resulta sorprendente porque las instrucciones y protocolos que rigen este tratamiento administrativo se dictan directamente por los Servicios Centrales del Servicio de Salud de Baleares. Es decir, por él.
Fernando Navarro
viernes, 8 de abril de 2016
La Wikipedia y la Buiquipedia
Los exámenes PISA son muy parecidos a exámenes de inteligencia. Se evalúa muy poco conocimiento y aplicación de estos. La gran mayoría de los ítems de los PISA son muy deducibles y se pueden responder correctamente sin tener ningún conocimiento del currículo escolar. Es por esto que los resultados obtenidos se puedan deber más bien a diferencias en los CI generales de los países que en la eficiencia de sus sistemas educativos. En el CI entran en juego diversos factores que nada tienen que ver con la escuela, como son: la genética, el cuidado prenatal y la alimentación en la infancia. Así, los países con baja renta per cápita y/o con muchos inmigrantes o minorías sociales tienen malos resultados, pero en los exámenes TIMSS a los países de Europa del este (de bajos ingresos) les va mucho mejor, incluso mejor que a Finlandia, que quedó en el puesto 14 en los TIMSS de matemáticas de 1999 y en el 8 en los TIMSS de 2011. -Finlandia no participó en los TIMSS de 2003 ni de 2007.
domingo, 3 de abril de 2016
Con un gemido
Creer en tiempos revueltos
miércoles, 30 de marzo de 2016
Un rito iniciático
lunes, 28 de marzo de 2016
lunes, 21 de marzo de 2016
Cuatro notas políticas
2- Probablemente, algún miembro sensato del PSOE estará explicándole a Pedro Sánchez por qué el Primer Ministro de un país que debate a cada momento el monto y condiciones de su rescate con, entre otros, España, no está en condiciones de entrometerse en la política interna de esos países.
3- Albert Rivera debería desconfiar de las encuestas. Como se ha demostrado una vez tras otra, todas mienten.
4- Los militantes de Podemos se habrán sentido bastante estúpidos al leer la carta que su líder les dirige, rematada en estos términos: "os quiero". Lo cual, en otras palabras, es decirles: "os exijo que me queráis". ≈
lunes, 7 de marzo de 2016
Cándido en el siglo XXI
miércoles, 2 de marzo de 2016
El mito del votante escarmentado
El segundo sirve cuando un político cree su obligación hacer promesas a tontas y a locas: entonces la obligación del votante es no creerle. ≈
martes, 1 de marzo de 2016
La tumba de la inteligencia
No es sólo cuestión de anonimato. En las redes sociales, y especialmente en Twitter, se tiende a emitir mensajes espontáneos y poco meditados, así como a premiar las expresiones breves y presuntamente divertidas; el resultado puede ser la polarización, la falta de matices y un efecto acumulativo y concentrado que puede ser devastador para el objeto de la atención de la manada. Tal vez quien responde con una gracia de ciento cuarenta caracteres a una metedura de pata o a una expresión risible crea que no causa un daño palpable; ¿podría asegurar lo mismo cuando su mensaje es uno más entre doscientos de parecido tenor?
Twitter no fue creado para ofender a nadie. Según nos cuentan, se hizo como medio para comunicarse con amigos y seguidores con mensajes personales, superficiales e inmediatos: su naturaleza era la intrascendencia. Pero los instrumentos acaban sirviendo para fines imprevistos, no siempre los más adecuados. Si bien puede ser útil que los usuarios twitteen enlaces a noticias interesantes, no parece que podamos esperar gran cosa de, digamos, opiniones políticas que quepan en un formato tan ceñido. Con frecuencia, usos como éstos resultan en las pataletas y las agresiones verbales a las que nos estamos acostumbrando.
No siempre las víctimas de los desaprensivos «se lo buscan»: a Guillermo Zapata le pareció divertido divulgar chistes en los que vejaba de un solo golpe a Irene Villa y a las víctimas de los asesinatos de Alcàsser. Como es natural, le sacaron los colores en el momento menos conveniente, cuando iba a convertirse en el concejal Zapata. Curiosamente, su partido considera que un sujeto así puede ocupar un cargo público. Y el juez Santiago Pedraz, después de que la interesada afirmara no sentirse agraviada por esos chistes, dictaminó que no cabía penar ofensa alguna.
