martes 25 de marzo de 2008
Inesperada lección de ética (periodística)
El artículo ya está plantado en los jardines ajenos. Que nadie se lo pierda por ningún motivo; mañana, la traducción -tengo que practicar un poco-. De nada.
viernes 7 de marzo de 2008
¿Y tú con quién vas?
miércoles 13 de febrero de 2008
Mikel Buesa en el Ateneo de Ourense: “Las organizaciones terroristas saben que no pueden vencer al Estado; lo que procuran es su desistimiento”
Pasó entonces a examinar la actitud del Gobierno de Zapatero respecto al terrorismo, orientada hacia la negociación desde su llegada al poder. Buesa propuso tres motivos hipotéticos que explicarían la adopción de esta nueva postura. La primera de ellas sería la influencia de intelectuales cercanos al Presidente como el politólogo Ignacio Sánchez Cuenca, autor de ETA contra el Estado, quien propone, basándose en principios de la teoría de juegos, la concesión de objetivos políticos a la banda terrorista como estrategia eficaz para el fin de la violencia. La concepción de este profesor “explica a Zapatero un terrorismo nacionalista que hasta entonces no sabía afrontar”, e influye notablemente a miembros prominentes del PSE como Jesús Eguiguren.
La segunda razón consistiría en la presión a la que el Presidente del Gobierno se vio sometido al gobernar en minoría. Sus pactos con grupos como PNV, EA, IU o ERC, para los que Batasuna y ETA ya se habían convertido en interlocutores, supusieron también “un aval” para la nueva política propuesta por Zapatero.
El ponente realizó una valoración de los resultados de la negociación. A pesar de la declaración aprobada en mayo de 2005 permitiendo los contactos con ETA en ausencia de violencia, nunca se realizó una verificación pública de la renuncia a los métodos terroristas. Desde el comienzo de la negociación se han contabilizado 15 oleadas de cartas de extorsión, 800 actos de terrorismo callejero que han terminado con una víctima mortal, 37 heridos y siete millones de euros de pérdidas materiales; mayo de 2007 fue el mes de mayor violencia, provocando la renuncia de cargos electos de unos veinte ayuntamientos y permitiendo así el acceso de ANV a alcaldías para las que no había conseguido votos suficientes.
Mikel Buesa denunció también la ruptura de la homogeneidad de trato por parte de los fiscales —dependientes del Gobierno— hacia las víctimas del terrorismo. En esta legislatura, siempre a instancias de las fiscalías, se ha fijado la mayor indemnización por un atentado para un diputado socialista (tres millones de euros para Eduardo Madina, quien perdió una pierna en un atentado) mientras que en el juicio por los atentados de marzo de 2004 en Madrid las víctimas que sufrieron secuelas físicas de mayor gravedad han recibido un millón y medio de euros.
martes 12 de febrero de 2008
Zapatero no se equivoca
miércoles 6 de febrero de 2008
Con la iglesia hemos topao
Es curioso comprobar cómo hay críticos muy rígidos de la teocracia islamista que, cuando la jerarquía católica interviene en el debate político, abjuran por un momento de su rigidez y defienden la libertad de expresión de los obispos.Pues no, señor Espada, no pueden entrar en un mismo saco un régimen teocrático y la intervención política de la jerarquía católica en una democracia liberal. La Conferencia Episcopal hace uso de sus libertades cuando dice lo que le da la gana en un país donde cuenta con adeptos, contrarios e indiferentes. Mientras tanto, en los países islámicos los habitantes disponen de una sola receta religiosa, moral y cívica. Son problemas muy distintos. Por mi parte, podré entrar a debatir con los obispos cuando no esté de acuerdo con ellos (vale decir, casi siempre), aunque defenderé su interés en influir, siempre que sea educadamente, en la sociedad a la que pertenecen, como hago con todo el mundo.
