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viernes, 7 de marzo de 2008
miércoles, 13 de febrero de 2008
Mikel Buesa en el Ateneo de Ourense: “Las organizaciones terroristas saben que no pueden vencer al Estado; lo que procuran es su desistimiento”
Con el título Terrorismo: ¿negociar o derrotar a ETA? Mikel Buesa continuó el pasado lunes 11 el ciclo de conferencias organizadas por UPyD en Ourense. Para Buesa, ETA ha seguido con todo éxito durante la negociación la consigna maoísta de “conservar sus propias fuerzas y desgastar las del adversario”, es decir, las del Estado.
El ponente, Catedrático de Economía de la Universidad Complutense y candidato por UPyD al Congreso, consideró durante su exposición la política antiterrorista durante la última legislatura y sus resultados. Comenzó por describir el estado de la lucha contra ETA antes de las elecciones generales de 2004. “En el segundo semestre de 2003 no hubo ningún atentado con resultado de muerte”, apuntó, lo cual no se debía a negociación alguna, sino a la incapacidad a la que se veían abocados los terroristas gracias a una gestión fundada en el pacto entonces existente entre el PSOE y el PP. Esta política se concretó en una mayor eficacia policial, en la colaboración internacional dentro de una coyuntura de sensibilización por los atentados del 11 de septiembre de 2001 y en las modificaciones penales que combatieron el terrorismo callejero y que condujeron a la declaración de la ilegalidad de Batasuna en 2002. Esta ilegalización supuso “el desplome de la adhesión política a ETA”, que se redujo de un 10 a apenas un 2 por ciento. “ETA se encontraba en el borde de su derrota”, afirmó Buesa.
Las razones de una negociación política
Pasó entonces a examinar la actitud del Gobierno de Zapatero respecto al terrorismo, orientada hacia la negociación desde su llegada al poder. Buesa propuso tres motivos hipotéticos que explicarían la adopción de esta nueva postura. La primera de ellas sería la influencia de intelectuales cercanos al Presidente como el politólogo Ignacio Sánchez Cuenca, autor de ETA contra el Estado, quien propone, basándose en principios de la teoría de juegos, la concesión de objetivos políticos a la banda terrorista como estrategia eficaz para el fin de la violencia. La concepción de este profesor “explica a Zapatero un terrorismo nacionalista que hasta entonces no sabía afrontar”, e influye notablemente a miembros prominentes del PSE como Jesús Eguiguren.
Pasó entonces a examinar la actitud del Gobierno de Zapatero respecto al terrorismo, orientada hacia la negociación desde su llegada al poder. Buesa propuso tres motivos hipotéticos que explicarían la adopción de esta nueva postura. La primera de ellas sería la influencia de intelectuales cercanos al Presidente como el politólogo Ignacio Sánchez Cuenca, autor de ETA contra el Estado, quien propone, basándose en principios de la teoría de juegos, la concesión de objetivos políticos a la banda terrorista como estrategia eficaz para el fin de la violencia. La concepción de este profesor “explica a Zapatero un terrorismo nacionalista que hasta entonces no sabía afrontar”, e influye notablemente a miembros prominentes del PSE como Jesús Eguiguren.
La segunda razón consistiría en la presión a la que el Presidente del Gobierno se vio sometido al gobernar en minoría. Sus pactos con grupos como PNV, EA, IU o ERC, para los que Batasuna y ETA ya se habían convertido en interlocutores, supusieron también “un aval” para la nueva política propuesta por Zapatero.
Por último, Buesa atribuyó al PSOE la convicción de que su acceso al poder en 2004 no fue completamente legítimo, lo que le llevaría a procurar tal legitimidad siguiendo un rumbo completamente dispar respecto de las políticas llevadas a cabo durante los gobiernos del PP.
Resultados de la negociación
El ponente realizó una valoración de los resultados de la negociación. A pesar de la declaración aprobada en mayo de 2005 permitiendo los contactos con ETA en ausencia de violencia, nunca se realizó una verificación pública de la renuncia a los métodos terroristas. Desde el comienzo de la negociación se han contabilizado 15 oleadas de cartas de extorsión, 800 actos de terrorismo callejero que han terminado con una víctima mortal, 37 heridos y siete millones de euros de pérdidas materiales; mayo de 2007 fue el mes de mayor violencia, provocando la renuncia de cargos electos de unos veinte ayuntamientos y permitiendo así el acceso de ANV a alcaldías para las que no había conseguido votos suficientes.
El ponente realizó una valoración de los resultados de la negociación. A pesar de la declaración aprobada en mayo de 2005 permitiendo los contactos con ETA en ausencia de violencia, nunca se realizó una verificación pública de la renuncia a los métodos terroristas. Desde el comienzo de la negociación se han contabilizado 15 oleadas de cartas de extorsión, 800 actos de terrorismo callejero que han terminado con una víctima mortal, 37 heridos y siete millones de euros de pérdidas materiales; mayo de 2007 fue el mes de mayor violencia, provocando la renuncia de cargos electos de unos veinte ayuntamientos y permitiendo así el acceso de ANV a alcaldías para las que no había conseguido votos suficientes.
Y es que mientras la violencia y la extorsión continuaban, el Gobierno seguía contactando con el mundo abertzale y concediendo, en el ámbito político, la presentación del PCTV a las elecciones autonómicas vascas —tras las cuales apoyó la investidura de Ibarretxe— y de ANV a las elecciones municipales, en las que consiguieron 44 alcaldías. Se estima que hasta siete millones se han desviado de las alcaldías para sostener el entramado terrorista.
En definitiva, “lejos de desaparecer la violencia, ésta siguió un ciclo ascendente” con el fin de desgastar al gobierno mientras la negociación continuaba. “Las organizaciones terroristas”, concluyó Buesa, “saben que no pueden vencer al Estado; lo que procuran es su desistimiento”.
Las víctimas del terrorismo
Mikel Buesa denunció también la ruptura de la homogeneidad de trato por parte de los fiscales —dependientes del Gobierno— hacia las víctimas del terrorismo. En esta legislatura, siempre a instancias de las fiscalías, se ha fijado la mayor indemnización por un atentado para un diputado socialista (tres millones de euros para Eduardo Madina, quien perdió una pierna en un atentado) mientras que en el juicio por los atentados de marzo de 2004 en Madrid las víctimas que sufrieron secuelas físicas de mayor gravedad han recibido un millón y medio de euros.
Mikel Buesa denunció también la ruptura de la homogeneidad de trato por parte de los fiscales —dependientes del Gobierno— hacia las víctimas del terrorismo. En esta legislatura, siempre a instancias de las fiscalías, se ha fijado la mayor indemnización por un atentado para un diputado socialista (tres millones de euros para Eduardo Madina, quien perdió una pierna en un atentado) mientras que en el juicio por los atentados de marzo de 2004 en Madrid las víctimas que sufrieron secuelas físicas de mayor gravedad han recibido un millón y medio de euros.
En conclusión, se ha deshecho la acción unitaria frente a ETA y se ha tratado de asuntos políticos con los terroristas (como la independencia del País Vasco o la anexión de Navarra a aquél). A nadie ha convencido la política del Gobierno, cuyos representantes ofrecen indicios recurrentes de su voluntad de retomar el proceso en el futuro y en parecidos términos.
A pesar de lo expuesto durante la conferencia, Buesa quiso cerrar su alocución con una nota esperanzadora: “ETA está bastante debilitada”.
lunes, 14 de enero de 2008
Todos contra Paulino Cubero
Estimado Paulino: te tienes a sí mismo por "un perdedor". Es demasiado fácil y bastante falso suponer que ahora vives un momento de gloria. Tu propuesta de letra para el himno nacional ha sido la escogida por el COE, pero de inmediato se han abalanzado sobre ella las bandadas de esos cínicos que tanto abundan por aquí. Mirando de través tus palabras, con las cejas arqueadas y la boca torcida para afectar indiferencia, se han apresurado a dictaminar: "qué malo", "a mí no me gusta", "menuda mierda". Después se han ido a seguir improvisando opiniones, tanto más meritorias por cuanto nunca las justifican, por otros lugares.
Han elegido tus versos, Paulino, pero no te arriendo la ganancia. Por eso te confío solemnemente toda mi solidaridad y te deseo toda la paciencia del mundo, que buena falta te va a hacer.
Han elegido tus versos, Paulino, pero no te arriendo la ganancia. Por eso te confío solemnemente toda mi solidaridad y te deseo toda la paciencia del mundo, que buena falta te va a hacer.
miércoles, 5 de diciembre de 2007
Culpas y responsabilidades
lunes, 22 de octubre de 2007
Así se las ponían a Carod-Rovira
Pues la lección fue inolvidable, pero errónea. Se la debemos a los dos aguerridos ciudadanos de Valladolid que embistieron a Carod-Rovira como si se tratase de la encarnación del mal absoluto. Ambos intentaron ganar al independentista en su terreno, el de las convicciones y unas artimañas retóricas benignas de puro catetas. Llamarle José Luis fue una bobada de la que el hábil político sacó muy buen partido. Primero, con una reacción algo desproporcionada que le dejó a la par del polemista y anónimo ciudadano. Segundo, obteniendo de una señora el, ejem, aserto según el cual ella no tenía “ningún interés en aprender catalán”. Como si a estas alturas no supiéramos que los nacionalistas (perdón, independentistas) son expertos usuarios de la maquinita del victimismo: así nos tratan los de Valladolid, no nos comprenden ni se interesan por lo nuestro, su concepto de España es el de un estado con un solo idioma, etcétera. Pues no. Esos dos ejemplares de pucelano no representan a todos los pucelanos, ni a los castellanos, ni a los españolistas ni a nadie salvo a sí mismos. Y ese fue precisamente el punto más olvidado en la de por sí olvidable emisión de Tengo una pregunta para usted.
Josep-Lluís Carod-Rovira se enfrentó a unas preguntas muchas veces formuladas en un tono poco amable o incluso hostil, pero que no atendían al verdadero meollo —y enigma— de su nacionalismo identitario. Él se demostró demócrata y respetuoso de lo que pueda señalar la consulta sobre la independencia que él propone; lo demás fue llevar a término la típica profecía que se cumple a sí misma (bien dicho, mujer-pez): después de haber sido muy antipático con España cosecha la antipatía de los demás y la expone como la razón última de su desafección hacia España. ¿Por qué se le preguntó sobre su respeto al resultado de un referéndum de anexión a Cataluña en la Comunidad Valenciana? Naturalmente va a respetarlo, en primer lugar porque no le queda otro remedio. ¿Son ésas las agudas preguntas de la ciudadanía anónima?
No, no se debe reñir a Carod-Rovira porque piense lo que piensa, ni porque aliente una unión de “los Países Catalanes”. Se le debe indicar, y a ser posible con todo respeto, que se reconoce y estima cada una de las lenguas que existen y se usan en España, y que es lo más natural del mundo que quien quiera trabajar en Cataluña deba saber catalán; que sabemos que es un político sometido a las urnas, claro que sí, y que usa de su capacidad de influencia en la medida en que el sistema parlamentario se lo permite, faltaría más. Pero se le puede hacer escuchar lo que cada uno piense en torno a la relación entre Cataluña y el resto de España: en opinión de mucha gente no del todo desinformada, Cataluña ha sido secularmente beneficiada en su desarrollo económico por el Estado; el castellano no sólo ha sido un idioma de imposición, sino también adoptado por la sociedad catalana porque ha sido de gran utilidad para sus hablantes; basarse en supuestos y discutibles agravios históricos para fundamentar una idea nacional es una trampa que echa el lazo a las emociones con objetivos más oportunistas que racionales; un estado más grande garantiza mejor la defensa del bienestar, los derechos y las libertades de sus ciudadanos (y si no, véase el caso del País Vasco). Y se le pueden hacer preguntas muy democráticas: ¿Qué opina de que el Conseller Vendrell encarezca a Terra Lliure porque ayudó a “despertar conciencias”? ¿Es cierto que se penaliza a los comercios que no rotulan en catalán? ¿Eso incluye a las franquicias de Burger King? ¿Es cierto que el castellano ya no se usa como lengua vehicular en ningún centro educativo público? ¿No es cierto que su partido cultiva un rechazo a España no solamente achacable a la desconsideración de los vallisoletanos españolistas? Por ejemplo, ¿no es cierto que el único boicot promovido por un político ha sido el dirigido precisamente por Carod-Rovira contra la candidatura madrileña a los Juegos Olímpicos? ¿De verdad hemos de creernos que en sus dos reuniones con ETA —una de ellas desempeñando ya una importante responsabilidad institucional— se limitó a decirles que debían abandonar las armas? ¿No bastaba para eso una declaración pública, una llamada o una carta? ¿Qué opina de la escasísima participación en la consulta acerca de la modificación del Estatuto catalán?
Y se puede añadir: no, hombre, no; piense usted lo que le dé la gana, pero no me hable en nombre de Cataluña.
Josep-Lluís Carod-Rovira se enfrentó a unas preguntas muchas veces formuladas en un tono poco amable o incluso hostil, pero que no atendían al verdadero meollo —y enigma— de su nacionalismo identitario. Él se demostró demócrata y respetuoso de lo que pueda señalar la consulta sobre la independencia que él propone; lo demás fue llevar a término la típica profecía que se cumple a sí misma (bien dicho, mujer-pez): después de haber sido muy antipático con España cosecha la antipatía de los demás y la expone como la razón última de su desafección hacia España. ¿Por qué se le preguntó sobre su respeto al resultado de un referéndum de anexión a Cataluña en la Comunidad Valenciana? Naturalmente va a respetarlo, en primer lugar porque no le queda otro remedio. ¿Son ésas las agudas preguntas de la ciudadanía anónima?
No, no se debe reñir a Carod-Rovira porque piense lo que piensa, ni porque aliente una unión de “los Países Catalanes”. Se le debe indicar, y a ser posible con todo respeto, que se reconoce y estima cada una de las lenguas que existen y se usan en España, y que es lo más natural del mundo que quien quiera trabajar en Cataluña deba saber catalán; que sabemos que es un político sometido a las urnas, claro que sí, y que usa de su capacidad de influencia en la medida en que el sistema parlamentario se lo permite, faltaría más. Pero se le puede hacer escuchar lo que cada uno piense en torno a la relación entre Cataluña y el resto de España: en opinión de mucha gente no del todo desinformada, Cataluña ha sido secularmente beneficiada en su desarrollo económico por el Estado; el castellano no sólo ha sido un idioma de imposición, sino también adoptado por la sociedad catalana porque ha sido de gran utilidad para sus hablantes; basarse en supuestos y discutibles agravios históricos para fundamentar una idea nacional es una trampa que echa el lazo a las emociones con objetivos más oportunistas que racionales; un estado más grande garantiza mejor la defensa del bienestar, los derechos y las libertades de sus ciudadanos (y si no, véase el caso del País Vasco). Y se le pueden hacer preguntas muy democráticas: ¿Qué opina de que el Conseller Vendrell encarezca a Terra Lliure porque ayudó a “despertar conciencias”? ¿Es cierto que se penaliza a los comercios que no rotulan en catalán? ¿Eso incluye a las franquicias de Burger King? ¿Es cierto que el castellano ya no se usa como lengua vehicular en ningún centro educativo público? ¿No es cierto que su partido cultiva un rechazo a España no solamente achacable a la desconsideración de los vallisoletanos españolistas? Por ejemplo, ¿no es cierto que el único boicot promovido por un político ha sido el dirigido precisamente por Carod-Rovira contra la candidatura madrileña a los Juegos Olímpicos? ¿De verdad hemos de creernos que en sus dos reuniones con ETA —una de ellas desempeñando ya una importante responsabilidad institucional— se limitó a decirles que debían abandonar las armas? ¿No bastaba para eso una declaración pública, una llamada o una carta? ¿Qué opina de la escasísima participación en la consulta acerca de la modificación del Estatuto catalán?