A este respecto, Irene Villa dice lo siguiente:
Uno es escéptico respecto a Twitter. Como medio de comunicación, es perfecto para aburrir a los seguidores con selfies insustanciales y fotos de las tapas que se van a ingerir. Fuera de esto, cuando se pretende usar como canal para expresiones más trascendentes, degenera rápidamente en lo que Cayetana Álvarez de Toledo llamó memorablemente «un vertedero, la tumba de la inteligencia». Lo cual, dicho sea de paso, es un tweet paradigmático. ≈
viernes, 26 de febrero de 2016
Una cita
miércoles, 24 de febrero de 2016
Cerebros a la fuga, cerebros en busca y captura
Como suele suceder con todos los argumentos patrióticos, son dos falacias. No veo cómo ha de ser más productivo un ingeniero en paro viviendo en su país que uno trabajando en Alemania. El primero derrocha sus conocimientos, su tiempo y su ánimo en subempleos o languideciendo a costa de su familia. El segundo pone estos mismos elementos al servicio de una actividad productiva, adquiere experiencia profesional y refina sus condiciones para ser un agente económico útil. Como esto es evidente incluso para los que protestan por la fuga de cerebros, la respuesta que cabe esperar de ellos es que la administración debe «estimular» a la economía. No lo dicen con claridad, pero hablan de empresas públicas, de empleo público, de subvenciones y de protección a las empresas nacionales. En otras palabras, transferir artificialmente recursos desde los sectores provechosos hacia otros cuya productividad está en entredicho por depender, al menos en parte, de incentivos ajenos a la utilidad de los consumidores*.
Sobre el segundo argumento ha de hacerse una aclaración. El hecho de que el estado provea de algo a un individuo significa que ese algo deja de ser un bien público. Un titulado español de cualquiera de nuestras universidades públicas no ha contraído una deuda moral; su formación se ha convertido en una posesión suya o, mejor dicho, en una característica personal. Pensar de otra manera está a un solo paso de dar una limosna al pobre con la ridícula admonición: «no se lo gaste en vino»; implica que el estado no sólo debe responsabilizarse de proveer de un servicio, sino también del uso que los particulares hacen del mismo. Y si no podemos prohibir a nuestro ingeniero que emigre —eso sería violar sus libertades—, sólo nos queda encarar limpiamente el enfrentamiento entre lo público de la «inversión» y lo privado del rendimiento que procura. Si este enfrentamiento es considerado como una paradoja, sólo queda conformarse o abogar por las políticas de estímulo que he criticado antes. En cambio, si lo enjuiciamos como una contradicción, impugnamos una de las bases conceptuales de la educación pública y facilitamos un argumento a favor de la privatización del servicio.
lunes, 22 de febrero de 2016
Los verdaderos beneficiarios del cambio climático
Atenta a este contexto tan favorable, la prensa oficial de Zimbabue publica editoriales en los que solicita la donación de hasta un 11% de su Producto Interior Bruto para combatir y aliviar los efectos de las sequías que están sometiendo a una cruel hambruna a la población; estas sequías se entienden como resultados ya patentes del cambio climático. Para Tupy, deberíamos tomarnos esto como una amenaza y advertir que Robert Mugabe, el tirano que gobierna Zimbabue desde hace treinta y seis años, sabe que
Con todo esto, me pregunto si el debate acerca de la naturaleza y gravedad del cambio climático, tan atravesado hoy en día por la propaganda, acabará por resolverse mediante la pura confrontación de intereses entre donantes y beneficiarios. Si a fin de cuentas la oposición de incentivos no será más racional que el choque de eslóganes. ≈
miércoles, 17 de febrero de 2016
El proteccionismo en Castilla y León
Adam Smith explicó que los empresarios, con el fin de solicitar protección pública, tienden a hacer pasar su propio interés como si fuera el interés público. En la sociedad de masas y de la opinión pública, este hábito se ha extendido a todos los agentes económicos en tanto sean tan numerosos que tengan suficiente capacidad de presión o de ejercer la violencia y la coacción impunemente. En consecuencia, no son empresarios mineros los que queman neumáticos y ponen barricadas en las autovías, ni es el presidente del Grupo Renault el que amenaza con las catastróficas consecuencias sociales y económicas que seguirían a la desaparición de FASA en Valladolid o Palencia; tampoco los grandes latifundistas son los que paralizan el tráfico con tractoradas. Por mucho que los capitalistas sean beneficiarios de esas protestas, son los trabajadores y los pequeños propietarios quienes las ejecutan con entusiasmo; quienes han logrado unas condiciones comparativamente ventajosas respecto de los trabajadores sobre cuyas espaldas recaen los impuestos efectivos, que cargan la producción de riqueza mediante actividades económicas viables. Se trata del clásico mecanismo, descrito por Milton Friedman, mediante el que un beneficio concentrado para unos pocos supone una carga casi inapreciable para la mayoría que lo tolera.