Puestos a encontrar incoherencias, yo propongo esta otra:
Es curioso comprobar cómo hay críticos muy rígidos de las declaraciones políticas de la jerarquía católica que, cuando la Junta Islámica pide explícitamente el voto para su propio partido, abjuran por un momento de su furor laicista y no dicen ni pío.Creo recordar que ya me había pronunciado sobre el laicismo y la iglesia católica...
martes 29 de enero de 2008
Conferencia de Ricardo Moreno
Ricardo Moreno Bustillo, Catedrático de Instituto, Profesor Asociado de la Universidad Complutense y autor del Panfleto antipedagógico, inició ayer un ciclo de conferencias acerca de asuntos de actualidad organizado por UPyD en Ourense con una exposición sobre Las falacias de nuestro sistema educativo. Al acto, celebrado en el Ateneo de Ourense, asistieron más de doscientas personas.
La intervención comenzó con una revisión crítica del estado de la educación, sobre todo desde la reforma concretada por la LOGSE. "Es preciso reformar la enseñanza", afirmó, "más que innovarla". Para él, la formación de ciudadanos de un estado democrático ha de basarse en criterios y técnicas ya experimentadas y cuyo valor y eficacia han sido sancionadas históricamente por su uso.
Ricardo Moreno incidió en que, en una España donde nunca se habían dado mejores condiciones de prosperidad material y de libertad política, el ambiente en colegios e institutos ha degenerado y los resultados académicos resultan ser más pobres. Achacó el estado actual de cosas a la "jerga pedagógica" y a la manipulación de conceptos como el de motivación: "en principio, nadie está motivado para estudiar del mismo modo en que nadie está motivado para trabajar; es algo que se hace por obligación".
Explicó también que los autores de la actual reforma se defienden de sus críticos alegando que los profesores no la aplican adecuadamente. "Son argumentos que se asemejan mucho a los usados por los franquistas para descalificar a los que disentíamos del régimen dictatorial", afirmó para luego encarecer la labor de los docentes: "La mayoría de los profesores nos demoramos enseñando materias que no estamos obligados a impartir porque recibimos a alumnos que no han adquirido nociones imprescindibles para abordar el temario del curso".
Las falacias
Para el conferenciante, las falacias en las que se basa el sistema educativo público son las siguientes:
-A pesar de que la educación es un derecho, su conculcación (por ejemplo, a cargo de los alumnos que sabotean las clases) no puede sancionarse.
-La obligatoriedad de pertenecer al sistema educativo hasta los 16 años impide que un niño se encamine hacia el aprendizaje de un oficio desde los 12. En la práctica, los alumnos no pueden decidir sobre su propio futuro aunque sí sobre el de los demás.
-La creencia de que la enseñanza ha de bajar su calidad en aras de una mayor democratización.
-La pretensión de resolver simultáneamente dos problemas que sólo pueden abordarse consecutivamente: educar a quienes quieren estudiar y resolver lo que han de hacer quienes no quieren.
-El dogma del antiautoritarismo y la eliminación de un castigo proporcionado y razonado ante conductas indeseables del alumno. "Para educar también hay que frustrar y reprimir", porque no todos los comportamientos son admisibles en sociedad.
Por último, descartó analizar en términos ideológicos las bases de la LOGSE señalando que él sólo trataba de enfrentar el sentido común a "la estupidez".
lunes 21 de enero de 2008
Subvenciones high-class
Es una cita de Manuel Ramón Llamas, catedrático emérito de Hidrogeología, extraída de este interesante artículo de El País. Lo que me lleva a reproducirla es que, salvando las idiosincrasias y el tipo de subvención al que se alude, yo pienso exactamente igual respecto de los agricultores terracampinos.
Leguina no descansa
Vamos que, al final, van a tener razón los muy próximos a Rodríguez Zapatero cuando aseguran que el gran activo político del actual presidente del Gobierno es que "tiene muy buena suerte".
miércoles 16 de enero de 2008
Nuestra Agustina de Aragón
Solo quería decirte que no te pierdas la portada de este domingo de El semanal del periódico "El Mundo" (creo que es de ése; no estoy seguro, pero si no asegúrate). Ya me la comentarás, sale Rosa Díez. A mí me parece un exceso, pero aguardo impacientemente tu opinión. Un saludo.
Respuesta, 16 de enero de 2008:
Por fin he visto a nuestra Rosa disfrazada de Agustina de Aragón. Lo único que se me ocurre, amigo Gonzalo, es pensar en la confusión habitual entre información y espectáculo. Aquí van algunos matices que yo creo interesantes:

Si Rosa Díez tiene un defecto es el derivado de una personalidad muy extrovertida que le hace aproximarse a veces al límite del ridículo. En este caso, además, se dedica a rememorar la figura de Agustina intentando atraerse, a dos siglos vista, algunos de los atributos que se atribuyen a la primera: gallardía, liderazgo, valor y tal. Evidentemente, eso responde al concepto de sí misma que tiene Rosa, lo que me hace pensar en que los políticos con frecuencia deberían dejar en manos de los demás la cuestión de su imagen.
Tampoco quiero ser injusto. Rosa tiene muchas más cualidades muy positivas y siempre ha afrontado, en términos de coste incluso personal, los perjuicios que le ha traído mantener posturas políticas la mar de respetables.
Por último, piensa que la relación entre los medios de comunicación y las instancias que desean salir en los primeros es de puro chantaje: o sales en mi revista haciendo el indio o no sales. Y, no es por nada, de alguna manera hay que salvar el boicot mediático y financiero al que nos someten...
Un saludo enorme.
lunes 14 de enero de 2008
Modelo para (al)armar(la)
¿Se puede saber qué tengo de malo?
Todos contra Paulino Cubero
Han elegido tus versos, Paulino, pero no te arriendo la ganancia. Por eso te confío solemnemente toda mi solidaridad y te deseo toda la paciencia del mundo, que buena falta te va a hacer.
martes 18 de diciembre de 2007
Háganme caso y pasen una feliz Navidad

Vicente Verdú, en un artículo publicado hace un año, nos llamaba aguafiestas a los antinavideños y encarecía la fiesta aduciendo que la economía nacional se sostiene en buena parte gracias a los gastos disparatados asumidos por los consumidores (digamos que el consumidor es el resultante económico de la destilación del ser humano). Un argumento de primoroso utilitarismo, pero que ignora que a fin de cuentas el capital siempre encuentra la manera de moverse entre los millones de bolsillos del Leviatán.
No quiero irme por las ramas. Voy a pasar las fiestas en familia, pero muy lejos de España y con muchas cosas sobre las que pensar. A la vuelta a lo mejor hay algo interesante que contar. O no.
Aquí va mi mensaje. Sean felices en estas fechas. No es un deseo sino un consejo, porque quien es infeliz en Navidad es doblemente infeliz. Y lo digo en un tono ligero porque no ignoro que tener ilusión es mucho más importante que ser feliz.
Ah, y conozcan este villancico.
Diviértanse, pero no se rían
Fidel Castro, ayer.
lunes 17 de diciembre de 2007
miércoles 5 de diciembre de 2007
Culpas y responsabilidades
Boleros y tangos (tesis condensada)
martes 4 de diciembre de 2007
Dos películas
Hablar de una película entretenida y que da que pensar es fácil. La trama discurre alrededor de un caso de fraude e intoxicación masiva a cargo de una firma de fertilizantes químicos. Sin embargo, y para beneficio del espectador, la anécdota actúa meramente como un paisaje; importan mucho más los personajes, la red de intereses, motivaciones y conflictos que se abre ante nuestros ojos cuando surge una crisis inesperada.
Si hubiera de resumirse el todo en una tesis, ésta afirmaría que el trato con el mal, con la decisión éticamente incorrecta, suscita la degeneración de la persona. Karen Crowder (Tilda Swinton, a la que siempre me alegra ver en pantalla), la ejecutiva que desencadena conscientemente una atroz cadena de crímenes, vive al filo del ataque de pánico una existencia infeliz y solitaria. Arthur Edens, abogado dedicado durante años a marear la perdiz en beneficio de la empresa contaminante y de su bufete, ha de perder el juicio (¡enamorándose!) para recobrar el sentido moral. Michael Clayton, solucionador de problemas extraoficiales, a cambio de su dedicación de años al pasteleo recibe el desprecio de sus jefes, una insatisfacción crónica y una vida, intuimos, también muy solitaria.
Hay una escena memorable. Michael Clayton, en compañía de su hijo, tropieza con su espectral hermano Timmy, a quien debe buena parte de sus amarguras. Pasado el incómodo encuentro, a Michael le abruma el terror ante la perspectiva de que el futuro del niño acabe por parecerse al del tío drogadicto. Detiene el coche y asegura a su hijo, expresando más un deseo que una convicción, que ve en él una fuerza de la que el tío Timmy carece, que no es la clase de persona que desbarataría su vida de esa manera; ya que no puede evitar el riesgo, trata de conjurarlo. Este diálogo desvela con claridad la desesperación del padre y su voluntad de seguir siempre adelante.Sólo el final, inevitable peaje a pagar para que el espectador disfrute de un cierre a la trama de corrupción, mengua el interés que despierta el resto de una película muy correcta.
Beowulf meets Lara Croft
La última película de Zemeckis recoge el cantar de Beowulf y, tras aplicarle unos cuantos pases de guión para construir una trama más enteriza, nos lo presenta, sin miedo a la artificialidad de la imagen, en formato digital.
A pesar de que, como buena película CGI, lo maravilloso ocupe la pantalla buena parte del metraje, sorprende la cantidad e importancia de unos diálogos que no se limitan a un mero carácter enunciativo. La calidad del guión nos demuestra que se pretendía hacer una película adulta en un formato asociado al cine infantil —ahora llamado familiar—.
La pregunta se nos impone a todos al terminar de verla: ¿por qué hacer una película de animación digital para conservar los rasgos de los personajes, para esforzarse en recoger incluso los matices expresivos mediante un complejo y ultratecnológico método? ¿No se podía haber procurado una solución del estilo de 300? ¿No habría resultado más económico que los 150 millonazos declarados en su coste?
Cuando Umberto Eco afirmó que hacemos un uso masturbatorio de la tecnología no se refería al enorme negocio de la pornografía en Internet, sino a nuestra disposición a pasarnos largos ratos usando aparatos sin más propósito que el de disfrutar con su simple manipulación. Descontemos que la palabra “masturbatorio” para Eco contiene una carga peyorativa sin duda heredada de su educación en los colegios religiosos de los años 40 y preguntémonos si no tiene razón: ¿no es cierto que todos nosotros nos hemos dedicado horas y horas a manejar el ordenador sin obtener ninguna utilidad real, simplemente por el gusto de descubrirle aplicaciones y funciones nuevas y sorprendentes?
[En esta escena Beowulf pasa una noche en el museo de cera]
Es lo que le pasa a la productora, a Zemeckis y a todos los implicados con Beowulf. “Go wild!”, dijo el director a sus guionistas, “¡a lo loco!”, que el dinero no sea problema para hacer algo verdaderamente espectacular. Confían en que el logro tecnológico —ignorantes de que a fin de cuentas nuestra capacidad para maravillarnos ante los próximos hitos ya se nos ha estragado por culpa del incesante caudal de novedades con que Hollywood nos ahoga en todo momento— nos haga más interesante la experiencia cinematográfica, pero obligan a los espectadores a enfrentarse a texturas artificiales, movimientos caricaturescos (¡qué mal nadan los hombres, qué mal galopan los caballos!), colorines que evocan más certeramente un videojuego de última generación que una genuina ilusión de realidad, tal vez más lograda —y conseguida— en intentos del estilo de Final Fantasy. No desentona la aparición de la un tanto desabrigada Lara Croft incorporando a la madre de Grendel (los desnudos con píxeles no perturban nada, por si ésa fuera la intención), si consideramos el aspecto de Playstation que tiene toda la función.
Y todo esto, ¿con qué beneficio? Pues con el de permitirse largas tomas en las que se pase de planos de detalle a grandes panorámicas para volver a nuevos detalles, etcétera. Para lucirse, vaya. Por ejemplo, al comienzo se nos epata con un prolongadísimo movimiento del campo de visión desde la sala donde se celebra la fiesta, con especial atención a un par de ratas; una de ellas es capturada por una ave rapaz; la rata y el ave desaparecen (demostrando que su efímero protagonismo era completamente artificioso, una interpolación absurda), pero el movimiento de cámara continúa sin transiciones y a velocidad de vértigo, atravesando las secas y puntiagudas ramas de unos árboles cada vez más próximos a la guarida de Grendel, a quien entreveremos en otro detalle sufriendo por el ruido de los daneses jaraneros. Nada, nada, nada que no se hubiera podido resolver de manera más barata (en términos económicos y expresivos) con una sucesión de tomas que encadenasen la sala inicial y los paisajes sucesivos hasta llegar, por fin, a la cueva.
Si el propósito era escapar a las incómodas leyes del montaje y la fragmentación cinematográficos, el intento es fallido por dos motivos: primero, porque el montaje en el cine es el mayor proveedor de recursos expresivos, la contextura misma del lenguaje audiovisual; segundo —y relacionado con el primero—, porque el propio Zemeckis, con toda su presunción técnica, no puede renunciar al montaje. Ni a otras cosas: para dar una cierta apariencia de realidad, en la mayoría de los planos se desenfoca aquello que no se sitúa en primer término, tal como aparecería en una película de imagen real.
Lo dicho: ¿para qué?
lunes 3 de diciembre de 2007
Gaudeamus igitur ignaros dum sumus...
¿Y se puede saber cómo se tituló en la Universidad, y aun ingresó en ella, esa mayoría?
Hoy estoy contento
¿Qué podría ocurrirme condigno a mi alegría? Pues el ser por un día el sexto Jackson y bailar la robot routine con el bueno de Michael mientras canto Dancing Machine...
O cantar September con un falsete perfecto en compañía de Earth, Wind & Fire.
La felicidad, imagino, debe de ser abrumadoramente hortera.
jueves 22 de noviembre de 2007
Ha muerto Fernando Fernán Gómez

Una imagen para el recuerdo: La venganza de Don Mendo. La escojo porque viéndola lloré de risa, y reír es lo más parecido a la felicidad que he conocido. Como para estar agradecido, vaya.
lunes 19 de noviembre de 2007
Una aportación de Fale
Ayer Fale me dijo lo siguiente sobre un amigo suyo: "Lo que le pasa es que es una persona con criterio. Y tener criterio es algo muy conveniente para todo el mundo, menos para él".
Todavía me estoy riendo.
viernes 16 de noviembre de 2007
Juicio sobre Manuel Marín
Estoy de acuerdo en los dos juicios.
lunes 12 de noviembre de 2007
Ahí os quedáis: ilustres precedentes
Su Majestad el Rey se enfada y se las pira, pero esto no es original. Sarkozy ya lo había hecho. Y Fernando Delgado, María Antonia Iglesias y Rosa Regàs.
Y también Isabel San Sebastián.
Me acuerdo, claro, de Carme Chacón.
Por no hablar del más ilustre precedente: Chábeli Iglesias Preysler.
viernes 9 de noviembre de 2007
La inteligencia, la raza y Watson
Menuda marimorena. James Watson, todo un premio Nobel y descubridor de la disposición en forma de doble hélice de la estructura molecular del ADN, se ha mostrado escéptico respecto a una supuesta pusilanimidad que impide reconocer que no todos los grupos humanos han sido igualmente agraciados en sus facultades intelectuales. En consecuencia, todo un tumulto se ha desatado atizado por los medios de comunicación, concluyendo con la rectificación pública del ilustre biólogo y con su destitución de algún cómodo cargo honorario. A la mayoría le indignaron las declaraciones; unos pocos aludieron al escepticismo científico para que se examinasen en lo que aquéllas pudieran contener de verdad. En general, me quedo con la impresión de que pocos se molestaron en explicarse, siquiera a sí mismos, sus propias razones.
[Una tía con inteligencia]Como estos revuelos se repiten de vez en cuando, recordé los arrebatos pasados a consecuencia de la publicación en 1994 de The Bell Curve, libro en el cual Richard J. Herrnstein y Charles Murray desarrollaban científicamente parecidas ideas y la relación entre la inteligencia, su supuesta heredabilidad, el estatus social obtenido en las sociedades desarrolladas y los grupos étnicos. Como quiera que los autores afirmaban la diferencia entre etnias en el aspecto intelectual, se vivieron entonces pasiones parecidas a las contempladas hoy. Ángeles Caso, por ejemplo, hizo pie en sentimentalismos y en el peso de su furor para publicar en un dominical un tierno pero olvidable artículo cuya síntesis vendría a ser: “si no queremos que sea cierto, ¿cómo vamos a tolerar lo que afirman estos racistas?”. Estas líneas, espero, aportarán argumentos para que algunos sepan por qué deben pensar como piensan.
Aunque no nos resulte fácil definirla, guardamos un consenso práctico acerca de lo que es la inteligencia. Estamos acostumbrados a valorar a nuestros semejantes como personas más o menos espabiladas de una manera similar a como estimamos su belleza o su buena educación. No es algo mensurable, sin embargo, de la misma manera en que lo son la estatura, la masa corporal o la velocidad a la que se recorre una distancia. En estos casos hablamos de la simple medición de determinadas características según un criterio universal, como lo puede ser un metro de platino iridiado o un reloj en buena sincronía. Cuando se trata de la inteligencia, en cambio, nos referimos a la adecuación de las capacidades de una persona a un concepto, con todo lo que éste tiene de intangible y aún irreal; no nos permite clasificar a los individuos linealmente, como sí podríamos hacerlo por ejemplo siguiendo el criterio de la estatura. Es más: si preguntamos a alguien por qué considera a una persona como inteligente, ésta seguramente responderá con una suma de observaciones, tales como que comprende rápidamente los problemas a los que se enfrenta, que siempre sacó buenas notas sin estudiar gran cosa, que manifiesta una agudeza particular en su contemplación de la realidad, que habla con propiedad, que tiene buena memoria, que resuelve cálculos lógicos y matemáticos con facilidad o que completa los sudokus que la mayoría abandona. Pensamos, pues, en muchas facultades tal vez heterogéneas. Los tests de inteligencia proceden de una manera parecida. Se han fabricado concibiendo a priori cuáles son los factores relevantes para su estudio, y objetivándolos en una serie de ítems a los cuales se les conceden pesos diversos según la importancia que se les supone para una teórica capacidad global. El resultado total es producto de un determinado cálculo estadístico, esto es, un artificio y no una medición simple. Elevar este artificio a entidad biológica es un vicio de reificación o, dicho más filosóficamente, de hipóstasis.
El problema de la inteligencia es, como se ve, uno de los más espinosos de la psicología teórica y aplicada, y en particular de la psicometría. Tomemos, por ejemplo, la definición ofrecida por el excelente manual de Psicología de D. E. Papalia y Sally Wendkos Olds:
De esta definición me interesa destacar tres aspectos. El primero, la naturaleza mixta del concepto, su integración de herencia y ambiente. El segundo, el reconocimiento de la descomposición de la inteligencia en una serie, seguramente ampliable, de capacidades heterogéneas. El tercero, el principio teórico según el cual existe una única facultad que se expresa (“da como resultado”) en esa serie de capacidades. Los dos primeros, según lo hasta ahora sabido, son difícilmente atacables. Por el contrario, el tercero viene a asumir con excesiva candidez la existencia de una inteligencia global sin recordar su carácter de complejo teórico.

Todo se complica aún más cuando usamos en grupos artificialmente constituidos unos tests ideados para ser aplicados en individuos. En el caso que consideramos, se quiere agrupar a los individuos según criterios étnicos y raciales para proceder luego a una comparación entre colectivos. Antes de afrontar la pertinencia de dichos criterios, me permito reconocer que no se me ocurre ningún buen motivo por el cual sea interesante o conveniente establecer tales comparaciones, del mismo modo en que no deja de admirarme la coincidencia según la cual quien compara grupos étnicos siempre resulta ser defensor de la noción determinista de la inteligencia. Lo cual, a mi entender, delata importantes e indeseables prejuicios ideológicos en un tema en principio exclusivamente “científico”.Este determinismo se funda en determinados cálculos de la heredabilidad de la inteligencia. Descontando el hecho de que seguramente no podemos suponer tal capacidad en términos biológicamente definibles, estos coeficientes han sido producto de investigaciones falseadas, como lo eran la mayoría de los estudios que tomaban como sujetos a gemelos monocigóticos separados al nacer. Además, establecer una causalidad simple entre el “patrimonio genético” y una facultad tan volátil es sumamente complicado: algunos científicos calculan que en la inteligencia se inmiscuiría hasta un 40% de los genes de cada individuo, lo cual disminuye en mucho la posible heredabilidad de la aptitud y la validez de su carácter consecuente respecto de una determinada carga genética.

En este punto nos conviene recordar la diferencia entre genotipo y fenotipo. El genotipo, o estado de los genes de un individuo, es producto de la herencia. El fenotipo es conjunto de las propiedades morfológicas, fisiológicas y conductuales del individuo; siendo en buena medida una consecuencia del genotipo, se diferencia de éste en su naturaleza cambiante y en su constante desarrollo. Un individuo puede reunir en su genotipo las más favorables condiciones para ser un excelente atleta, pero su desarrollo como tal dependerá de que las desarrolle mediante el entrenamiento o de que siga una vida sedentaria, esto es, de la evolución de su fenotipo. Pues a este último ámbito es al que correspondería incluir la inteligencia. Esto, se debe insistir, no supone negar redondamente la influencia genética sino incidir, dada su condición derivativa, en su posible modificación.
El concepto de raza no nos ofrece mayores seguridades en su aplicación a la especie humana. De entrada, ahora sabemos que en poblaciones bien delimitadas hay tal variabilidad genética que incluso dentro de una misma familia podían comprenderse lo que antaño se entendían como razas distintas. Por ejemplo, en todas las poblaciones humanas se manifiestan todos los grupos sanguíneos, aunque se adviertan distintas proporciones dentro de los grupos. Para ayudar en la explicación de estos particulares nació el concepto de raza geográfica, definida como una “población de individuos diversos que se emparejan libremente entre sí, pero diferente de otras poblaciones en cuanto a las proporciones medias de diversos genes”. Como efecto de esta definición cualquier población local relativamente aislada se entiende como raza, lo cual, sumado a la gran variabilidad genética dentro de las poblaciones, conduce a que ya no puedan describirse prototipos raciales como los que exhibían las enciclopedias de antaño.
Distintos estudios han examinado la codificación genética de las proteínas en todos los grupos humanos —esto es, lo que verdaderamente determinan los genes—, con el resultado de que el 75% de los tipos de proteína son monomórficos, idénticos en todos los seres humanos. Si hay alguna diferencia entre poblaciones, debería hallarse en las proteínas polimórficas, presentadas en dos o más formas alternativas como ocurre, por ejemplo, con los grupos sanguíneos A, B y O. Se ha encontrado que ningún gen polimórfico —determinante de proteínas polimórficas—
discrimina tanto a un grupo como para que pueda ser considerado racial. Por tanto, las diferencias genéticas entre poblaciones humanas son insignificantes. Aún más: se sabe que la variabilidad genética dentro de los grupos es mucho mayor que fuera de ellos. Tan grande que, si un cataclismo acabara con toda la humanidad menos una sola población —constituida por, pongamos por ejemplo, aborígenes australianos—, esa comunidad aseguraría la preservación del 85% de la variabilidad genética humana. Lo cual nos lleva a que el concepto de raza humana sea rechazado por la inmensa mayoría de los científicos: de forma muy reveladora, más entre los biólogos que entre los antropólogos culturales. Los rasgos diferenciadores que permiten a algunos hablar de razas humanas son enteramente superficiales o se expresan en facultades o características simples. Y la inteligencia, sabemos, no es una facultad simple.
En apretado resumen de todo lo anterior, expuesto de manera acaso un tanto abstrusa: la inteligencia es un constructo originariamente teórico y aglutinante de capacidades tan diversas que son difícilmente unificables en un solo dato numérico; lo cual compromete tanto la postulación de una causalidad biológica simple como sus posibles heredabilidad e inmutabilidad; del mismo modo, la existencia de razas humanas sólo se sostiene siguiendo criterios superficiales o arbitrarios, lo que descalifica cualquier comparación entre colectivos, cuyo resultado seguramente expresará desigualdades de estatus socioeconómico y de riqueza ambiental y no diferencias genéticamente determinadas.Como se ve, fueron muchos los aspectos ignorados por el elemental, querido Watson cuando decidió meterse en semejante camisa de once varas. Aquí solamente se han señalado algunos. Es deseable que sirvan en la medida de nuestras posibilidades para quitarnos de encima esas malignas supersticiones de la inteligencia y de la raza en las que recaemos una y otra vez, y examinemos con claridad cuáles son los motivos últimos de nuestro regreso a prejuicios a veces aparentemente resguardados por argumentaciones científicas. Y propongo que nos decidamos de una buena vez a afrontar la pregunta más importante: ¿qué queremos hacer de nosotros mismos en el futuro? Creo que, una vez admitida la modestia del barro con el que estamos confeccionados, deberíamos inclinarnos por una constitución voluntarista de lo humano, más basada en lo que deberíamos ser que en lo que somos. Tal vez otro día me explique mejor a este respecto.
scargas eléctricas, la sobremedicación o la lobotomía. Y también me gustaría recordar que la teoría de la evolución, aplicada a las sociedades humanas, podría explicar cualquier cosa y su contrario, lo que nos debería invitar a la prudencia si queremos servirnos de ella para sancionar ciertos usos, por simpáticos que nos resulten, o actos de problemática moralidad. Un vicio al cual eran aficionados Herbert Spencer y Pekka Eric Auvinen, por ejemplo.Todo ese maravilloso volcán de emociones, sentimientos y pensamientos que definen a una persona, ¿se podrán algún día reducir a meras fórmulas bioquímicas?
No, no lo creo, y además no tendría ninguna utilidad. Hay partes del cerebro que realmente pueden ser descritas en términos bioquímicos y podemos describir cómo funcionan las neuronas, pero no podemos explicar que una persona se comporte de una determinada manera, porque eso depende de sus relaciones con los demás, de las influencias sociales y culturales que recibe. La complejidad del cerebro es tan enorme que resulta imposible describir lo que hacemos sólo en términos de reacciones bioquímicas o neuronales.
Fin de la cita. Al margen, le diré que procuro animar a todo el mundo a que aporte su nombre en Internet porque detrás de los anónimos suelen ocultarse quienes no aportan razones ni argumentos (no es su caso), los que formulan descorteses juicios de intenciones (como lo es el aludir a mi posible "buenismo" o tenerme peyorativamente por un "progre") y los trolls (tampoco es su caso). Usted verá si se trata de ser un figurón o no. De todos modos, le aclaro que está por demostrarse que yo haya tildado a nadie de racista, tanto en el artículo como en estos comentarios. Además, para que vea, estoy muy de acuerdo con usted en la existencia de un racismo inherente al ser humano y en que debemos "extremar la vigilancia".
1º Nunca he negado la existencia del determinismo biológico. Sí he criticado un determinismo ingenuo que pretende convertir a la genética o a la configuración cerebral en un "explicalotodo". A día de hoy, los conocimientos al respecto nos exigen prudencia. Los factores ambientales tienen un peso enorme, y los datos nos permiten sospecharlo así en el caso que nos ocupa, que es el de la inteligencia.
2º Como podrá comprobar pinchando en el enlace a la entrevista a Damasio, la pregunta tan cursi acerca del "maravilloso volcán de emociones", etcétera, corresponde a la periodista, de repente apoderada por el estro poético. Si aparece todo amontonado en un mismo párrafo provocando la confusión se debe a las deficiencias en la edición de los comentarios.
3º Parece confiar bastante en el control del comportamiento mediante la farmacopea. Sin subestimar los enormes logros en este campo, le debo advertir (puesto que he trabajado en ello) de que no suponen, ni mucho menos, una panacea. Cualquier psiquiatra le podrá comentar que el uso de un "paquete de pastillas" es como matar moscas a cañonazos.
4º Y dale con el buenismo. Limítese a argumentar, hombre, y deje de colgar etiquetas.
5º La naturaleza no es bondadosa ni cruel. Es lo que es y se acabó. Aplicarle categorías morales es como suponer intenciones a los animales, error típico de tantos documentales de vida salvaje y demás.
6º El homo sapiens se diferencia de otros mamíferos en que su evolución y desarrollo diferencial, si se puede decir así, es muy tardía; las idiosincrasias étnicas o "raciales" son, en consecuencia, superficiales.
7º Mucho cuidado con irse formando una casuística pescando de aquí y de allá ciertos estudios... Conclusiones estadísticamente significativas pueden no significar NADA en nuestra experiencia cotidiana. Por ejemplo, la archiconocida y archidemostrada superioridad de los hombres en pruebas lógicas y de las mujeres en pruebas verbales.
8º El nihilismo trascendental entiendo que escapa a los términos del debate. La pregunta contenida en el último comentario me resulta sencillamente incomprensible.