Y se puede añadir: no, hombre, no; piense usted lo que le dé la gana, pero no me hable en nombre de Cataluña.
sábado, 20 de octubre de 2007
Todos nacionalistas
No sé qué es más censurable en el spot de la Vicepresidencia de la Xunta sobre las galescolas: la imagen en sepia de un antipático señorote que prohíbe a los niños hablar en gallego; el uso de los retoños que cultivan el jardín del futuro, eso sí, en color; la ringlera de cativos alternando —sustituyendo— la palabra “libertad” por “liberdade”…
Para los gobernantes del Bloque es preciso impugnar el uso del castellano en Galicia mediante una acusación directa: se trata de un idioma que se introdujo como resultado de una imposición. Esto se puede discutir de varias maneras. Por ejemplo, planteándonos si así se describe efectivamente una verdad histórica. Cierto es que la lengua gallega siempre permaneció fuera de las escuelas y de las instituciones oficiales; pero también lo es que entre los propios gallegos ha cundido durante decenios la idea despectiva de que el vernáculo era el idioma de lo rural y analfabeto mientras el castellano representaba a la urbe y la cultura. Ese prejuicio hacia el idioma, creo, no es atribuible a la pérfida España, ni al tiránico (y ferrolano) Franco, ni a los Reyes Católicos… Es más bien culpa de los mismos que lo alimentaron al ridiculizar a sus hablantes y al decidir ignorarlo.
Además, se puede plantear una pregunta muy osada: y si el castellano ha sido impuesto durante siglos —insisto en que me parece muy discutible—, ¿cuál es el problema? Los acontecimientos históricos abundan en crímenes, invasiones, conquistas y catástrofes, y todas las personalidades, aun las aparentemente más benignas, han sido objeto de debates historiográficos acerbos y a menudo superficiales sobre su significado y valor. Que sean más o menos simpáticos, mejores o peores, que arruinasen o enriqueciesen a la sociedad que lideraron, son opiniones un tanto desvaídas sobre unos hechos que forman inevitablemente parte de nuestro equipaje o, por decirlo a la manera cursi, de nuestro patrimonio histórico. Vacunémonos con Borges:
Como los drusos, como la luna, como la muerte, como la semana que viene, el pasado remoto es de aquellas cosas que puede enriquecer la ignorancia -que se alimentan sobre todo de la ignorancia. Es infinitamente plástico y agradable, mucho más servicial que el porvenir y mucho menos exigente de esfuerzos. Es la estación famosa y predilecta de las mitologías
El castellano, impuesto o no, es hoy en día tan autóctono como el gallego. Ambos son lenguas romances, y la Roma imperial no se distinguía precisamente por pedir permiso para ocupar territorios… Para los nacionalistas la historia será interpretable como la incesante lucha de un pueblo contra el opresor español o castellano o qué sé yo. Para mí, atribuir significados e intenciones a hechos y personas pasados desde los intereses actuales es manipular aquello que sólo debería estar en manos de historiadores especialmente conscientes del deber de ahorrarse valoraciones sobre su materia. Es, en suma, crear mitologías.
En el terreno político los niños simbolizan la inocencia y el ciudadano del futuro. Y el Bloque no nos da gato por liebre, sino gato por gato, cuando se manifiesta un tanto indirectamente a favor de instruir lingüísticamente a los futuros gallegos mediante medidas sustantivas etiquetables sin miedo a exagerar como “ingeniería de almas”. ¿Podríamos fiarnos de que en este caso la enseñanza en gallego va a ser independiente de una sobrecarga ideológica de tinte nacionalista? ¿Qué se enseñará acerca de Galicia? ¿Y sobre España? Distinguiré a toda velocidad entre instrucción y adoctrinamiento: la primera trata sobre hechos demostrables y la segunda sobre constructos ideológicos; así, cuando se explique a las criaturas que “Galiza é unha nazón” se caerá en el adoctrinamiento y no en la instrucción, dado que ese estatus de nación está radicalmente en entredicho, es objeto de opinión. Y la pregunta más incómoda: ¿qué distingue en las galescolas a la formación de la imposición? Cuando Anxo Quintana habla para los medios españoles elude sin problemas estas cuestiones; cuando hace una declaración para sus adeptos, en cambio, no deja de recurrir al victimismo y al tradicional asoballamento del pueblo gallego. Esta diversidad de discursos es como para desconfiar, la verdad.
Al final del anuncio, los niños empiezan sosteniendo las letras que componen la palabra LIBERTAD. Un par de pases mágicos y… ¡voilà! Pasa a ser LIBERDADE. La escena está hábilmente trazada para que el rechazo al castellano no sea evidente aunque quede implícito. A falta de un análisis semiológico más competente, el paso del inicial castellano al gallego resultante no me parece inocente. Dicho de otra manera, ¿por qué no se opta por simultanear las dos palabras en un escenario bilingüe?
Trataré de explicarme con claridad. El gallego es una lengua viva y en buen uso, y por lo tanto debe ser respetada y representada adecuadamente en las instituciones y en los centros de formación. Es la creación de las galescolas, o la imposición —ahora sí— de unas cuotas de materias a impartir en uno de los dos idiomas lo que genera un nuevo y eludible problema. En el ámbito de la educación pública el profesor podía escoger con naturalidad el idioma en que impartía sus clases; la consellería ahora lo decide por él, y con ello nos incita a todos a debatir cuáles son las cuotas más adecuadas. Desconfían del creciente uso del gallego por parte precisamente de los jóvenes más instruidos y prefieren dictar leyes sustantivas —las más peligrosas, las que se deben tratar con más tacto o sencillamente evitar— para precipitar un proceso natural y para caer una vez más en la típica hipóstasis esencialista de convertir un instrumento, el idioma, en un símbolo.
Lo que más me disgusta del nacionalismo, sea el del Bloque o cualquier otro, no es su inclinación a abusar de la propaganda agresiva y falaz, sino su insistencia en hacer brotar de la casi nada problemas y debates, por qué no decirlo, improcedentes, y que esos debates se nos hayan impuesto con tanto éxito. Nos hacen adoptar una y otra vez un lenguaje que sólo les beneficia a ellos: la deuda histórica, la víctima, el enfrentamiento con la potencia exterior, la nación por encima de todo. Olvidan siempre que los impuestos no los pagan los territorios, sino los ciudadanos. Se preocupan mucho por Galiza y poco por el futuro de los gallegos, mucho por la lengua gallega y poco por los galegofalantes. Nos obligan a entrar en el juego de preguntarnos “¿qué territorio recibe partidas presupuestarias más jugosas?”. Hacen creer que el interés de los ciudadanos se ha de confundir o subordinar al de una entidad más abstracta que trascendental como es Galicia. Nos convierten, en fin, a todos en nacionalistas.
Tampoco es para extrañarse: los gobiernos de Fraga ya se habían deslizado sin complejos por la senda de un galleguismo populista, y el fláccido socialismo actual no parece encontrarse en disposición de cambiar los términos del debate. Pero somos muchos —creo no equivocarme— quienes estamos hartos de la política tal como se viene entendiendo en los últimos años y queremos otra cosa. Para regenerar la democracia necesitamos crear un lenguaje nuevo, y algunos ya nos afanamos en ello. Si se les ha despertado la curiosidad, no tienen más que entrar en http://www.upyd.es/ para considerar lo que se allí se propone.
Para los gobernantes del Bloque es preciso impugnar el uso del castellano en Galicia mediante una acusación directa: se trata de un idioma que se introdujo como resultado de una imposición. Esto se puede discutir de varias maneras. Por ejemplo, planteándonos si así se describe efectivamente una verdad histórica. Cierto es que la lengua gallega siempre permaneció fuera de las escuelas y de las instituciones oficiales; pero también lo es que entre los propios gallegos ha cundido durante decenios la idea despectiva de que el vernáculo era el idioma de lo rural y analfabeto mientras el castellano representaba a la urbe y la cultura. Ese prejuicio hacia el idioma, creo, no es atribuible a la pérfida España, ni al tiránico (y ferrolano) Franco, ni a los Reyes Católicos… Es más bien culpa de los mismos que lo alimentaron al ridiculizar a sus hablantes y al decidir ignorarlo.
Además, se puede plantear una pregunta muy osada: y si el castellano ha sido impuesto durante siglos —insisto en que me parece muy discutible—, ¿cuál es el problema? Los acontecimientos históricos abundan en crímenes, invasiones, conquistas y catástrofes, y todas las personalidades, aun las aparentemente más benignas, han sido objeto de debates historiográficos acerbos y a menudo superficiales sobre su significado y valor. Que sean más o menos simpáticos, mejores o peores, que arruinasen o enriqueciesen a la sociedad que lideraron, son opiniones un tanto desvaídas sobre unos hechos que forman inevitablemente parte de nuestro equipaje o, por decirlo a la manera cursi, de nuestro patrimonio histórico. Vacunémonos con Borges:
Como los drusos, como la luna, como la muerte, como la semana que viene, el pasado remoto es de aquellas cosas que puede enriquecer la ignorancia -que se alimentan sobre todo de la ignorancia. Es infinitamente plástico y agradable, mucho más servicial que el porvenir y mucho menos exigente de esfuerzos. Es la estación famosa y predilecta de las mitologías
El castellano, impuesto o no, es hoy en día tan autóctono como el gallego. Ambos son lenguas romances, y la Roma imperial no se distinguía precisamente por pedir permiso para ocupar territorios… Para los nacionalistas la historia será interpretable como la incesante lucha de un pueblo contra el opresor español o castellano o qué sé yo. Para mí, atribuir significados e intenciones a hechos y personas pasados desde los intereses actuales es manipular aquello que sólo debería estar en manos de historiadores especialmente conscientes del deber de ahorrarse valoraciones sobre su materia. Es, en suma, crear mitologías.
En el terreno político los niños simbolizan la inocencia y el ciudadano del futuro. Y el Bloque no nos da gato por liebre, sino gato por gato, cuando se manifiesta un tanto indirectamente a favor de instruir lingüísticamente a los futuros gallegos mediante medidas sustantivas etiquetables sin miedo a exagerar como “ingeniería de almas”. ¿Podríamos fiarnos de que en este caso la enseñanza en gallego va a ser independiente de una sobrecarga ideológica de tinte nacionalista? ¿Qué se enseñará acerca de Galicia? ¿Y sobre España? Distinguiré a toda velocidad entre instrucción y adoctrinamiento: la primera trata sobre hechos demostrables y la segunda sobre constructos ideológicos; así, cuando se explique a las criaturas que “Galiza é unha nazón” se caerá en el adoctrinamiento y no en la instrucción, dado que ese estatus de nación está radicalmente en entredicho, es objeto de opinión. Y la pregunta más incómoda: ¿qué distingue en las galescolas a la formación de la imposición? Cuando Anxo Quintana habla para los medios españoles elude sin problemas estas cuestiones; cuando hace una declaración para sus adeptos, en cambio, no deja de recurrir al victimismo y al tradicional asoballamento del pueblo gallego. Esta diversidad de discursos es como para desconfiar, la verdad.
Al final del anuncio, los niños empiezan sosteniendo las letras que componen la palabra LIBERTAD. Un par de pases mágicos y… ¡voilà! Pasa a ser LIBERDADE. La escena está hábilmente trazada para que el rechazo al castellano no sea evidente aunque quede implícito. A falta de un análisis semiológico más competente, el paso del inicial castellano al gallego resultante no me parece inocente. Dicho de otra manera, ¿por qué no se opta por simultanear las dos palabras en un escenario bilingüe?
Trataré de explicarme con claridad. El gallego es una lengua viva y en buen uso, y por lo tanto debe ser respetada y representada adecuadamente en las instituciones y en los centros de formación. Es la creación de las galescolas, o la imposición —ahora sí— de unas cuotas de materias a impartir en uno de los dos idiomas lo que genera un nuevo y eludible problema. En el ámbito de la educación pública el profesor podía escoger con naturalidad el idioma en que impartía sus clases; la consellería ahora lo decide por él, y con ello nos incita a todos a debatir cuáles son las cuotas más adecuadas. Desconfían del creciente uso del gallego por parte precisamente de los jóvenes más instruidos y prefieren dictar leyes sustantivas —las más peligrosas, las que se deben tratar con más tacto o sencillamente evitar— para precipitar un proceso natural y para caer una vez más en la típica hipóstasis esencialista de convertir un instrumento, el idioma, en un símbolo.
Lo que más me disgusta del nacionalismo, sea el del Bloque o cualquier otro, no es su inclinación a abusar de la propaganda agresiva y falaz, sino su insistencia en hacer brotar de la casi nada problemas y debates, por qué no decirlo, improcedentes, y que esos debates se nos hayan impuesto con tanto éxito. Nos hacen adoptar una y otra vez un lenguaje que sólo les beneficia a ellos: la deuda histórica, la víctima, el enfrentamiento con la potencia exterior, la nación por encima de todo. Olvidan siempre que los impuestos no los pagan los territorios, sino los ciudadanos. Se preocupan mucho por Galiza y poco por el futuro de los gallegos, mucho por la lengua gallega y poco por los galegofalantes. Nos obligan a entrar en el juego de preguntarnos “¿qué territorio recibe partidas presupuestarias más jugosas?”. Hacen creer que el interés de los ciudadanos se ha de confundir o subordinar al de una entidad más abstracta que trascendental como es Galicia. Nos convierten, en fin, a todos en nacionalistas.
Tampoco es para extrañarse: los gobiernos de Fraga ya se habían deslizado sin complejos por la senda de un galleguismo populista, y el fláccido socialismo actual no parece encontrarse en disposición de cambiar los términos del debate. Pero somos muchos —creo no equivocarme— quienes estamos hartos de la política tal como se viene entendiendo en los últimos años y queremos otra cosa. Para regenerar la democracia necesitamos crear un lenguaje nuevo, y algunos ya nos afanamos en ello. Si se les ha despertado la curiosidad, no tienen más que entrar en http://www.upyd.es/ para considerar lo que se allí se propone.
martes, 16 de octubre de 2007
Os que mandan en Galiza
Aquí una muestra de la incansable propaganda nacionalista. Tengo que darme una ducha después de verlo. Y tal vez me queden ganas de hacer algún comentario.
miércoles, 29 de agosto de 2007
Los himnos de Quin

[Os bos e xenerosos / a nosa voz entenden / e con arroubo atenden / o noso ronco son, / máis sóo os iñorantes / e féridos e duros, / imbéciles e escuros / non os entenden, non...]
Anxo Quintana tiene a bien ofrecernos de vez en cuando los mejores ítems de su repertorio argumentativo para que nos entretengamos todos pensando un poquito. Su último motivo de reflexión es el pequeño escándalo que se ha montado en torno a la oportunidad de enseñar el himno gallego en las proyectadas galescolas, creadas a imagen y semejanza de las ikastolas que nos han proporcionado, entre otras ventajas, algunos de los más conspicuos representantes del terrorismo patriótico.
Para que no haya malentendidos, se debe aclarar que la iniciativa de enseñar el himno durante el ciclo de Educación Infantil partió de él y de su partido. La Conselleira de Educación, la socialista Laura Sánchez Piñón, se apresuró con buen criterio a recordar que el desarrollo de los currículos corresponde a su departamento, y que el himno no figura en aquéllos para edades tan tempranas.
Magnífico momento para que Quintana, aprovechando una celebración partidaria, haya estallado en llamas patrióticas. Acusa al PP de ultrajar a los gallegos comparando el himno compuesto por Eduardo Pondal y Pascual Veiga con un eructo; lo cual no es equivocado ni falso, sino una redonda mentira (*). Como mentira es decir que el propósito de la conselleira sea prohibirlo, a condición de saber que no impartir una materia es cosa bien distinta de prohibirla.
No, amigos, el victimismo de Quin no se para en barras: “Aquí el himno es considerado pornografía, como un videojuego violento o como un eructo”. Y todavía me estoy preguntando a qué o a quién se refiere; ingenuo de mí, como si a un nacionalista alguna vez le hubiera importado que las ofensas de las que se duele sean reales.
Y es que la izquierda española le decepciona, porque “siempre está dispuesta a seguirle el juego a la derecha más rancia”. Cuánta razón tiene Quin, y cuánto lamento que la izquierda española siga en efecto el juego al rancio conservadurismo del Bloque y de todos los que le votan convencidos de que su doctrina nacionalista es liberadora, con el mismo apego a la evidencia de quien confía en que el agua se pueda convertir en vino.
¿Sólo hay quejas? Qué va. Nuestro amigo nos describe con tintes sentimentales aquella nochebuena en la que, a sus cinco añitos, descubrió el himno cantado en familia “con un respeto profundo”… Todo un argumento de autoridad, puesto que a partir de ahora no cantar el himno gallego supondrá la omisión del reconocimiento debido a la familia Quintana, que mantuvo con vida “esos versos preciosos” en la larga y oscura etapa de la dictadura.
Y, para terminar, la referencia inevitable: “Lo que no consiguió Franco no lo conseguirá nadie en este país”. Por “este país” entiéndase a Galicia. Y ahora me lo explico todo. Las carreteras secundarias de tercera, las autovías trituradas, los incendios forestales, la dichosa preocupación identitaria como pantalla que todo lo justifica, la obsesión por los símbolos… Así, ciertamente, me doy cuenta de que la profecía quintanesca está en vías de cumplirse, de que lo que no consiguió Franco (eminente gallego, como recuerdo en cada ocasión que se me presenta), ni luego Fraga durante tantos años, tampoco vaya a conseguirlo la actual administración: que los gallegos se preocupen de lo que verdaderamente cuenta.
Porque este otro ejemplar de gallego, Antón Reixa, ha escrito una columna en El País (edición Galicia) en la que culpa de la polémica del himno… ¡al PP! O es tan ignorante que no sabe siquiera que la discusión se inició en el seno del bipartito, o no le interesa saberlo. Y, saltándome el mandamiento que me prohíbe hacer juicios de intenciones, me paro a pensar en las subvenciones que recibe de forma concomitante a la manifestación de sus simpatías políticas.
Y pienso en otras coincidencias. Por ejemplo, en el actual debate interno del PNV, en el cual se decidirá a qué velocidad van a plantear la cuestión soberanista a pesar de que siguen faltando las condiciones para un debate plenamente democrático en el País Vasco. Por ejemplo, en Carod Rovira haciendo abuso tanto de su ignorancia sobre hechos históricos como de su reducida representación parlamentaria para proponer a fecha fija un referéndum de autodeterminación a la catalana manera. Y termino preguntándome por qué estamos siempre igual, y de quién es la culpa. Y sí: buena parte de la culpa la tiene nuestro gobierno, como la tiene el partido que lo sustenta, el PSOE, no en mayor medida que el PP, también adicto a los nacionalismos cuando se trata de gobernar el Estado o lo que sea. Por eso creo que merecemos otra cosa.
Nota:
* Núñez Feijóo había respondido que a los niños de tres meses hay que enseñarles, en vez de himnos, a dormir y a eructar. No son palabras dignas de un Cicerón, pero tampoco merecen la interpretación injuriosa que el Vicepresidente de la Xunta interesadamente les da.
Anxo Quintana tiene a bien ofrecernos de vez en cuando los mejores ítems de su repertorio argumentativo para que nos entretengamos todos pensando un poquito. Su último motivo de reflexión es el pequeño escándalo que se ha montado en torno a la oportunidad de enseñar el himno gallego en las proyectadas galescolas, creadas a imagen y semejanza de las ikastolas que nos han proporcionado, entre otras ventajas, algunos de los más conspicuos representantes del terrorismo patriótico.
Para que no haya malentendidos, se debe aclarar que la iniciativa de enseñar el himno durante el ciclo de Educación Infantil partió de él y de su partido. La Conselleira de Educación, la socialista Laura Sánchez Piñón, se apresuró con buen criterio a recordar que el desarrollo de los currículos corresponde a su departamento, y que el himno no figura en aquéllos para edades tan tempranas.
Magnífico momento para que Quintana, aprovechando una celebración partidaria, haya estallado en llamas patrióticas. Acusa al PP de ultrajar a los gallegos comparando el himno compuesto por Eduardo Pondal y Pascual Veiga con un eructo; lo cual no es equivocado ni falso, sino una redonda mentira (*). Como mentira es decir que el propósito de la conselleira sea prohibirlo, a condición de saber que no impartir una materia es cosa bien distinta de prohibirla.
No, amigos, el victimismo de Quin no se para en barras: “Aquí el himno es considerado pornografía, como un videojuego violento o como un eructo”. Y todavía me estoy preguntando a qué o a quién se refiere; ingenuo de mí, como si a un nacionalista alguna vez le hubiera importado que las ofensas de las que se duele sean reales.
Y es que la izquierda española le decepciona, porque “siempre está dispuesta a seguirle el juego a la derecha más rancia”. Cuánta razón tiene Quin, y cuánto lamento que la izquierda española siga en efecto el juego al rancio conservadurismo del Bloque y de todos los que le votan convencidos de que su doctrina nacionalista es liberadora, con el mismo apego a la evidencia de quien confía en que el agua se pueda convertir en vino.
¿Sólo hay quejas? Qué va. Nuestro amigo nos describe con tintes sentimentales aquella nochebuena en la que, a sus cinco añitos, descubrió el himno cantado en familia “con un respeto profundo”… Todo un argumento de autoridad, puesto que a partir de ahora no cantar el himno gallego supondrá la omisión del reconocimiento debido a la familia Quintana, que mantuvo con vida “esos versos preciosos” en la larga y oscura etapa de la dictadura.
Y, para terminar, la referencia inevitable: “Lo que no consiguió Franco no lo conseguirá nadie en este país”. Por “este país” entiéndase a Galicia. Y ahora me lo explico todo. Las carreteras secundarias de tercera, las autovías trituradas, los incendios forestales, la dichosa preocupación identitaria como pantalla que todo lo justifica, la obsesión por los símbolos… Así, ciertamente, me doy cuenta de que la profecía quintanesca está en vías de cumplirse, de que lo que no consiguió Franco (eminente gallego, como recuerdo en cada ocasión que se me presenta), ni luego Fraga durante tantos años, tampoco vaya a conseguirlo la actual administración: que los gallegos se preocupen de lo que verdaderamente cuenta.
Porque este otro ejemplar de gallego, Antón Reixa, ha escrito una columna en El País (edición Galicia) en la que culpa de la polémica del himno… ¡al PP! O es tan ignorante que no sabe siquiera que la discusión se inició en el seno del bipartito, o no le interesa saberlo. Y, saltándome el mandamiento que me prohíbe hacer juicios de intenciones, me paro a pensar en las subvenciones que recibe de forma concomitante a la manifestación de sus simpatías políticas.
Y pienso en otras coincidencias. Por ejemplo, en el actual debate interno del PNV, en el cual se decidirá a qué velocidad van a plantear la cuestión soberanista a pesar de que siguen faltando las condiciones para un debate plenamente democrático en el País Vasco. Por ejemplo, en Carod Rovira haciendo abuso tanto de su ignorancia sobre hechos históricos como de su reducida representación parlamentaria para proponer a fecha fija un referéndum de autodeterminación a la catalana manera. Y termino preguntándome por qué estamos siempre igual, y de quién es la culpa. Y sí: buena parte de la culpa la tiene nuestro gobierno, como la tiene el partido que lo sustenta, el PSOE, no en mayor medida que el PP, también adicto a los nacionalismos cuando se trata de gobernar el Estado o lo que sea. Por eso creo que merecemos otra cosa.
Nota:
* Núñez Feijóo había respondido que a los niños de tres meses hay que enseñarles, en vez de himnos, a dormir y a eructar. No son palabras dignas de un Cicerón, pero tampoco merecen la interpretación injuriosa que el Vicepresidente de la Xunta interesadamente les da.
viernes, 24 de agosto de 2007
jueves, 21 de junio de 2007
Insisto
Del blog de Santiago González:
ETA sabía algo que sus interlocutores ignoraban, que un Pacto con el terrorismo debía tener una característica común con el Pacto contra el terrorismo: tenía que ser un acuerdo de Estado, comprometer al partido de la oposición, con el fin de garantizar la continuidad del proceso más allá de posibles cambios electorales
ETA sabía algo que sus interlocutores ignoraban, que un Pacto con el terrorismo debía tener una característica común con el Pacto contra el terrorismo: tenía que ser un acuerdo de Estado, comprometer al partido de la oposición, con el fin de garantizar la continuidad del proceso más allá de posibles cambios electorales
martes, 5 de junio de 2007
Deprisa, deprisa: la venda antes de la herida

[Zapatero, albergando nuevas esperanzas]
Hay veces en que hay que postear con urgencia, porque la rapidez, curiosamente, nos carga de razón y porque es preciso anticiparse a los espeluznantes argumentos de parte que habremos de padecer.
ETA vuelve a las andadas, pensando sin duda en procurarnos una explosiva temporada turística en la costa levantina. Lo de vuelve a las andadas es casi un chiste, teniendo en cuenta que nunca cesaron en sus actividades de asesinatos, extorsión, chantaje, amenazas, agresiones y destrucción de bienes públicos y privados. El momento del comunicado, además, está calculado con bastante buen tino: ya no corren peligro las listas de ANV que sí pudieron presentarse a las elecciones municipales. Esta evidencia deja en ridículo la actuación judicial al respecto y muy en particular la de la Fiscalía.
Preparémonos para la andanada de opinadores que nos van a aburrir con la cantinela: “que ETA rompa su alto el fuego significa que el Gobierno nunca hizo concesiones, al contrario de lo que afirmaban los siniestros políticos del PP y blablablá…”. Mentirán, o el sectarismo no les dejará ver más allá de sus narices. Que se sepa, el Gobierno —nuestro Gobierno— es la única parte que se ha empeñado en complacer a ETA en las formas más variadas. Para empezar, accediendo a dialogar aunque la actividad terrorista proseguía; atenuada, pero sin vacilaciones. También regalándonos algunas actuaciones poco memorables de la Fiscalía General del Estado. También permitiendo que los secuaces de los terroristas hayan accedido a la representación política en los municipios. También haciendo algunos juicios de intenciones un tanto suicidas: por ejemplo, el Presidente de nuestro Gobierno afirmó que Otegi es un “hombre de paz” o que De Juana Chaos es favorable al proceso de paz; dichosa paz, cuántas bobadas se cometen en tu nombre. También utilizando palabras más duras contra los adversarios políticos que hacia quienes sostenían el discurso y el chantaje de la violencia nacionalista. También negándose (¡desde la mismísima Presidencia del Gobierno!) a dar por cerrado el “proceso de paz” incluso después de un atentado, el de diciembre en Barajas, que se llevó por delante a dos seres humanos y provocó unos enormes daños materiales. También impulsando una reforma territorial (vale decir, una estampida de modificaciones estatutarias más parecida a un sálvese quien pueda) indudablemente planteada también como cebo para que los chicos de las bombas supieran cuánto se podía conseguir si seguían los preceptos del Evangelio según Zapatero...
Podría seguir amontonando facts —lo cual vale por hechos tanto como por pruebas—, o argumentar con más detalle, pero es fatigoso. Haré sin embargo algunas observaciones fragmentarias.
Sabemos, gracias a los morroskos de ETA, que hubo diálogo en muy numerosas ocasiones, tanto antes de que se informara del alto el fuego como después del atentado de Barajas. El Gobierno niega que haya participado en esas conversaciones. Es, naturalmente, mentira o, en el menos malo de los casos, una media verdad pergeñada con intenciones y principios no demasiado claros. Porque es completamente cierto que a esas conversaciones —perfectamente detalladas en Gara— no asistieron ministros ni secretarios de estado; no obstante, podemos dar por seguro que sí participaron personalidades del PSE afines a Patxi López y al camino emprendido tan personalmente por Zapatero. Escudarse en argumentos de abogado de pacotilla, tal como ha hecho el Gobierno, inducía a la desconfianza.
No faltarán quienes culpen al Partido Popular —un partido que no gobierna ni mata, que sólo mete la pata—, porque al retirar su apoyo al Gobierno puede haber bloqueado la capacidad de maniobra de éste para hacer determinadas concesiones (¿más concesiones? ¡Sí, más!). Ya saben, lo de la “deslealtad” de la oposición. Pues lamento afirmar que es la estupidez más ruin que cabe emitir dadas las circunstancias. Porque el Gobierno tuvo la oportunidad de atraer al consenso al PP con ocasión del debate sobre el estado de la Nación; señales no le faltaron para intentarlo. Esta oportunidad fue desaprovechada, lo que se debió seguramente al oportunismo de ofrecer al mundo la imagen de un PP aislado y encerrado en un discurso "rancio", y a la arrogancia de sentirse suficientemente arropado por IU y por la constelación de partidos nacionalistas (los cuales, ya se sabe, se distinguen por un sentido de estado digno de los compañeros de Alí Babá: “¿qué hay de lo mío?”). Además, debo insistir en una idea ya formulada en este blog mucho antes de que gentes como Savater o Espada lo expresasen —perdonen la inmodestia— a su modo: si verdaderamente le corresponde al Gobierno la iniciativa de la política antiterrorista, su primer deber es el de construir un consenso político suficiente para afrontar una hipotética negociación. Si tal consenso no se obtiene (por torpeza del Ejecutivo, por obstinación o cálculo político del oponente), sencillamente no se puede emprender nada. Pero nada de nada. Porque sin el apoyo del otro partido que está en condiciones de gobernar en España, sin el respaldo tácito de esos diez millones de votos, no habrá nada que se pueda ofrecer con garantías al terrorista. Pero nada de nada. Porque sin ese apoyo no se contará con la suficiente fuerza material y moral. Éste ha sido el principal error del Presidente, el que invalidaba desde el principio todos sus esfuerzos relativos a ETA.
Sobre la lealtad hacia el Gobierno: me pregunto qué es más importante, ser leal al Gobierno o ser leal al Estado. Parece claro, ¿no? Planteado el problema en estos términos, debo aclarar que yo nunca he sido leal al Gobierno a este respecto porque creo que está disparatando desde hace mucho. Aplíquese este principio a los partidos políticos. Felipe González se equivocó gravemente en su momento, porque debería haberse saltado la lógica de partido para declarar: “el deber de la oposición frente al terrorismo es apoyar al Gobierno, salvo cuando se equivoque”. Creo que en todo este proceso que, espero, ahora sí se dará por concluido, hemos renunciado a la dignidad de uno, y aun dos, de los pilares del Estado. Y también creo, al contrario de lo que dicta alguna propaganda pro-PSOE, que éste es un asunto muy importante, incluso trascendental, porque afecta nada menos que a la posibilidad de alterar mediante la violencia las normas asumidas para procurarnos una certidumbre en el trato con nuestros conciudadanos, en nuestra convivencia. Así dicho, parece muy abstracto, pero hay muchas personas en muchos lugares de España a las que les cuesta muy caro decir lo que piensan acerca del nacionalismo; lo cual ayuda a concretar las cosas, me temo.
No creo que este post sea únicamente crítico, porque detrás de él se encuentra una idea acerca de cómo deberían hacerse las cosas —desde un punto de vista izquierdista, supongo, aunque eso ya me va dando igual—; pero por si acaso resta alguna duda acerca de la naturaleza constructiva de mi blog, les invito a pinchar aquí.
martes, 22 de mayo de 2007
En torno al gran problema


Ciertos asuntos de orden privado y que me traen bastante desazonado me han devuelto a algunas cavilaciones en torno al problema, siempre antiguo y para siempre nuevo, del determinismo y la libertad humanos. Como de costumbre, recurriré al auxilio de personas mucho más inteligentes (y también mucho menos) que yo; como de costumbre, no puedo evitar algún vistazo sobre la actualidad… ¿política? Vais avisados: el camino es pedregoso y repleto de una multitud de puntos de fuga, como el que sigue.
#1. El Cid contra De Juana Chaos
Nadie puede negar coherencia a un personaje como el escuálido De Juana, ahora metido a moralista. Su huelga de hambre, además de concitar la atención de todos —de todos los que opinan, claro está—, viene armada de argumentos éticos que, si bien no son demasiado originales ni merecen la aprobación de la gente sensata, son bien sólidos. Para él, su posible y evitada muerte por emaciación vendría a cargarse en el debe del estado español por no aceptar las condiciones impuestas para que no se convierta en un nuevo héroe del Movimiento Vasco de Liberación Regional (¿era así?). No es él quien ha decidido dejar de tomar alimento, es el Estado el que le ha obligado a adoptar medidas de fuerza. Cierto, él puso la bomba que se llevó por delante la vida de más de veinte personas, pero nada podemos reprocharle; él mismo se pregunta retóricamente si la conducta de la mujer violada se le debe reprochar a ella y no a su violador. La eficacia como metaforista de nuestro buen euskaldún (¿debo recordar que por lo menos el apellido “Chaos” es gallego?) flaquea: creo saber que en la inmensa mayoría de los casos el proceso de victimización de las mujeres violadas no pasa por la comisión de asesinatos, ni por la aplicación de la ley del talión. En fin, como dijo Zapatero atribuyéndose en un nuevo acceso de majadería el papel de portavoz oficioso de De Juana, es un tipo que está a favor del proceso de paz y con eso deberíamos quedar satisfechos.
El caso es que nuestro buen patriota nos ayuda a entrar a fondo en un problema clásico. Y es que, aunque sepamos muy bien los propósitos que albergamos cuando cometemos una acción, nunca podremos estar muy seguros de qué alcance va a tener ésta. Se trata de la versión moral del requetefamoso efecto mariposa. [Y de paso anoto que una definición esquemática de la tragedia es la de forma narrativa que demuestra lo fácil que es caer en la cuenta a posteriori de los efectos, sobre todo indeseables, que nuestras acciones han provocado sin que lo hayamos pretendido] El alcance de nuestros actos va mucho más allá de nuestras intenciones, lo cual significa que alteramos per saecula saeculorum el desarrollo de los eventos del universo, tanto cuando pelamos una manzana como cuando divulgamos un maléfico rumor o acuchillamos varias veces a nuestro objeto de odio. Si el Estado decide oprimir las legítimas ansias de libertad de Euskalherría, la respuesta de los más aguerridos de sus mozos, el asesinato, debe ser reprochada exclusivamente a un estado opresor que sin duda no ha sido capaz de calcular los últimos efectos de su afrenta. Es decir, que la única instancia que actúa es el Estado: De Juana sólo ha re-accionado y proseguido la infinita cadena de causas y efectos que el Estado, en su inconsciencia, ha desatado.
Ahora bien, llegados al reparto de responsabilidades, el Estado y De Juana sostienen tesis opuestas. El primero, ejerciendo el poder que tiene como monopolizador de la administración de penas, re-acciona sentenciando al etarra al cumplimiento de casi veinte años de cárcel por sus asesinatos, y luego a otras condenas menores por sus amenazas. El segundo, quien, como ya hemos visto, no se atribuye responsabilidad alguna en sus actos, re-acciona con una medida de presión propagandística: una huelga de hambre, porque “no tenía más remedio”. ¿Cuándo parará la cadena? Nunca, amigos. Ninguna de las dos instancias renuncia a su sentido de la superioridad moral porque se ven impelidos, por así decirlo, a continuar; a los demás no nos queda más remedio que escoger bando y juzgar el caso desde sus presupuestos.
¿A qué me recuerda esta exposición de hechos? ¡Ah, sí, ya caigo! Si no me equivoco, fue ese otro benefactor de la humanidad, Juan José Garfia, quien, convertido en un actual Heráclito, recurrió a esta teoría de los opuestos para, si no justificar, explicar su curiosa conducta de asesinar a escopetazos a tres seres humanos durante una noche tenebrosa. “Vosotros estabais en un bando, y yo en el otro”, explicaba en un breve texto publicado en El País.
Y sigo haciendo memoria, en este caso para explicar mis propios sesgos a la hora de entrar en estos complicados asuntos. Cuando en mis años de adolescencia me tocó leer y estudiar el Cantar de Mío Cid, me causó alguna impresión la observación de su actitud tras ser afrentado por los infantes de Carrión. En el cantar, éstos personajes, recién casados con las hijas del héroe, doña Elvira y doña Sol, y espoleados por el resquemor que padecen a causa de su propia cobardía en la batalla, deciden humillar al Cid maltratando y abandonando a las dos jóvenes esposas en el robledal de Corpes. El rey es impelido por el Cid a hacer justicia convocando su corte en Toledo, donde éste expone su agravio y a consecuencia de lo cual los malvados infantes, junto con su hermano Asur Gonzáñez recibirán justicia mediante una derrota oficial en duelo. Menéndez Pidal explica doctamente que:
La venganza, pasión fundamental en la epopeya, desde Homero en adelante, venía impuesta al Cantar de Mío Cid por la escuela juglaresca que la trataba en forma cruelmente sanguinaria (…) Nada de esto sucede en el Mío Cid; las heridas y afrenta con que los de Carrión repudian a sus mujeres no son castigadas mediante una venganza directa, sino mediante un juicio solemne ante la corte del rey y un duelo decretado por el soberano. El Cid, último héroe que florece en la epopeya romántica, anuncia una edad nueva: su honor se restaura mediante un duelo judicial, rematado, no con la muerte de los traidores, sino con la declaración legal de su infamia
En otras palabras, el Cid desvía el curso clásico y esperable de los acontecimientos derivándolo a la administración de justicia. No es a través de él como se perpetuará la infinitud de re-acciones, sino de unas instituciones a las que se les concede el poder y la fuerza suficientes para que pronuncien la última palabra. Esto, políticamente, es incompatible con la tiranía; además, formaliza un término para la lucha de opuestos. No seguir este camino es acabar cada dos por tres en Puerto Hurraco.
#1. El Cid contra De Juana Chaos
Nadie puede negar coherencia a un personaje como el escuálido De Juana, ahora metido a moralista. Su huelga de hambre, además de concitar la atención de todos —de todos los que opinan, claro está—, viene armada de argumentos éticos que, si bien no son demasiado originales ni merecen la aprobación de la gente sensata, son bien sólidos. Para él, su posible y evitada muerte por emaciación vendría a cargarse en el debe del estado español por no aceptar las condiciones impuestas para que no se convierta en un nuevo héroe del Movimiento Vasco de Liberación Regional (¿era así?). No es él quien ha decidido dejar de tomar alimento, es el Estado el que le ha obligado a adoptar medidas de fuerza. Cierto, él puso la bomba que se llevó por delante la vida de más de veinte personas, pero nada podemos reprocharle; él mismo se pregunta retóricamente si la conducta de la mujer violada se le debe reprochar a ella y no a su violador. La eficacia como metaforista de nuestro buen euskaldún (¿debo recordar que por lo menos el apellido “Chaos” es gallego?) flaquea: creo saber que en la inmensa mayoría de los casos el proceso de victimización de las mujeres violadas no pasa por la comisión de asesinatos, ni por la aplicación de la ley del talión. En fin, como dijo Zapatero atribuyéndose en un nuevo acceso de majadería el papel de portavoz oficioso de De Juana, es un tipo que está a favor del proceso de paz y con eso deberíamos quedar satisfechos.
El caso es que nuestro buen patriota nos ayuda a entrar a fondo en un problema clásico. Y es que, aunque sepamos muy bien los propósitos que albergamos cuando cometemos una acción, nunca podremos estar muy seguros de qué alcance va a tener ésta. Se trata de la versión moral del requetefamoso efecto mariposa. [Y de paso anoto que una definición esquemática de la tragedia es la de forma narrativa que demuestra lo fácil que es caer en la cuenta a posteriori de los efectos, sobre todo indeseables, que nuestras acciones han provocado sin que lo hayamos pretendido] El alcance de nuestros actos va mucho más allá de nuestras intenciones, lo cual significa que alteramos per saecula saeculorum el desarrollo de los eventos del universo, tanto cuando pelamos una manzana como cuando divulgamos un maléfico rumor o acuchillamos varias veces a nuestro objeto de odio. Si el Estado decide oprimir las legítimas ansias de libertad de Euskalherría, la respuesta de los más aguerridos de sus mozos, el asesinato, debe ser reprochada exclusivamente a un estado opresor que sin duda no ha sido capaz de calcular los últimos efectos de su afrenta. Es decir, que la única instancia que actúa es el Estado: De Juana sólo ha re-accionado y proseguido la infinita cadena de causas y efectos que el Estado, en su inconsciencia, ha desatado.
Ahora bien, llegados al reparto de responsabilidades, el Estado y De Juana sostienen tesis opuestas. El primero, ejerciendo el poder que tiene como monopolizador de la administración de penas, re-acciona sentenciando al etarra al cumplimiento de casi veinte años de cárcel por sus asesinatos, y luego a otras condenas menores por sus amenazas. El segundo, quien, como ya hemos visto, no se atribuye responsabilidad alguna en sus actos, re-acciona con una medida de presión propagandística: una huelga de hambre, porque “no tenía más remedio”. ¿Cuándo parará la cadena? Nunca, amigos. Ninguna de las dos instancias renuncia a su sentido de la superioridad moral porque se ven impelidos, por así decirlo, a continuar; a los demás no nos queda más remedio que escoger bando y juzgar el caso desde sus presupuestos.
¿A qué me recuerda esta exposición de hechos? ¡Ah, sí, ya caigo! Si no me equivoco, fue ese otro benefactor de la humanidad, Juan José Garfia, quien, convertido en un actual Heráclito, recurrió a esta teoría de los opuestos para, si no justificar, explicar su curiosa conducta de asesinar a escopetazos a tres seres humanos durante una noche tenebrosa. “Vosotros estabais en un bando, y yo en el otro”, explicaba en un breve texto publicado en El País.
Y sigo haciendo memoria, en este caso para explicar mis propios sesgos a la hora de entrar en estos complicados asuntos. Cuando en mis años de adolescencia me tocó leer y estudiar el Cantar de Mío Cid, me causó alguna impresión la observación de su actitud tras ser afrentado por los infantes de Carrión. En el cantar, éstos personajes, recién casados con las hijas del héroe, doña Elvira y doña Sol, y espoleados por el resquemor que padecen a causa de su propia cobardía en la batalla, deciden humillar al Cid maltratando y abandonando a las dos jóvenes esposas en el robledal de Corpes. El rey es impelido por el Cid a hacer justicia convocando su corte en Toledo, donde éste expone su agravio y a consecuencia de lo cual los malvados infantes, junto con su hermano Asur Gonzáñez recibirán justicia mediante una derrota oficial en duelo. Menéndez Pidal explica doctamente que:
La venganza, pasión fundamental en la epopeya, desde Homero en adelante, venía impuesta al Cantar de Mío Cid por la escuela juglaresca que la trataba en forma cruelmente sanguinaria (…) Nada de esto sucede en el Mío Cid; las heridas y afrenta con que los de Carrión repudian a sus mujeres no son castigadas mediante una venganza directa, sino mediante un juicio solemne ante la corte del rey y un duelo decretado por el soberano. El Cid, último héroe que florece en la epopeya romántica, anuncia una edad nueva: su honor se restaura mediante un duelo judicial, rematado, no con la muerte de los traidores, sino con la declaración legal de su infamia
En otras palabras, el Cid desvía el curso clásico y esperable de los acontecimientos derivándolo a la administración de justicia. No es a través de él como se perpetuará la infinitud de re-acciones, sino de unas instituciones a las que se les concede el poder y la fuerza suficientes para que pronuncien la última palabra. Esto, políticamente, es incompatible con la tiranía; además, formaliza un término para la lucha de opuestos. No seguir este camino es acabar cada dos por tres en Puerto Hurraco.
lunes, 21 de mayo de 2007
lunes, 2 de abril de 2007
viernes, 11 de agosto de 2006
Galicia Caníbal
Transcribo parte de una conversación telefónica mantenida hoy con un amigo gallego, Anxo Forcarei.
—Hombre, qué sorpresa.
—Qué, ¿cómo os va por ahí?
—No me puedo quejar, porque aquí aún tenemos árboles sin calcinar. ¿Qué tal se vive entre el humo y la ceniza?
—Con ganas de relativizarlo todo, pero sin energías para hacerlo. Lo que veis en la tele es una muestra homeopática de lo que te encuentras por la carretera.
—Tranquilos, que ya han ido Zapatero y Rubalcaba por ahí, ya todo está solucionado…
—Bueno, algunos se han creído que abuchear a Zapatero era una buena manera de combatir el fuego.
—Qué curioso. A Zapatero lo abuchean porque ha ido a hacerse la foto, pero a Aznar, que apenas compareció cuando lo del Prestige, le criticaron muchísimo por no haber ido a hacerse la foto.
—Lo pusieron «podre». Lo de Zapatero de ahora es, evidentemente, un ajuste de cuentas por las últimas veces que han reventado actos a Rajoy los de la UGT o el PSOE. El caso es que venimos a parar en que si vienen a hacerse la foto, mal. Si no se la hacen, también mal. Ya estamos de acuerdo en algo: el acto de presencia no hace nada; ni siquiera queda bien en el telediario.
—Mejor harían abucheando y denunciando a los causantes de los fuegos.
—¡Huy, eso nunca! Tendrían que hacerlo señalándose a sí mismos delante del espejo.
—No te pases, no te pases.
—No me paso. Lo de este año puede ser extraordinario, pero por lo concentrado. ¿Acaso no te das cuenta de que en Galicia se da la mayoría de los incendios de España? Sólo nos sigue en salvajismo Cataluña. Lo que está ocurriendo esta semana es lo que viene sucediendo el verano pasado, el anterior, el anterior, el anterior… Forma parte de nosotros. Mi sorpresa, ya ves, es parcial.
—Hablas así porque te has deprimido con este tema. Lo que tiene que ocurrir es el descubrimiento de las tramas que hay detrás.
—¿Qué tramas? O, mejor dicho, ¿qué importancia tienen? Lo que ocurre nos ocurre porque lo hacemos todos. No tenemos el menor amor por la naturaleza. Al menos los gallegos.
—No es precisamente ése un rasgo que os suela distinguir.
—Sí, hemos vendido el mito del gallego en comunión con la naturaleza, pero mira qué montes tenemos. No hablo de la chamusquina de ahora, sino de nuestras arraigadas costumbres de destrucción de los parajes naturales. Quizás Pepiño el de Curtis no pegue fuego al monte, pero sospecha acertadamente que Manoliño, que vive dos casas más allá, sí lo hace, y calla la boca, y seguramente envidia su suerte. Los mismos que proclaman su amor por el monte se parecen bastante a quienes se hacen la casiña en cualquier parte (porque, claro, no hay planes urbanísticos) con todo lo que eso trae. Los que proclaman el carballo como el árbol nacional de Galicia se parecen bastante a los que plantan en sus montes eucaliptales sin control alguno (así el eucalipto se puede propagar a sus anchas por todas partes, como una plaga). Los que se indignaban con grandes aspavientos por la catástrofe del chapapote se parecen mucho, pero que mucho, a los que convierten las playas en estercoleros celebrando la noche de San Juan. Los que te cuentan, guiñándote un ojo, que son muy sutiles porque tienen mucha retranca gallega se parecen mucho a los que arreglan sus asuntos a berridos en el trabajo. Y tú no te rías, que has sido uno de nosotros durante varios años.
—Me río porque te pones muy gracioso cuando te indignas. Pensaba que si Castelao viviera hoy, debería dedicar uno de sus «retrincos» a «Manoliño, o incendiario».
—No es mala idea. Daría de lleno en el verdadero carácter gallego.
—Ya sabes que a mí eso de los caracteres por territorios me parece una majadería.
—Porque no te das cuenta de que para que algunas cosas existan basta con enunciarlas. Por ejemplo, una nación. Atiende lo que te digo. La identidad colectiva (no hablo de conciencia nacional porque sé que te pones nervioso) siempre, pero siempre, tiene una porción de soberbia y otra de agravios. Da igual que los agravios sean reales o míticos, eso es lo de menos, pero de las dos cosas tiene que haber. Hasta hace muy poco esa identidad era embrionaria, o demasiado fragmentaria. Un poco de la mentira de la herencia celta, otro poquito del pueblo sacudido por la miseria, la emigración, la explotación por los forasteros, etcétera; luego unas poesías de Celso Emilio Ferreiro («o pobo quere terra, a terra quere pobo») por aquello de darse pisto, y fuera. Nada más. Pues llegó el Prestige para terminar de constituir la identidad gallega. Una juventud pujante que pudo agarrarse al acontecimiento gracias a lo nefasto de los gobiernos de Fraga y Aznar. Madrid y cierta jerarquía gallega, los «malos gallegos», se convertían en culpables. A manifestarse a Madrid. El grito, más o menos, era: «nosotros no nos merecemos esto». Y es verdad: ¿quién se merece un Prestige? Bueno, pues miles de familias pegan en sus ventanas el cartelito de Nunca Máis y se enteran así de que la cosa puede funcionar. En seguida llegan las componendas: los informativos se llenan de imágenes de pescadores diciendo que «mexan por nós e din que chove», famoso adagio que, por cierto, si a algún botarate se le ocurre repetirlo con motivo de los incendios, prometo que le sacudo con un palo. Sigo con las componendas: Madrid se inventa el Plan Galicia, que es como una petición de disculpas. Los gallegos entienden el mensaje: si prometen una millonada en inversiones, será porque nos la merecemos, porque somos el pueblo castigado. Y la campaña electoral gira, más que acerca de lo patético de Fraga, sobre conceptos como el de «deuda histórica». Tan es así que no sólo se agarran a ello los nacionalistas. ¡El mismísimo Acebes habló de la deuda histórica en Pontevedra! Y en éstas estamos.
—Tenemos lío. ¿Has visto los titulares de El Mundo? Me refiero a que están hincando el diente en la cuestión lingüística.
—Cada cual a lo suyo…
—En un editorial decían que se podía dar la paradoja de que se admitiera en las brigadas de extinción de incendios a un belga o un alemán que acreditasen haber pasado los cursos de gallego, pero no a un español que no los tuviera.
—Ya, pero es que no llegan al fondo de la cuestión. Lo que dicen es cierto. No es necesariamente negativo, pero es cierto; sólo es la mitad del problema.
—Pues ya me estás explicando la segunda mitad.
—A ver… Me parece de lo más normal que quien aspire a una plaza de empleo público en Galicia tenga que acreditar que sabe gallego. La razón es muy simple: el gallego es un idioma perfectamente vivo y en buen uso por parte de una porción enorme de la población. Esto tú lo sabes perfectamente.
—Aceptado.
—Pues eso, que por mí ningún problema. Ahora bien, ¿por qué no se exige acreditar un conocimiento suficiente del castellano?
—Cierto. Es un idioma con una implantación incluso mayor que el gallego.
—Sabemos que en la práctica no hay casos así, pero un belga que sepa gallego y no castellano es tan apto, o inepto, para un trabajo público como un madrileño que no tenga ni idea de gallego.
—¿Oyes esto?
—Sí. ¿Qué haces?
—Estoy aplaudiendo. Y cuando colguemos voy a escribir un post.
—Hombre, qué sorpresa.
—Qué, ¿cómo os va por ahí?
—No me puedo quejar, porque aquí aún tenemos árboles sin calcinar. ¿Qué tal se vive entre el humo y la ceniza?
—Con ganas de relativizarlo todo, pero sin energías para hacerlo. Lo que veis en la tele es una muestra homeopática de lo que te encuentras por la carretera.
—Tranquilos, que ya han ido Zapatero y Rubalcaba por ahí, ya todo está solucionado…
—Bueno, algunos se han creído que abuchear a Zapatero era una buena manera de combatir el fuego.
—Qué curioso. A Zapatero lo abuchean porque ha ido a hacerse la foto, pero a Aznar, que apenas compareció cuando lo del Prestige, le criticaron muchísimo por no haber ido a hacerse la foto.
—Lo pusieron «podre». Lo de Zapatero de ahora es, evidentemente, un ajuste de cuentas por las últimas veces que han reventado actos a Rajoy los de la UGT o el PSOE. El caso es que venimos a parar en que si vienen a hacerse la foto, mal. Si no se la hacen, también mal. Ya estamos de acuerdo en algo: el acto de presencia no hace nada; ni siquiera queda bien en el telediario.
—Mejor harían abucheando y denunciando a los causantes de los fuegos.
—¡Huy, eso nunca! Tendrían que hacerlo señalándose a sí mismos delante del espejo.
—No te pases, no te pases.
—No me paso. Lo de este año puede ser extraordinario, pero por lo concentrado. ¿Acaso no te das cuenta de que en Galicia se da la mayoría de los incendios de España? Sólo nos sigue en salvajismo Cataluña. Lo que está ocurriendo esta semana es lo que viene sucediendo el verano pasado, el anterior, el anterior, el anterior… Forma parte de nosotros. Mi sorpresa, ya ves, es parcial.
—Hablas así porque te has deprimido con este tema. Lo que tiene que ocurrir es el descubrimiento de las tramas que hay detrás.
—¿Qué tramas? O, mejor dicho, ¿qué importancia tienen? Lo que ocurre nos ocurre porque lo hacemos todos. No tenemos el menor amor por la naturaleza. Al menos los gallegos.
—No es precisamente ése un rasgo que os suela distinguir.
—Sí, hemos vendido el mito del gallego en comunión con la naturaleza, pero mira qué montes tenemos. No hablo de la chamusquina de ahora, sino de nuestras arraigadas costumbres de destrucción de los parajes naturales. Quizás Pepiño el de Curtis no pegue fuego al monte, pero sospecha acertadamente que Manoliño, que vive dos casas más allá, sí lo hace, y calla la boca, y seguramente envidia su suerte. Los mismos que proclaman su amor por el monte se parecen bastante a quienes se hacen la casiña en cualquier parte (porque, claro, no hay planes urbanísticos) con todo lo que eso trae. Los que proclaman el carballo como el árbol nacional de Galicia se parecen bastante a los que plantan en sus montes eucaliptales sin control alguno (así el eucalipto se puede propagar a sus anchas por todas partes, como una plaga). Los que se indignaban con grandes aspavientos por la catástrofe del chapapote se parecen mucho, pero que mucho, a los que convierten las playas en estercoleros celebrando la noche de San Juan. Los que te cuentan, guiñándote un ojo, que son muy sutiles porque tienen mucha retranca gallega se parecen mucho a los que arreglan sus asuntos a berridos en el trabajo. Y tú no te rías, que has sido uno de nosotros durante varios años.
—Me río porque te pones muy gracioso cuando te indignas. Pensaba que si Castelao viviera hoy, debería dedicar uno de sus «retrincos» a «Manoliño, o incendiario».
—No es mala idea. Daría de lleno en el verdadero carácter gallego.
—Ya sabes que a mí eso de los caracteres por territorios me parece una majadería.
—Porque no te das cuenta de que para que algunas cosas existan basta con enunciarlas. Por ejemplo, una nación. Atiende lo que te digo. La identidad colectiva (no hablo de conciencia nacional porque sé que te pones nervioso) siempre, pero siempre, tiene una porción de soberbia y otra de agravios. Da igual que los agravios sean reales o míticos, eso es lo de menos, pero de las dos cosas tiene que haber. Hasta hace muy poco esa identidad era embrionaria, o demasiado fragmentaria. Un poco de la mentira de la herencia celta, otro poquito del pueblo sacudido por la miseria, la emigración, la explotación por los forasteros, etcétera; luego unas poesías de Celso Emilio Ferreiro («o pobo quere terra, a terra quere pobo») por aquello de darse pisto, y fuera. Nada más. Pues llegó el Prestige para terminar de constituir la identidad gallega. Una juventud pujante que pudo agarrarse al acontecimiento gracias a lo nefasto de los gobiernos de Fraga y Aznar. Madrid y cierta jerarquía gallega, los «malos gallegos», se convertían en culpables. A manifestarse a Madrid. El grito, más o menos, era: «nosotros no nos merecemos esto». Y es verdad: ¿quién se merece un Prestige? Bueno, pues miles de familias pegan en sus ventanas el cartelito de Nunca Máis y se enteran así de que la cosa puede funcionar. En seguida llegan las componendas: los informativos se llenan de imágenes de pescadores diciendo que «mexan por nós e din que chove», famoso adagio que, por cierto, si a algún botarate se le ocurre repetirlo con motivo de los incendios, prometo que le sacudo con un palo. Sigo con las componendas: Madrid se inventa el Plan Galicia, que es como una petición de disculpas. Los gallegos entienden el mensaje: si prometen una millonada en inversiones, será porque nos la merecemos, porque somos el pueblo castigado. Y la campaña electoral gira, más que acerca de lo patético de Fraga, sobre conceptos como el de «deuda histórica». Tan es así que no sólo se agarran a ello los nacionalistas. ¡El mismísimo Acebes habló de la deuda histórica en Pontevedra! Y en éstas estamos.
—Tenemos lío. ¿Has visto los titulares de El Mundo? Me refiero a que están hincando el diente en la cuestión lingüística.
—Cada cual a lo suyo…
—En un editorial decían que se podía dar la paradoja de que se admitiera en las brigadas de extinción de incendios a un belga o un alemán que acreditasen haber pasado los cursos de gallego, pero no a un español que no los tuviera.
—Ya, pero es que no llegan al fondo de la cuestión. Lo que dicen es cierto. No es necesariamente negativo, pero es cierto; sólo es la mitad del problema.
—Pues ya me estás explicando la segunda mitad.
—A ver… Me parece de lo más normal que quien aspire a una plaza de empleo público en Galicia tenga que acreditar que sabe gallego. La razón es muy simple: el gallego es un idioma perfectamente vivo y en buen uso por parte de una porción enorme de la población. Esto tú lo sabes perfectamente.
—Aceptado.
—Pues eso, que por mí ningún problema. Ahora bien, ¿por qué no se exige acreditar un conocimiento suficiente del castellano?
—Cierto. Es un idioma con una implantación incluso mayor que el gallego.
—Sabemos que en la práctica no hay casos así, pero un belga que sepa gallego y no castellano es tan apto, o inepto, para un trabajo público como un madrileño que no tenga ni idea de gallego.
—¿Oyes esto?
—Sí. ¿Qué haces?
—Estoy aplaudiendo. Y cuando colguemos voy a escribir un post.
lunes, 7 de agosto de 2006
Dejar de matar matando
Aprovechando la tradicional tendencia minimalista del mes de agosto según la cual todo debe ofrecer menos calidad, El País ha iniciado una serie de «crónicas de la vida» dedicada al País Vasco de la era de la esperanza. Vistos los capítulos de ayer y de hoy, encontramos una especie de reclamo turístico a base de impresiones joviales a cargo de la redactora, Tereixa Constenla —un apunte: en qué mazmorra han encerrado a mi añorado José Luis Barbería?—: entrevistas a aizkolaris y a humanísimos domadores de perros que no trabajarían para dueños que fueran a maltratarlos, el Guggenheim como imagen de una Euzkadi pujante y modernales, las tácitas normas de las cuadrillas bilbaínas de amiguetes… Por supuesto, no se habla de política, no sea que se vaya a estropear la armonía del paisaje. Las ilustraciones, abigarradas de buenos y sonrientes vascos, parecen aptas para un álbum familiar.
En general, creo que los juicios de intenciones son un grave pecado y una descortesía para con los demás. Sin embargo, no soy capaz de enjuiciar esta serie de reportajes si no es practicando esta misma descortesía. Porque unos textos tan inanes, tan insípidos, tan inofensivos y acaramelados no son justificables en un periódico «de referencia»; ni siquiera son explicables si no es partiendo de los propósitos del autor.
Me explicaré mejor si intento glosar la primera frase de la entradilla (vulgo «lead») del primero de los reportajes: «Nadie quiere echar las campanas al vuelo, pero desde hace tres años, los vascos respiran mejor y ríen más». Sin duda, lo más relevante, el único dato cierto e inapelable que nos ofrece la frase es temporal, «desde hace tres años». Notemos que para Tereixa el momento relevante de cambio no es la declaración de tregua indefinida de ETA, sino el momento desde el cual no comete asesinatos. Podríamos iniciar una discusión acerca de si verdaderamente podemos afirmar que ETA ha dejado sonreír a los vascos a lo largo de los últimos tres años, pero me interesa ceñirme a un plano, si se quiere, más formal.
La versión jocosa de la novela «La conciencia de Zeno» es el chiste que dice así: «dejar de fumar es facilísimo; ¡yo lo hago veinte veces al día!». La versión trágica es la ofrecida en su entradilla por Tereixa Constenla. ¿Qué hizo ETA hace tres años? Dejar de matar, ¡cómo no darse cuenta! Irrebatible lógica, pero que no repara en que ETA dejó de matar en el justo momento en que mataba a Bonifacio Martín y a Julián Embid. Como dos caras de una misma moneda, la realización de un acto independiente y la omisión del mismo se dan la mano en el instante en que el acto termina de realizarse. ¿Perogrullada? Pregúntenselo a Tereixa. Si aceptamos la docta sentencia de la redactora, podemos calcular en aproximadamente ochocientas las ocasiones en que ETA ha dejado de matar. Lo cual supone una irreprochable voluntad de paz que ni usted, amigo lector, ni yo podemos acreditar. Hale, ya hemos convertido a ETA en los campeones de la no violencia. Debo decir que yo, en este momento, tecleo en el ordenador; cuando deje de hacerlo, habré dejado de hacerlo. ¿Es otra perogrullada? Pero hay más. Mientras tecleo no miro la televisión, ni leo a Kant, ni hojeo el periódico, ni, claro es, estoy asesinando a nadie. Pero claro, como no soy Txapote, explico estas cosas y la gente se ríe de mí.
A ver si se me entiende: la realización u omisión del acto pueden ser más o menos relevantes, pero para el caso que estudiamos lo que nos interesa evaluar es el propósito del agente. Porque no hacerlo supone el riesgo de dejarnos llevar por la mera facticidad de la acción o de la omisión, no entender nada y escribir un reportaje para El País.
Por si acaso los párrafos anteriores aún resultan oscuros, tomemos la frasecita de marras y sustituyamos la locución adverbial «desde hace tres años» por «desde que ETA asesinó con una bomba a Bonifacio Martín y a Julián Embid» y veamos el resultado:
«Nadie quiere echar las campanas al vuelo, pero desde que ETA asesinó con una bomba a Bonifacio Martín y a Julián Embid, los vascos respiran mejor y ríen más»
Donde concluimos algo así como que, muerto el perro, se acabó la rabia: la causa de que el ambiente vasco estuviera enrarecido y de que los vascos rieran poco era nada menos que estos dos policías nacionales, cuya molestia presencia en Navarra ha sido erradicada, como la de más de ochocientas víctimas mortales, la de miles de heridos y amargados de por vida, y la de decenas de miles de emigrados a otros lugares del universo mundo, erradicada digo, con precisión de cirujano de hierro por los inevitables morroskos.
Ya sé, ya sé que las intenciones de Tereixa no iban por ahí, pero no he sacado las cosas de quicio. La redactora no quería decir eso, pero ¿se puede saber qué carajo quería decir?
Concluyo haciendo votos para que en el momento en que Tereixa Constenla deje de teclear haga otra cosa: cesar de dejar de leer la «Crítica de la Razón Práctica», donde, creo yo, dejará de no encontrar unas atinadas pautas de enjuiciamiento de la conducta ajena.
En general, creo que los juicios de intenciones son un grave pecado y una descortesía para con los demás. Sin embargo, no soy capaz de enjuiciar esta serie de reportajes si no es practicando esta misma descortesía. Porque unos textos tan inanes, tan insípidos, tan inofensivos y acaramelados no son justificables en un periódico «de referencia»; ni siquiera son explicables si no es partiendo de los propósitos del autor.
Me explicaré mejor si intento glosar la primera frase de la entradilla (vulgo «lead») del primero de los reportajes: «Nadie quiere echar las campanas al vuelo, pero desde hace tres años, los vascos respiran mejor y ríen más». Sin duda, lo más relevante, el único dato cierto e inapelable que nos ofrece la frase es temporal, «desde hace tres años». Notemos que para Tereixa el momento relevante de cambio no es la declaración de tregua indefinida de ETA, sino el momento desde el cual no comete asesinatos. Podríamos iniciar una discusión acerca de si verdaderamente podemos afirmar que ETA ha dejado sonreír a los vascos a lo largo de los últimos tres años, pero me interesa ceñirme a un plano, si se quiere, más formal.
La versión jocosa de la novela «La conciencia de Zeno» es el chiste que dice así: «dejar de fumar es facilísimo; ¡yo lo hago veinte veces al día!». La versión trágica es la ofrecida en su entradilla por Tereixa Constenla. ¿Qué hizo ETA hace tres años? Dejar de matar, ¡cómo no darse cuenta! Irrebatible lógica, pero que no repara en que ETA dejó de matar en el justo momento en que mataba a Bonifacio Martín y a Julián Embid. Como dos caras de una misma moneda, la realización de un acto independiente y la omisión del mismo se dan la mano en el instante en que el acto termina de realizarse. ¿Perogrullada? Pregúntenselo a Tereixa. Si aceptamos la docta sentencia de la redactora, podemos calcular en aproximadamente ochocientas las ocasiones en que ETA ha dejado de matar. Lo cual supone una irreprochable voluntad de paz que ni usted, amigo lector, ni yo podemos acreditar. Hale, ya hemos convertido a ETA en los campeones de la no violencia. Debo decir que yo, en este momento, tecleo en el ordenador; cuando deje de hacerlo, habré dejado de hacerlo. ¿Es otra perogrullada? Pero hay más. Mientras tecleo no miro la televisión, ni leo a Kant, ni hojeo el periódico, ni, claro es, estoy asesinando a nadie. Pero claro, como no soy Txapote, explico estas cosas y la gente se ríe de mí.
A ver si se me entiende: la realización u omisión del acto pueden ser más o menos relevantes, pero para el caso que estudiamos lo que nos interesa evaluar es el propósito del agente. Porque no hacerlo supone el riesgo de dejarnos llevar por la mera facticidad de la acción o de la omisión, no entender nada y escribir un reportaje para El País.
Por si acaso los párrafos anteriores aún resultan oscuros, tomemos la frasecita de marras y sustituyamos la locución adverbial «desde hace tres años» por «desde que ETA asesinó con una bomba a Bonifacio Martín y a Julián Embid» y veamos el resultado:
«Nadie quiere echar las campanas al vuelo, pero desde que ETA asesinó con una bomba a Bonifacio Martín y a Julián Embid, los vascos respiran mejor y ríen más»
Donde concluimos algo así como que, muerto el perro, se acabó la rabia: la causa de que el ambiente vasco estuviera enrarecido y de que los vascos rieran poco era nada menos que estos dos policías nacionales, cuya molestia presencia en Navarra ha sido erradicada, como la de más de ochocientas víctimas mortales, la de miles de heridos y amargados de por vida, y la de decenas de miles de emigrados a otros lugares del universo mundo, erradicada digo, con precisión de cirujano de hierro por los inevitables morroskos.
Ya sé, ya sé que las intenciones de Tereixa no iban por ahí, pero no he sacado las cosas de quicio. La redactora no quería decir eso, pero ¿se puede saber qué carajo quería decir?
Concluyo haciendo votos para que en el momento en que Tereixa Constenla deje de teclear haga otra cosa: cesar de dejar de leer la «Crítica de la Razón Práctica», donde, creo yo, dejará de no encontrar unas atinadas pautas de enjuiciamiento de la conducta ajena.
lunes, 3 de julio de 2006
Sin comentarios - Sen comentarios
[Aquí la víctima]
Me lo ha contado hoy mi amiga Xema. En el Telexornal de la Televisión de Galicia dijeron, más o menos, lo siguiente: «el accidente en el metro de Valencia ha causado más de treinta muertos. Tenemos una mala noticia: una de las víctimas era gallega».
lunes, 26 de junio de 2006
Para la dignidad
Si me preguntaran cuál de las noticias de hoy me parece más trascendental, si las reacciones instantáneas acerca de las últimas medidas judiciales contra ETA o la fusión entre Arcelor y Mittal, seguramente me decidiría por esta última. Sin embargo, nada hay tan modestamente humano como fijarnos más no en lo más importante, sino en aquello sobre lo que podamos intervenir con alguna certidumbre de que vaya a servir para algo, aunque sea definir nuestro estado de ánimo.
Que no sea lo más importante no quiere decir que sea inocente ni trivial. Las notorias y a veces desquiciadas reacciones de partidos, estamentos y grupos de toda laya acerca de los acontecimientos que afectan al proceso de paz vienen a indicarnos una de dos: que en la negociación con ETA nos van muchas cosas importantes; o que acabarán por irnos muchas cosas importantes a fuerza de sobreactuar.
Sin afán de entrar en detalles, voy a mirar dónde se encuentra cada uno de los actores en este momento.
El Gobierno, bajo el ahora afianzadísimo liderazgo de Zapatero, lleva anunciando extraoficialmente el próximo inicio de las conversaciones con los terroristas desde hace unas semanas; aunque, eso sí, en el Congreso sólo lo anunciará de pasada y sin debate. Exige a todos los demás partidos que confíen en su iniciativa, vale decir, que callen y contemplen los resultados de las negociaciones. El Presidente, en cada ocasión que se le presenta, hace votos por el consenso con el PP, aunque aún no consta esfuerzo alguno para reanudar los contactos con el principal partido de la oposición.
El Partido Popular, después de la curiosa impresión de derrota cosechada en el Debate sobre el Estado de la Nación, sintiéndose traicionado por los anuncios efectuados por Patxi López (que se va a reunir con Batasuna) y por el propio Zapatero, está esperando sentado a que el Gobierno haga alguna aproximación para manifestarse. Sentado, pero no callado: proclama no ya su desconfianza, sino su oposición en los más tronantes términos morales. Negociar en estas condiciones constituye una derrota. ¿No será cierto entonces que el Gobierno quiere pagar el precio político?
El poder judicial está especialmente divertido. Mientras los jueces de la Audiencia Nacional siguen sus procesos como si nada estuviera sucediendo, los fiscales, bajo el mandato del servicial (observad esta exacta descripción que une mando y obediencia) Conde Pumpido, se esfuerzan en modular las exigencias de aquéllos, con lo cual las medidas solicitadas por los fiscales acostumbran a ser sobrepasadas por los presidentes de las salas. Casi nada.
Y por fin nuestros distinguidos amigos, los chicos de la gasolina, las bombas, los secuestros, las extorsiones y los zutabes. El alto el fuego, para ellos, no alcanza a suspender los pagos del impuesto revolucionario ni a dejar de emplear los cócteles molotov como sólidos argumentos. No han variado un ápice su discurso, y responsabilizan como es su costumbre a todo el Estado por un posible retorno de ETA a la violencia. Convencidos como están de que en España la separación de poderes no es real (y acaso estén en lo cierto) o no debería serlo, encajan sus últimos disgustillos con los tribunales en el apartado del «debe» gubernamental. No hay más que verlos en las vistas públicas, con qué cortesía se portan y qué gravedad en el continente; casi se diría que no se han dedicado a matar a sangre fría a seres humanos.
Como ejemplo máximo del enrarecimiento del ambiente tenemos la extraña actitud de un medio de comunicación como El País. No pretendo hacer análisis tan agudos de sus artículos como los de Arcadi Espada, el hijo descarriado de la calle Miguel Yuste, pero comentaré alguna cosilla de las mías. En el suplemento dominical del 11 de junio pasado, el juez Fernando Grande-Marlaska era Rey por un Día con entrevista de Rosa Montero y todo. Tesonero e inteligente, justiciero y vasco, homosexual y al fin casado; por si fuera poco, atractivo y con dos botones de la camisa desabrochados. En fin, una joya del antiterrorismo patrio… hasta que diez días después actuó contra la red de extorsión de ETA. Al día siguiente de las detenciones, Ernesto Ekaizer pensaba que éstas probablemente se debían al ya cercano agotamiento de la sustitución que cumple, por el regreso de Garzón a su sala en la Audiencia Nacional. Más aún, en su editorial de ayer, el Periódico de Referencia del Estado Plurinacional le dedicaba estas líneas:
«(…) sin desmerecer para nada la sacrificada y tantas veces incomprendida labor de los jueces, éstos deben actual siempre con prudencia y conscientes de la realidad social»
Acaso esté forzando indebidamente el argumento del editorialista; pero ¿debo entender que hay actuaciones judiciales que son tenidas por inconvenientes? ¿Que hay que detener la acción de la justicia con el fin de que quienes deben dejar de matar no empiecen de nuevo a hacerlo? Tal como yo lo entiendo, una política judicial y penitenciaria generosa con los terroristas consiste en eliminar las rigurosas cláusulas de cumplimiento de las condenas que se les vienen aplicando a condición que haya un compromiso en contra de la violencia. Pero la aproximación de los presos a sus domicilios o la administración en ciertos casos de terceros grados no tienen nada que ver con que a los que han delinquido se les permita ir de rositas… No pretendo imponer el fiat iustitia et pereat mundus, pero la existencia de una negociación, por importante que sea, no puede significar que los delitos detectados no comporten penas. ¡Caray, se quiere dejar pasar a quienes extorsionan a los empresarios y a la vez nos quieren enchironar por cometer una infracción de tráfico! ¡Qué sentido de la proporcionalidad!
Parecido desconcierto y parecidas razones nos aportan el PNV y el PSE. Patxi López ahora tacha de «elucubraciones» a la investigación de una posible filtración por parte de agentes de la ley al entorno etarra, de manera que algunos habrían podido eludir la acción de la justicia. Yo preguntaría a Patxi: ¿y usted cómo sabe que son simples elucubraciones? En cuanto a la imputación de un alto cargo del PNV en la trama de extorsión (nada sorprendente si pensamos en el partido encargado de recoger las famosas nueces), los nacionalistas se han apresurado a hablar de «traca final» de Grande-Marlaska. En fin, que los argumentos jurídicos son combatidos con ataques personales o, en el mejor de los casos, con llamadas a la sensibilidad ante la nueva realidad social. Sólo falta que le llamen maricón: a todo llegaremos.
Mientras tanto, Zapatero, que se esfuerza en hacer ostentación del mando en la negociación, muestra una enorme distancia entre lo que dice y lo que hace. Ya me he referido a sus proclamados y no realizados esfuerzos por incorporar al PP a su consenso. Pues el otro día Rajoy le hizo en el Congreso una pregunta muy directa. ¿Qué hay de cierto en lo que ETA afirma de que hay compromisos adquiridos por el Gobierno?
«Mire usted, señor Rajoy, le voy a responder categóricamente puesto que entiendo que en esta fase del proceso que estamos viviendo todos los ciudadanos deben tener bien clara cuál es la postura del Gobierno que les representa. No hemos adquirido ni vamos a adquirir ningún compromiso con ETA ni con Batasuna porque estamos decididos a no poner precio político al fin de la violencia. Y, dicho esto, le ruego que en lo sucesivo haga uso de su sentido de la responsabilidad para que no interpele a este Gobierno cada vez que ETA haga afirmaciones o insinuaciones que sólo vienen a dificultar el necesario consenso y la confianza que debemos mantener todos los demócratas y que yo me comprometo a perseguir y blablablá…»
Esto es lo que debería, o podría, haber contestado el Presidente del Gobierno. Sin embargo, eludió la pregunta e hizo una llamada al sosiego, llamada que obra en mí una virtud contraria a la pretendida: la respuesta de Zapatero a mí me estremece.
Porque, en el fondo, la discusión palpitante no se refiere estrictamente al fin de la violencia, sino otra que interviene aparentemente en un sentido algo marginal, pero que es de una importancia radical. ¿Está este gobierno dispuesto a lograr con ETA un pacto que deje insatisfechos a unos diez millones de españoles? Y esta pregunta no deberíamos hacerla sólo los escépticos, sino también los partidarios del actual diálogo, si tienen buena voluntad y se dan cuenta de que el país no es sólo de quienes gobiernan y de sus simpatizantes.
Es posible que el Partido Popular esté demasiado encastillado en sus posiciones, pero el Gobierno debería esforzarse en serio, y antes que nada, por integrarlo en el consenso. Este esfuerzo todavía no se está dando. Y, recordemos, la capacidad de iniciativa gubernamental invocada constantemente por el propio Gobierno, el PSOE y el Grupo Prisa no debe ser usada sólo para tratar con los terroristas, sino también, ¡y sobre todo!, para construir un acuerdo perdurable sobre un asunto tan importante. El malestar expresado en la pasada manifestación de la AVT, el PP y la Cope acaso es minoritario (en cualquier caso es abundante), pero es real, y cuesta creer que una política de estado como es la antiterrorista se efectúe haciendo oídos sordos a ese descontento. Y debo insistir en lo de siempre: el responsable de un asesinato es quien aprieta el gatillo, no quien se niega a negociar con él; por eso debemos más atención y consideración a este último.
La amenaza de volver a las andadas también es violencia. La «verificación» debería tenerlo en cuenta, como los cócteles molotov o la persistencia de las extorsiones. Y, sobre todo, la paz en el País Vasco no puede ser la paz de Zapatero. Todos hemos sufrido, y mucho, por culpa de ETA y de las barbaridades que directa e indirectamente han provocado. Todos hemos padecido una vida pública contaminada y a menudo estupidizada por el terrorismo. Todos nos podemos sentir culpables por el GAL, que más que un crimen de estado es una patología de estado. Todos agonizamos y protestamos cuando asesinaron a Miguel Ángel Blanco. Y si las desdichas de una sociedad en su conjunto no cuentan, siempre se puede atender a una víctima nada sectaria como es Fernando Savater, quien en su último artículo pedía al Presidente que no tuviera tanta prisa, porque más importante que la paz es una paz sin amenazas y en libertad: una paz en condiciones, vaya. La necesidad de encarecer el papel de la dignidad es el reactivo de los ciudadanos ante los peligros de un proceso de paz que, de efectuarse imprudentemente, puede terminar en una democracia degradada; no es una mera satisfacción de la que podamos prescindir. Además, cuando por fin tenemos la sensación de estar ganando después de tantas penalidades…
Que no sea lo más importante no quiere decir que sea inocente ni trivial. Las notorias y a veces desquiciadas reacciones de partidos, estamentos y grupos de toda laya acerca de los acontecimientos que afectan al proceso de paz vienen a indicarnos una de dos: que en la negociación con ETA nos van muchas cosas importantes; o que acabarán por irnos muchas cosas importantes a fuerza de sobreactuar.
Sin afán de entrar en detalles, voy a mirar dónde se encuentra cada uno de los actores en este momento.
El Gobierno, bajo el ahora afianzadísimo liderazgo de Zapatero, lleva anunciando extraoficialmente el próximo inicio de las conversaciones con los terroristas desde hace unas semanas; aunque, eso sí, en el Congreso sólo lo anunciará de pasada y sin debate. Exige a todos los demás partidos que confíen en su iniciativa, vale decir, que callen y contemplen los resultados de las negociaciones. El Presidente, en cada ocasión que se le presenta, hace votos por el consenso con el PP, aunque aún no consta esfuerzo alguno para reanudar los contactos con el principal partido de la oposición.
El Partido Popular, después de la curiosa impresión de derrota cosechada en el Debate sobre el Estado de la Nación, sintiéndose traicionado por los anuncios efectuados por Patxi López (que se va a reunir con Batasuna) y por el propio Zapatero, está esperando sentado a que el Gobierno haga alguna aproximación para manifestarse. Sentado, pero no callado: proclama no ya su desconfianza, sino su oposición en los más tronantes términos morales. Negociar en estas condiciones constituye una derrota. ¿No será cierto entonces que el Gobierno quiere pagar el precio político?
El poder judicial está especialmente divertido. Mientras los jueces de la Audiencia Nacional siguen sus procesos como si nada estuviera sucediendo, los fiscales, bajo el mandato del servicial (observad esta exacta descripción que une mando y obediencia) Conde Pumpido, se esfuerzan en modular las exigencias de aquéllos, con lo cual las medidas solicitadas por los fiscales acostumbran a ser sobrepasadas por los presidentes de las salas. Casi nada.
Y por fin nuestros distinguidos amigos, los chicos de la gasolina, las bombas, los secuestros, las extorsiones y los zutabes. El alto el fuego, para ellos, no alcanza a suspender los pagos del impuesto revolucionario ni a dejar de emplear los cócteles molotov como sólidos argumentos. No han variado un ápice su discurso, y responsabilizan como es su costumbre a todo el Estado por un posible retorno de ETA a la violencia. Convencidos como están de que en España la separación de poderes no es real (y acaso estén en lo cierto) o no debería serlo, encajan sus últimos disgustillos con los tribunales en el apartado del «debe» gubernamental. No hay más que verlos en las vistas públicas, con qué cortesía se portan y qué gravedad en el continente; casi se diría que no se han dedicado a matar a sangre fría a seres humanos.
Como ejemplo máximo del enrarecimiento del ambiente tenemos la extraña actitud de un medio de comunicación como El País. No pretendo hacer análisis tan agudos de sus artículos como los de Arcadi Espada, el hijo descarriado de la calle Miguel Yuste, pero comentaré alguna cosilla de las mías. En el suplemento dominical del 11 de junio pasado, el juez Fernando Grande-Marlaska era Rey por un Día con entrevista de Rosa Montero y todo. Tesonero e inteligente, justiciero y vasco, homosexual y al fin casado; por si fuera poco, atractivo y con dos botones de la camisa desabrochados. En fin, una joya del antiterrorismo patrio… hasta que diez días después actuó contra la red de extorsión de ETA. Al día siguiente de las detenciones, Ernesto Ekaizer pensaba que éstas probablemente se debían al ya cercano agotamiento de la sustitución que cumple, por el regreso de Garzón a su sala en la Audiencia Nacional. Más aún, en su editorial de ayer, el Periódico de Referencia del Estado Plurinacional le dedicaba estas líneas:
«(…) sin desmerecer para nada la sacrificada y tantas veces incomprendida labor de los jueces, éstos deben actual siempre con prudencia y conscientes de la realidad social»
Acaso esté forzando indebidamente el argumento del editorialista; pero ¿debo entender que hay actuaciones judiciales que son tenidas por inconvenientes? ¿Que hay que detener la acción de la justicia con el fin de que quienes deben dejar de matar no empiecen de nuevo a hacerlo? Tal como yo lo entiendo, una política judicial y penitenciaria generosa con los terroristas consiste en eliminar las rigurosas cláusulas de cumplimiento de las condenas que se les vienen aplicando a condición que haya un compromiso en contra de la violencia. Pero la aproximación de los presos a sus domicilios o la administración en ciertos casos de terceros grados no tienen nada que ver con que a los que han delinquido se les permita ir de rositas… No pretendo imponer el fiat iustitia et pereat mundus, pero la existencia de una negociación, por importante que sea, no puede significar que los delitos detectados no comporten penas. ¡Caray, se quiere dejar pasar a quienes extorsionan a los empresarios y a la vez nos quieren enchironar por cometer una infracción de tráfico! ¡Qué sentido de la proporcionalidad!
Parecido desconcierto y parecidas razones nos aportan el PNV y el PSE. Patxi López ahora tacha de «elucubraciones» a la investigación de una posible filtración por parte de agentes de la ley al entorno etarra, de manera que algunos habrían podido eludir la acción de la justicia. Yo preguntaría a Patxi: ¿y usted cómo sabe que son simples elucubraciones? En cuanto a la imputación de un alto cargo del PNV en la trama de extorsión (nada sorprendente si pensamos en el partido encargado de recoger las famosas nueces), los nacionalistas se han apresurado a hablar de «traca final» de Grande-Marlaska. En fin, que los argumentos jurídicos son combatidos con ataques personales o, en el mejor de los casos, con llamadas a la sensibilidad ante la nueva realidad social. Sólo falta que le llamen maricón: a todo llegaremos.
Mientras tanto, Zapatero, que se esfuerza en hacer ostentación del mando en la negociación, muestra una enorme distancia entre lo que dice y lo que hace. Ya me he referido a sus proclamados y no realizados esfuerzos por incorporar al PP a su consenso. Pues el otro día Rajoy le hizo en el Congreso una pregunta muy directa. ¿Qué hay de cierto en lo que ETA afirma de que hay compromisos adquiridos por el Gobierno?
«Mire usted, señor Rajoy, le voy a responder categóricamente puesto que entiendo que en esta fase del proceso que estamos viviendo todos los ciudadanos deben tener bien clara cuál es la postura del Gobierno que les representa. No hemos adquirido ni vamos a adquirir ningún compromiso con ETA ni con Batasuna porque estamos decididos a no poner precio político al fin de la violencia. Y, dicho esto, le ruego que en lo sucesivo haga uso de su sentido de la responsabilidad para que no interpele a este Gobierno cada vez que ETA haga afirmaciones o insinuaciones que sólo vienen a dificultar el necesario consenso y la confianza que debemos mantener todos los demócratas y que yo me comprometo a perseguir y blablablá…»
Esto es lo que debería, o podría, haber contestado el Presidente del Gobierno. Sin embargo, eludió la pregunta e hizo una llamada al sosiego, llamada que obra en mí una virtud contraria a la pretendida: la respuesta de Zapatero a mí me estremece.
Porque, en el fondo, la discusión palpitante no se refiere estrictamente al fin de la violencia, sino otra que interviene aparentemente en un sentido algo marginal, pero que es de una importancia radical. ¿Está este gobierno dispuesto a lograr con ETA un pacto que deje insatisfechos a unos diez millones de españoles? Y esta pregunta no deberíamos hacerla sólo los escépticos, sino también los partidarios del actual diálogo, si tienen buena voluntad y se dan cuenta de que el país no es sólo de quienes gobiernan y de sus simpatizantes.
Es posible que el Partido Popular esté demasiado encastillado en sus posiciones, pero el Gobierno debería esforzarse en serio, y antes que nada, por integrarlo en el consenso. Este esfuerzo todavía no se está dando. Y, recordemos, la capacidad de iniciativa gubernamental invocada constantemente por el propio Gobierno, el PSOE y el Grupo Prisa no debe ser usada sólo para tratar con los terroristas, sino también, ¡y sobre todo!, para construir un acuerdo perdurable sobre un asunto tan importante. El malestar expresado en la pasada manifestación de la AVT, el PP y la Cope acaso es minoritario (en cualquier caso es abundante), pero es real, y cuesta creer que una política de estado como es la antiterrorista se efectúe haciendo oídos sordos a ese descontento. Y debo insistir en lo de siempre: el responsable de un asesinato es quien aprieta el gatillo, no quien se niega a negociar con él; por eso debemos más atención y consideración a este último.
La amenaza de volver a las andadas también es violencia. La «verificación» debería tenerlo en cuenta, como los cócteles molotov o la persistencia de las extorsiones. Y, sobre todo, la paz en el País Vasco no puede ser la paz de Zapatero. Todos hemos sufrido, y mucho, por culpa de ETA y de las barbaridades que directa e indirectamente han provocado. Todos hemos padecido una vida pública contaminada y a menudo estupidizada por el terrorismo. Todos nos podemos sentir culpables por el GAL, que más que un crimen de estado es una patología de estado. Todos agonizamos y protestamos cuando asesinaron a Miguel Ángel Blanco. Y si las desdichas de una sociedad en su conjunto no cuentan, siempre se puede atender a una víctima nada sectaria como es Fernando Savater, quien en su último artículo pedía al Presidente que no tuviera tanta prisa, porque más importante que la paz es una paz sin amenazas y en libertad: una paz en condiciones, vaya. La necesidad de encarecer el papel de la dignidad es el reactivo de los ciudadanos ante los peligros de un proceso de paz que, de efectuarse imprudentemente, puede terminar en una democracia degradada; no es una mera satisfacción de la que podamos prescindir. Además, cuando por fin tenemos la sensación de estar ganando después de tantas penalidades…
lunes, 5 de junio de 2006
Democratic Life in Catalonia i en Espanya
En el civilizadísimo oasis catalán ya no es sorprendente que hoy hayan pegado a Arcadi Espada. Los aguerridos maulets que hace años arrojaban huevos a Vidal-Quadras en la diada, que ahora revientan, disfrazados de falangistas, las charlas organizadas por Ciutadans de Catalunya, que atacan en las manifestaciones o en Sant Jordi a los representantes del PP, que amenazan de muerte a quienes se oponen a las posiciones oficiales… Estas criaturas no es que sean siempre las mismas, pero son hijas de la misma cosa: el nacionalismo. No conozco otra ideología que haya recurrido, en nuestra historia democrática, a la violencia.
Sí, ya lo sé: no todos los nacionalistas insultan, agreden y matan. Pero la inversa es absolutamente cierta: los que insultan, agreden y matan (etarras, maulets, gudaris de la kale borroka, guerrilheiros do pobo galego, falangistas, especímenes del Batallón Vasco Español) son siempre, siempre, siempre nacionalistas. Es lo que viene a explicarnos esta contribución de Javier Maqueda, senador por el PNV, a una antología de la paremiología: «el que no se sienta nacionalista ni quiera a lo suyo no tiene derecho a vivir». Pues ya me puedo ir preparando a renunciar al derecho a la vida, un derecho que, eso sí, acaso disfruten en breve los grandes simios.
A mí esto me da motivos para pensar. No sé a ti.
Sí, ya lo sé: no todos los nacionalistas insultan, agreden y matan. Pero la inversa es absolutamente cierta: los que insultan, agreden y matan (etarras, maulets, gudaris de la kale borroka, guerrilheiros do pobo galego, falangistas, especímenes del Batallón Vasco Español) son siempre, siempre, siempre nacionalistas. Es lo que viene a explicarnos esta contribución de Javier Maqueda, senador por el PNV, a una antología de la paremiología: «el que no se sienta nacionalista ni quiera a lo suyo no tiene derecho a vivir». Pues ya me puedo ir preparando a renunciar al derecho a la vida, un derecho que, eso sí, acaso disfruten en breve los grandes simios.
A mí esto me da motivos para pensar. No sé a ti.
domingo, 4 de junio de 2006
Carta de Hannah Arendt

He accedido a esta carta abierta, publicada por Hannah Arendt y por otros el 4 de diciembre de 1948 en el New York Times, en una versión francesa. Como ejercicio para mí mismo la traduje, y ahora la publico aquí para que veáis cómo no tenemos motivos para dejarnos amedrentar por quienes llaman antisemitas a los que criticamos o aborrecemos la política de exterminio efectuada por el Estado de Israel.
Lo que nos da este breve texto es un buen ejemplo de la actitud de esta intelectual judía que hubo de exiliarse de su Alemania natal: su empeño en conseguir que los hombres («no El Hombre») sean dignos, su aguda sensibilidad para detectar el totalitarismo hasta en los territorios ideológicos más cercanos; su clarividencia política, que tanto me recuerda a la de ese otro hombre decente, Albert Camus. Basta proyectar lo que decían en su momento unos cuantos años hacia delante para comprobar hasta qué punto acertaban. Cuanto más aprendo acerca de la agitada vida moral de occidente durante la posguerra, más admiro estas conductas.
Algunas aclaraciones:
Pocos meses antes de la publicación de esta carta, el 14 de mayo de 1948, se había proclamado Israel como república independiente y soberana. Desde la misma fundación se había desarrollado una guerra permanente entre israelíes y árabes en la que mediaron, sin éxito, las Naciones Unidas a través de su enviado, el conde Bernadotte, quien acabó asesinado por la banda sionista Lehi en septiembre de ese mismo 1948.
El Gang de Stern agrupaba a las organizaciones paramilitares Haganah, Lehi e IZL y se concentraba principalmente en los ataques terroristas contra los británicos. Como obra maestra de su ejecutoria cabe recordar el atentado con bomba en el hotel Rey David de Jerusalén en julio de 1946, que acabó con 91 víctimas mortales, la mayoría civiles, entre árabes, británicos, judíos y otros.
Arendt se extiende en algunas consideraciones acerca de Menahem Begin y su partido. Recordemos que Begin acabó, al cabo de los años, fundando el Likud y, admirémonos todos, ganando el Premio Nobel de la Paz en 1978 gracias a la conciliación negociada con Egipto. Lecciones de la historia.
Hannah Arendt
LA VISITA DE MENAHEM BEGIN Y LOS OBJETIVOS DE SU MOVIMIENTO POLÍTICO
Entre los fenómenos políticos contemporáneos capaces de suscitar la mayor inquietud es preciso incluir el nacimiento del Partido de la Libertad (Triu’at Haherut) en el recién fundado Estado de Israel. En su estructura organizativa, en sus métodos, en su filosofía política y en su poder de persuasión social este partido se revela muy próximo a los partidos nacionalsocialistas y fascistas. Se ha formado a partir de miembros y de militantes del antiguo Irgun Zvai Leumi, una organización terrorista, encendidamente nacionalista y de extrema derecha de Palestina.
La actual visita efectuada por Menahem Begin, cabeza de este partido, a los Estados Unidos supone preparar las próximas elecciones en Israel dando la impresión de que los Estados Unidos lo sostienen, y ha de reforzar los lazos establecidos con los círculos sionistas conservadores de los EEUU. Un cierto número de americanos que gozan de renombre en los círculos influyentes del país ya han permitido utilizar su nombre para agasajar a Begin con motivo de esta visita. Ahora bien, es inconcebible que, si se les ha informado de una manera fiable acerca del pasado político y de las ideas políticas de Begin, quienes se oponen al fascismo en todo el mundo hayan prestado su nombre y su apoyo al movimiento que éste representa.
Antes de que se produzcan consecuencias irreparables en forma de ayuda financiera y de declaraciones públicas a favor de Begin, antes de que se produzca en Palestina la impresión de que una gran parte de América apoya a elementos fascistas en Israel, América debe ser informada del pasado y de los objetivos de Begin y de su movimiento.
Las declaraciones públicas del partido de Begin no anuncian nada en absoluto acerca de su verdadero carácter. Hoy en día se trata de la libertad, de la democracia y del antiimperialismo, mientras que aún hace poco estas declaraciones propagaban la doctrina de un estado fascista. Los actos revelan más la verdadera naturaleza terrorista del partido: sobre la base de su actividad práctica pasada, se puede juzgar mejor lo que cabe esperar de éste en el porvenir.
Ataque a una población árabe
Un ejemplo chocante de esta actividad fue el acontecido en la población árabe de Deir Yasín. Este pueblo aislado, rodeado por tierras pertenecientes a judíos, no había participado en la guerra e incluso había impedido el acceso a las bandas árabes que se querían servir de él como una base para sus incursiones. El 9 de abril, según el New York Times, bandas de terroristas atacaron este pueblo apacible que no representaba un objetivo militar, y dieron muerte a la mayoría de sus habitantes —240 hombres, mujeres y niños—; dejaron con vida a algunos para hacerles desfilar como prisioneros por las calles de Jerusalén. Este acontecimiento aterró a la gran masa de la comunidad judía y la Jewish Agency dirigió un telegrama de disculpas al rey Abdallah de Jordania. Pero, lejos de avergonzarse de su fechoría, los terroristas se enorgullecían de la masacre, se exhibían en público e invitaban a todos los corresponsales de los medios extranjeros presentes en Israel a visitar los montones de cadáveres y los destrozos que habían provocado en Deir Yasín.
Lo sucedido allí ilustra el carácter y la actividad del Partido de la Libertad.
En el seno de la comunidad judía, este partido ha adoptado una ideología compuesta a partir del ultranacionalismo, del misticismo religioso y de una propaganda de superioridad racial. Como otros partidos fascistas, se dedicó a romper huelgas y exigió la destrucción de los sindicatos libres. Estos sindicatos, según ellos, habrían de ser reemplazados por agrupaciones corporativas siguiendo el modelo del fascismo italiano.
Durante los últimos años de violencias esporádicas efectuadas contra los británicos, el IZL y el Gang de Stern, edificaron una verdadera dominación terrorista entre las poblaciones judías de Palestina. Educadores acabaron en el hospital porque tomaron posición en su contra. Adultos fueron asesinados porque prohibían a sus hijos unirse a estos grupos. Al multiplicar las trifulcas, las roturas de vidrios y las agresiones individuales, los terroristas aplicaron los métodos de los gángsteres para intimidar a la población y para hacerse con importantes tributos mediante la extorsión.
Los miembros del Partido de la Libertad no han participado en lo que se construye en Israel. No han trabajado para hacer cultivable la tierra, no han construido viviendas: se limitan a poner en peligro los esfuerzos defensivos de los inmigrantes. Los intentos de estimular la inmigración, de los que no han cesado de jactarse, se quedan en insignificantes y se dirigen esencialmente a atraer acólitos fascistas de su calaña.
Contradicciones manifiestas
Las contradicciones que se pueden extraer entre las audaces afirmaciones de Begin y de su partido y la realidad de sus pasadas acciones en Palestina, demuestran claramente que no se trata de un partido político tal como se entiende habitualmente. Estas contradicciones son el signo irrefutable de que se trata de un partido fascista para el cual el terrorismo (dirigido a la vez contra los judíos, los árabes y los británicos) y la falsificación de la realidad son los medios apropiados para crear un estado dictatorial («Führerstaat»).
Todo lo que antecede hace indispensable que en este país se conozca la verdad acerca de Begin y de su movimiento. Es aún más trágico que los dirigentes del sionismo americano hayan rechazado manifestarse contra sus manejos o, siquiera, exponer a los miembros de su comunidad los peligros que amenazan a Israel si este país le apoya.
Ésta es la razón de que los abajo firmantes hayan recurrido a la publicación de algunos antecedentes bien establecidos referentes a Begin y a su partido, con el fin de animar a todas las personas afectadas a no apoyar esta expresión, la más reciente, del fascismo.
Lo que nos da este breve texto es un buen ejemplo de la actitud de esta intelectual judía que hubo de exiliarse de su Alemania natal: su empeño en conseguir que los hombres («no El Hombre») sean dignos, su aguda sensibilidad para detectar el totalitarismo hasta en los territorios ideológicos más cercanos; su clarividencia política, que tanto me recuerda a la de ese otro hombre decente, Albert Camus. Basta proyectar lo que decían en su momento unos cuantos años hacia delante para comprobar hasta qué punto acertaban. Cuanto más aprendo acerca de la agitada vida moral de occidente durante la posguerra, más admiro estas conductas.
Algunas aclaraciones:
Pocos meses antes de la publicación de esta carta, el 14 de mayo de 1948, se había proclamado Israel como república independiente y soberana. Desde la misma fundación se había desarrollado una guerra permanente entre israelíes y árabes en la que mediaron, sin éxito, las Naciones Unidas a través de su enviado, el conde Bernadotte, quien acabó asesinado por la banda sionista Lehi en septiembre de ese mismo 1948.
El Gang de Stern agrupaba a las organizaciones paramilitares Haganah, Lehi e IZL y se concentraba principalmente en los ataques terroristas contra los británicos. Como obra maestra de su ejecutoria cabe recordar el atentado con bomba en el hotel Rey David de Jerusalén en julio de 1946, que acabó con 91 víctimas mortales, la mayoría civiles, entre árabes, británicos, judíos y otros.
Arendt se extiende en algunas consideraciones acerca de Menahem Begin y su partido. Recordemos que Begin acabó, al cabo de los años, fundando el Likud y, admirémonos todos, ganando el Premio Nobel de la Paz en 1978 gracias a la conciliación negociada con Egipto. Lecciones de la historia.
Hannah Arendt
LA VISITA DE MENAHEM BEGIN Y LOS OBJETIVOS DE SU MOVIMIENTO POLÍTICO
Entre los fenómenos políticos contemporáneos capaces de suscitar la mayor inquietud es preciso incluir el nacimiento del Partido de la Libertad (Triu’at Haherut) en el recién fundado Estado de Israel. En su estructura organizativa, en sus métodos, en su filosofía política y en su poder de persuasión social este partido se revela muy próximo a los partidos nacionalsocialistas y fascistas. Se ha formado a partir de miembros y de militantes del antiguo Irgun Zvai Leumi, una organización terrorista, encendidamente nacionalista y de extrema derecha de Palestina.
La actual visita efectuada por Menahem Begin, cabeza de este partido, a los Estados Unidos supone preparar las próximas elecciones en Israel dando la impresión de que los Estados Unidos lo sostienen, y ha de reforzar los lazos establecidos con los círculos sionistas conservadores de los EEUU. Un cierto número de americanos que gozan de renombre en los círculos influyentes del país ya han permitido utilizar su nombre para agasajar a Begin con motivo de esta visita. Ahora bien, es inconcebible que, si se les ha informado de una manera fiable acerca del pasado político y de las ideas políticas de Begin, quienes se oponen al fascismo en todo el mundo hayan prestado su nombre y su apoyo al movimiento que éste representa.
Antes de que se produzcan consecuencias irreparables en forma de ayuda financiera y de declaraciones públicas a favor de Begin, antes de que se produzca en Palestina la impresión de que una gran parte de América apoya a elementos fascistas en Israel, América debe ser informada del pasado y de los objetivos de Begin y de su movimiento.
Las declaraciones públicas del partido de Begin no anuncian nada en absoluto acerca de su verdadero carácter. Hoy en día se trata de la libertad, de la democracia y del antiimperialismo, mientras que aún hace poco estas declaraciones propagaban la doctrina de un estado fascista. Los actos revelan más la verdadera naturaleza terrorista del partido: sobre la base de su actividad práctica pasada, se puede juzgar mejor lo que cabe esperar de éste en el porvenir.
Ataque a una población árabe
Un ejemplo chocante de esta actividad fue el acontecido en la población árabe de Deir Yasín. Este pueblo aislado, rodeado por tierras pertenecientes a judíos, no había participado en la guerra e incluso había impedido el acceso a las bandas árabes que se querían servir de él como una base para sus incursiones. El 9 de abril, según el New York Times, bandas de terroristas atacaron este pueblo apacible que no representaba un objetivo militar, y dieron muerte a la mayoría de sus habitantes —240 hombres, mujeres y niños—; dejaron con vida a algunos para hacerles desfilar como prisioneros por las calles de Jerusalén. Este acontecimiento aterró a la gran masa de la comunidad judía y la Jewish Agency dirigió un telegrama de disculpas al rey Abdallah de Jordania. Pero, lejos de avergonzarse de su fechoría, los terroristas se enorgullecían de la masacre, se exhibían en público e invitaban a todos los corresponsales de los medios extranjeros presentes en Israel a visitar los montones de cadáveres y los destrozos que habían provocado en Deir Yasín.
Lo sucedido allí ilustra el carácter y la actividad del Partido de la Libertad.
En el seno de la comunidad judía, este partido ha adoptado una ideología compuesta a partir del ultranacionalismo, del misticismo religioso y de una propaganda de superioridad racial. Como otros partidos fascistas, se dedicó a romper huelgas y exigió la destrucción de los sindicatos libres. Estos sindicatos, según ellos, habrían de ser reemplazados por agrupaciones corporativas siguiendo el modelo del fascismo italiano.
Durante los últimos años de violencias esporádicas efectuadas contra los británicos, el IZL y el Gang de Stern, edificaron una verdadera dominación terrorista entre las poblaciones judías de Palestina. Educadores acabaron en el hospital porque tomaron posición en su contra. Adultos fueron asesinados porque prohibían a sus hijos unirse a estos grupos. Al multiplicar las trifulcas, las roturas de vidrios y las agresiones individuales, los terroristas aplicaron los métodos de los gángsteres para intimidar a la población y para hacerse con importantes tributos mediante la extorsión.
Los miembros del Partido de la Libertad no han participado en lo que se construye en Israel. No han trabajado para hacer cultivable la tierra, no han construido viviendas: se limitan a poner en peligro los esfuerzos defensivos de los inmigrantes. Los intentos de estimular la inmigración, de los que no han cesado de jactarse, se quedan en insignificantes y se dirigen esencialmente a atraer acólitos fascistas de su calaña.
Contradicciones manifiestas
Las contradicciones que se pueden extraer entre las audaces afirmaciones de Begin y de su partido y la realidad de sus pasadas acciones en Palestina, demuestran claramente que no se trata de un partido político tal como se entiende habitualmente. Estas contradicciones son el signo irrefutable de que se trata de un partido fascista para el cual el terrorismo (dirigido a la vez contra los judíos, los árabes y los británicos) y la falsificación de la realidad son los medios apropiados para crear un estado dictatorial («Führerstaat»).
Todo lo que antecede hace indispensable que en este país se conozca la verdad acerca de Begin y de su movimiento. Es aún más trágico que los dirigentes del sionismo americano hayan rechazado manifestarse contra sus manejos o, siquiera, exponer a los miembros de su comunidad los peligros que amenazan a Israel si este país le apoya.
Ésta es la razón de que los abajo firmantes hayan recurrido a la publicación de algunos antecedentes bien establecidos referentes a Begin y a su partido, con el fin de animar a todas las personas afectadas a no apoyar esta expresión, la más reciente, del fascismo.
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