Cosa extraña, gran parte del público general apoya este tipo de medidas proteccionistas, y las defiende con apelaciones a la dureza del trabajo en la mina, al temor al colapso económico en una región determinada o a la importancia de que los pueblos sigan poblados por esos románticos crepusculares, los trabajadores del campo. Admiten al parecer sofismas económicos y métodos de presión con frecuencia inaceptables. Según creo, es el mismo público que protesta por la tarifa eléctrica y el escándalo continuado de las prejubilaciones; el mismo cuyo contacto con el agro se limita a los dos fines de semana anuales que pasa en una casa rural. El mismo, por cierto, que en su vida particular busca un equilibrio ventajoso entre calidad y precio, con toda lógica, sin preguntarse de dónde vienen los productos que adquiere en el bazar chino.
Naturalmente. En las relaciones económicas en que participamos por propia voluntad, sin que las decisiones estén distorsionadas por la intervención del poder público, el criterio fundamental es el de la eficiencia; es muy raro que se entre a juzgar la justicia —suponiendo que se pueda— de una transacción. El comportamiento económico que refrendamos a diario con nuestros actos no permite, sin contradicción, excluir de esa lógica a determinadas actividades y admitir así a costa de nuestro propio bienestar la formación de una casta protegida de trabajadores de grandes empresas, bancos o «sectores estratégicos». Por lo que sé, esa gravosa desigualdad no ha provocado de momento ninguna queja en firme.
Además de Smith y Friedman, muchos otros (Bastiat, Hazlitt) se han extendido largamente y con buen criterio contra este tipo de proteccionismo. Cualquiera que se proponga estatuir el privilegio de un determinado sector debería enfrentarse al menos una vez a esa obra maestra del panfleto que es Lo que se ve y lo que no se ve. De momento, señalemos cómo estas medidas contribuyen al estancamiento económico de Castilla y León al desencadenar lo que se conoce como tragedia de los comunes: los intereses individuales puestos en juego de manera que perjudican el interés colectivo y provocan una asignación ineficiente de los recursos generales —o los agotan—. Para quienes confiamos en los órdenes espontáneos, es un nuevo ejemplo de cómo las decisiones injustas nos conducen a la pobreza. ≈
martes, 16 de febrero de 2016
Voltaire contra Pascal
Y añade algo más. Si hemos de creer al jansenista Pascal, el camino de la salvación está cerrado para la gran mayoría. El jansenismo, como buena doctrina de la predestinación, prometía la salvación a un número ridículamente pequeño de elegidos («un bonheur infini, auquel, d'un million d'hommes, à peine un seul a droit d'aspirer»). Así las cosas, ¿qué interés tengo en creerle?, le pregunta Voltaire. «No me hable de juego de azar, de apuesta o de jugar a cara o cruz en tanto me atemoriza con las espinas que siembra en el camino que quiero y debo seguir. Su razonamiento no serviría más que para hacer ateos, si no fuera porque la voz de la naturaleza entera nos grita que hay un Dios con tanta fuerza como debilidad tienen semejantes sutilezas».
Voltaire apunta, si bien no termina de exponer, otro defecto mayor de la apuesta. Lejos de ser inocuo o benevolente, el dios de Pascal es exigente, temible; aboca a sus creyentes a un rigorismo moral a cuya altura no pueden sublimarse muchos espíritus. La apuesta de Pascal es muy cara y asimétrica. Si se acierta apostando por la existencia de Dios, se gana una ínfima probabilidad de una eternidad de dicha; si se falla, se obtiene el absoluto vacío como recompensa de una vida de privaciones y, lo que es peor, de la renuncia de las propias convicciones.
Bien pensado, esta discusión es muy poca cosa: otra escaramuza en la guerra de la individualidad contra sus enemigos.
Adenda
Todo se ha dicho ya alguna vez, y con palabras mejor escogidas que las que uno puede llegar a usar. Gracias a este artículo de la Wikipedia aprendo que un tal Hans Jonas objetó a Pascal de la siguiente manera:






