viernes, 26 de febrero de 2016

Una cita

«La única libertad de importancia perdurable es la libertad de la inteligencia, es decir, la libertad de observación y de juicio practicada en provecho de propósitos intrínsecamente valiosos»

John Dewey, Experiencia y educación, V

miércoles, 24 de febrero de 2016

Cerebros a la fuga, cerebros en busca y captura

Desde el inicio de la crisis, uno de los lamentos más repetidos viene siendo la cantidad de jóvenes españoles que han emigrado al extranjero ante la falta de oportunidades laborales en su país. Un partido político los ha llegado a llamar «exiliados». Este discurso suele asumir dos bases: la primera, que la productividad y la riqueza de los españoles, nuestro futuro bienestar, quedan comprometidos ante ese caudal de conocimientos que se nos va por las fronteras; la segunda, que el fruto del gasto que ha corrido a cuenta del erario público en la formación y el desarrollo de esos talentos finalmente va a repercutir fuera y que, por lo tanto, ese gasto es una inversión perdida. El ingeniero que abandona el mercado laboral español, nos dicen, no sólo se lleva su formación, talento y capacidad de trabajo para aumentar el bienestar y la prosperidad en otras economías, sino que se lleva con él todo el esfuerzo que ha supuesto para los distintos sistemas públicos educarlo y mantenerle sano durante tantos años. ¿No es un suicidio económico para un país prescindir de los beneficios de semejante inversión?
Como suele suceder con todos los argumentos patrióticos, son dos falacias. No veo cómo ha de ser más productivo un ingeniero en paro viviendo en su país que uno trabajando en Alemania. El primero derrocha sus conocimientos, su tiempo y su ánimo en subempleos o languideciendo a costa de su familia. El segundo pone estos mismos elementos al servicio de una actividad productiva, adquiere experiencia profesional y refina sus condiciones para ser un agente económico útil. Como esto es evidente incluso para los que protestan por la fuga de cerebros, la respuesta que cabe esperar de ellos es que la administración debe «estimular» a la economía. No lo dicen con claridad, pero hablan de empresas públicas, de empleo público, de subvenciones y de protección a las empresas nacionales. En otras palabras, transferir artificialmente recursos desde los sectores provechosos hacia otros cuya productividad está en entredicho por depender, al menos en parte, de incentivos ajenos a la utilidad de los consumidores*.
Sobre el segundo argumento ha de hacerse una aclaración. El hecho de que el estado provea de algo a un individuo significa que ese algo deja de ser un bien público. Un titulado español de cualquiera de nuestras universidades públicas no ha contraído una deuda moral; su formación se ha convertido en una posesión suya o, mejor dicho, en una característica personal. Pensar de otra manera está a un solo paso de dar una limosna al pobre con la ridícula admonición: «no se lo gaste en vino»; implica que el estado no sólo debe responsabilizarse de proveer de un servicio, sino también del uso que los particulares hacen del mismo. Y si no podemos prohibir a nuestro ingeniero que emigre —eso sería violar sus libertades—, sólo nos queda encarar limpiamente el enfrentamiento entre lo público de la «inversión» y lo privado del rendimiento que procura. Si este enfrentamiento es considerado como una paradoja, sólo queda conformarse o abogar por las políticas de estímulo que he criticado antes. En cambio, si lo enjuiciamos como una contradicción, impugnamos una de las bases conceptuales de la educación pública y facilitamos un argumento a favor de la privatización del servicio.
Hay otros problemas asociados que merecen un análisis. Por ejemplo, la desproporción entre oferta y demanda de titulados universitarios en el mercado laboral español. Por ejemplo, el hecho de que son los titulados superiores los que emigran. ¿Por qué los ni-nis, a los que suponemos igualmente necesitados de empleo, no lo hacen? ≈

* Nota: El caso de Abengoa nos debería incitar a la reflexión acerca los resultados de tales medidas: una empresa que, impulsada por las subvenciones y los privilegios, abraza una estrategia expansiva por encima de su viabilidad. Ahora, a los cientos (tal vez miles, si pudiéramos cuantificar todas las prerrogativas indirectas y el deterioro que éstas comportan de las condiciones globales del mercado) de millones de todos los contribuyentes de los que ya han dispuesto, se les van a sumar unos cuantos más para financiar la reorganización, despiece y probable liquidación de nuestro buque insignia de las energías renovables. Dados frutos como éstos, cabe preguntarse si el estímulo público es la mejor solución para que nuestros ingenieros se queden en casa.

lunes, 22 de febrero de 2016

Los verdaderos beneficiarios del cambio climático

Marian Tupy nos señala las exigencias a las que nos tendremos que acostumbrar en los próximos años. Según lo establecido en la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, para el año 2020 los países desarrollados habrán de proveer al Fondo Verde para el Clima de unos 100.000 millones de dólares anuales, que serán administrados por el fondo Verde para el Clima con el fin de ayudar a los países en estado de desarrollo a «establecer prácticas adaptativas y paliativas que combatan al cambio climático».
Atenta a este contexto tan favorable, la prensa oficial de Zimbabue publica editoriales en los que solicita la donación de hasta un 11% de su Producto Interior Bruto para combatir y aliviar los efectos de las sequías que están sometiendo a una cruel hambruna a la población; estas sequías se entienden como resultados ya patentes del cambio climático. Para Tupy, deberíamos tomarnos esto como una amenaza y advertir que Robert Mugabe, el tirano que gobierna Zimbabue desde hace treinta y seis años, sabe que
«…there are plenty of gullible Westerners willing to believe that the frighteningly vile and comically incompetent government isn't at the root of Zimbabwe's food shortages, but that global warming is to blame. Of course, this is pure nonsense. Botswana and Zimbabwe share a border and their climate and natural resources are exceptionally similar. Yet, since 2004, food production has increased by 29 percent in Botswana, while declining by 9 percent in Zimbabwe. It is not drought but government policies that make nations starve!»
Por supuesto, nada resulta mejor acogido por una burocracia corrupta que una lluvia de millones bienintencionados. Un desarrollo más extenso y con los datos pertinentes, aquí.
Con todo esto, me pregunto si el debate acerca de la naturaleza y gravedad del cambio climático, tan atravesado hoy en día por la propaganda, acabará por resolverse mediante la pura confrontación de intereses entre donantes y beneficiarios. Si a fin de cuentas la oposición de incentivos no será más racional que el choque de eslóganes. ≈

miércoles, 17 de febrero de 2016

El proteccionismo en Castilla y León

Al escuchar ayer en la radio las noticias de Castilla y León, me convencí de que la vida económica de la región está absorbida por estos tres motivos:
— En el marco de las negociaciones de la plantilla de FASA Renault con la empresa, se solicita que, del mismo modo en que la Junta de Castilla y León y la Administración Central invirtieron a medias 500 millones de euros en el último plan industrial de la empresa, vuelvan a «comprometerse» de parecida manera «con el futuro de la empresa» en la región.
— Continúa la exigencia de que el carbón autóctono tenga ventajas frente al procedente del exterior con el fin de proteger los 1.500 puestos de trabajo de la minería, y que se considere ésta como un sector estratégico. Se solicita ahora, más concretamente, que se recargue con impuestos —¿aranceles?— el uso de carbón importado para la producción de energía eléctrica.
— El actual gobierno autonómico nos alerta sobre las consecuencias que tendría la irrupción de otros partidos políticos sobre algo tan sensible como la negociación de las ayudas recibidas en el marco de la Política Agraria Común europea.
Está claro: las tres noticias económicas más relevantes tratan sobre el uso de dinero público para mantener empresas y actividades cuya viabilidad está en entredicho. En otras palabras, sobre el aumento de las cargas a que están sometidos los ingresos.
Adam Smith explicó que los empresarios, con el fin de solicitar protección pública, tienden a hacer pasar su propio interés como si fuera el interés público. En la sociedad de masas y de la opinión pública, este hábito se ha extendido a todos los agentes económicos en tanto sean tan numerosos que tengan suficiente capacidad de presión o de ejercer la violencia y la coacción impunemente. En consecuencia, no son empresarios mineros los que queman neumáticos y ponen barricadas en las autovías, ni es el presidente del Grupo Renault el que amenaza con las catastróficas consecuencias sociales y económicas que seguirían a la desaparición de FASA en Valladolid o Palencia; tampoco los grandes latifundistas son los que paralizan el tráfico con tractoradas. Por mucho que los capitalistas sean beneficiarios de esas protestas, son los trabajadores y los pequeños propietarios quienes las ejecutan con entusiasmo; quienes han logrado unas condiciones comparativamente ventajosas respecto de los trabajadores sobre cuyas espaldas recaen los impuestos efectivos, que cargan la producción de riqueza mediante actividades económicas viables. Se trata del clásico mecanismo, descrito por Milton Friedman, mediante el que un beneficio concentrado para unos pocos supone una carga casi inapreciable para la mayoría que lo tolera.
Cosa extraña, gran parte del público general apoya este tipo de medidas proteccionistas, y las defiende con apelaciones a la dureza del trabajo en la mina, al temor al colapso económico en una región determinada o a la importancia de que los pueblos sigan poblados por esos románticos crepusculares, los trabajadores del campo. Admiten al parecer sofismas económicos y métodos de presión con frecuencia inaceptables. Según creo, es el mismo público que protesta por la tarifa eléctrica y el escándalo continuado de las prejubilaciones; el mismo cuyo contacto con el agro se limita a los dos fines de semana anuales que pasa en una casa rural. El mismo, por cierto, que en su vida particular busca un equilibrio ventajoso entre calidad y precio, con toda lógica, sin preguntarse de dónde vienen los productos que adquiere en el bazar chino.
Naturalmente. En las relaciones económicas en que participamos por propia voluntad, sin que las decisiones estén distorsionadas por la intervención del poder público, el criterio fundamental es el de la eficiencia; es muy raro que se entre a juzgar la justicia —suponiendo que se pueda— de una transacción. El comportamiento económico que refrendamos a diario con nuestros actos no permite, sin contradicción, excluir de esa lógica a determinadas actividades y admitir así a costa de nuestro propio bienestar la formación de una casta protegida de trabajadores de grandes empresas, bancos o «sectores estratégicos». Por lo que sé, esa gravosa desigualdad no ha provocado de momento ninguna queja en firme.
Además de Smith y Friedman, muchos otros (Bastiat, Hazlitt) se han extendido largamente y con buen criterio contra este tipo de proteccionismo. Cualquiera que se proponga estatuir el privilegio de un determinado sector debería enfrentarse al menos una vez a esa obra maestra del panfleto que es Lo que se ve y lo que no se ve. De momento, señalemos cómo estas medidas contribuyen al estancamiento económico de Castilla y León al desencadenar lo que se conoce como tragedia de los comunes: los intereses individuales puestos en juego de manera que perjudican el interés colectivo y provocan una asignación ineficiente de los recursos generales —o los agotan—. Para quienes confiamos en los órdenes espontáneos, es un nuevo ejemplo de cómo las decisiones injustas nos conducen a la pobreza. ≈

martes, 16 de febrero de 2016

Voltaire contra Pascal

Ayer releí la carta filosófica que Voltaire dedicó a Pascal. Había olvidado que en ella discute la famosa apuesta acerca de la existencia de Dios, formulada así en los Pensamientos:
«Vous avez deux choses à perdre : le vrai et le bien, et deux choses à engager : votre raison et votre volonté, votre connaissance et votre béatitude, et votre nature deux choses à fuir : l'erreur et la misère. Votre raison n'est pas plus blessée puisqu'il faut nécessairement choisir, en choisissant l'un que l'autre. Voilà un point vidé. Mais votre béatitude ? Pesons le gain et la perte en prenant croix que Dieu est. Estimons ces deux cas : si vous gagnez vous gagnez tout, et si vous perdez vous ne perdez rien : gagez donc qu'il est sans hésiter. Cela est admirable. Oui il faut gager, mais je gage peutêtre trop. Voyons puisqu'il y a pareil hasard de gain et de perte, si vous n'aviez qu'à gagner deux vies pour une vous pourriez encore gager»
Después de condenar la puerilidad de este argumento, el deísta Voltaire lo refuta apuntando al centro del problema: «l'intérêt que j'ai à croire une chose n'est pas une preuve de l'existence de cette chose». Un amigo podría prometerme el imperio del mundo a condición de que yo le dé la razón. ¡Ojalá esté en lo cierto! Pero, por desgracia para mis ambiciones, no puedo creerle si no me demuestra antes la exactitud de sus convicciones.
Y añade algo más. Si hemos de creer al jansenista Pascal, el camino de la salvación está cerrado para la gran mayoría. El jansenismo, como buena doctrina de la predestinación, prometía la salvación a un número ridículamente pequeño de elegidos («un bonheur infini, auquel, d'un million d'hommes, à peine un seul a droit d'aspirer»). Así las cosas, ¿qué interés tengo en creerle?, le pregunta Voltaire. «No me hable de juego de azar, de apuesta o de jugar a cara o cruz en tanto me atemoriza con las espinas que siembra en el camino que quiero y debo seguir. Su razonamiento no serviría más que para hacer ateos, si no fuera porque la voz de la naturaleza entera nos grita que hay un Dios con tanta fuerza como debilidad tienen semejantes sutilezas».
Voltaire apunta, si bien no termina de exponer, otro defecto mayor de la apuesta. Lejos de ser inocuo o benevolente, el dios de Pascal es exigente, temible; aboca a sus creyentes a un rigorismo moral a cuya altura no pueden sublimarse muchos espíritus. La apuesta de Pascal es muy cara y asimétrica. Si se acierta apostando por la existencia de Dios, se gana una ínfima probabilidad de una eternidad de dicha; si se falla, se obtiene el absoluto vacío como recompensa de una vida de privaciones y, lo que es peor, de la renuncia de las propias convicciones.
Bien pensado, esta discusión es muy poca cosa: otra escaramuza en la guerra de la individualidad contra sus enemigos.
Adenda
Todo se ha dicho ya alguna vez, y con palabras mejor escogidas que las que uno puede llegar a usar. Gracias a este artículo de la Wikipedia aprendo que un tal Hans Jonas objetó a Pascal de la siguiente manera:
«Si prefiero creer en Dios, debo vivir de acuerdo con esa creencia para ganar la vida eterna, lo cual supone renunciar a la vida terrestre. Si gano, lo gano todo; pero si pierdo, es decir, si Dios no es, la diferencia se debe establecer entre mi vida vivida y la nada de la muerte. Como entre la vida y la nada la diferencia es inconmensurable, si bien apostando sobre la existencia de Dios, he perdido todo lo que tiene de estimable. Pero si yo apuesto por el ateísmo y Dios es, pierdo también todo lo que hay de estimable, la felicidad eterna. En los dos casos la pérdida es infinita»
Para los curiosos, aquí hay mucho más. ≈

viernes, 12 de febrero de 2016

Cómo se defiende la civilización

Últimamente las siguientes escenas me han infundido algún optimismo:
Una biblioteca pública llena de personas en silencio, cada cual estudiando sus cosas.
En un huerto próximo a El Escorial dos hortelanos de origen marroquí han puesto mesa y sillas debajo de un árbol. La mañana es tan cálida que permite disfrutar de la sombra y de la brisa. Apaciblemente, sin interesarse por nosotros, están jugando a las damas.
Son las siete y media de la mañana y aún es noche cerrada. Dos hermanos de unos 10 años marchan calle adelante con la mochila al hombro. Se defienden del frío de la mañana con el paso rápido y hundiendo el bozo en el cuello de la cazadora. Tal vez porque es un barrio donde menudean los niños que a duras penas acuden al colegio; tal vez porque al verlos caminando tan decididos me parece entender la voluntad de progresar por el camino del estudio, pienso un poco conmovido: «yo fui uno de ésos» ≈

miércoles, 10 de febrero de 2016

El sufragio contra los órdenes espontáneos

El problema político que se va a plantear con una claridad cada vez mayor es la conciliación entre la influencia de nuestras decisiones en la vida de los demás y la necesidad de defender la autonomía individual de las intromisiones ajenas. Lo que significa, en resumidas cuentas, dudar de la legitimidad de la eficacia que hoy concedemos al voto.
Debo reconocerlo: afirmo lo anterior porque creo que el comportamiento de la ciudadanía está siendo mediocre. 

lunes, 8 de febrero de 2016

Una cita excelente

Viene del café de Ocata, y dice esto:
«Cuando oigo hablar a un maestro de lo bien que le sale todo, de lo interesados que están todos sus alumnos, y de lo que se desvivien por aprender, sé que me encuentro o ante un ser divino o ante un farsante»
El resto de la entrada también tiene interés ≈

domingo, 29 de noviembre de 2015

De baja calidad


Una vez que el intelectual Monedero dejó insinuado con su acostumbrada finura que Albert Rivera esnifa cocaína, nuestra atención debería dirigirse hacia otros lados. Concretamente, hacia el centro y hacia los márgenes.
Pablo Iglesias, interpelado por el asunto, se mostró como un meritorio discípulo de Lakoff: «No creo que Rivera tenga ningún problema con las drogas ni pienso que haya tenido ningún problema con la cocaína jamás». Maite Rico, en El País, llama a esto «tender una mano a su rival» y nos demuestra a todos que se puede escribir en periódicos a pesar de padecer de una insensibilidad marmórea hacia el lenguaje. Ignora la comentarista que la declaración de Iglesias está calculada para fijar de una vez por todas en un mismo enunciado la asociación entre el candidato Rivera, la droga y la cocaína. También ignora que el malicioso uso de la expresión «no tener un problema con las drogas» guarda un doble sentido que sin duda celebrarán sus partidarios.
No lo tendremos en cuenta. El País ya nos enseñó que, cuando se trata de Podemos, decir «no me gusta» equivale a una condena sin matices.
Consultar los comentarios al vídeo de Monedero produce, sin el menor agrado, una cierta ambivalencia. En ellos se enredan los que juzgan indigno al intelectual gramsciano con quienes reclaman un análisis de orina, sangre y cabello a Rivera como requisito indispensable para sostener su querella. Estos últimos explican que el error de Monedero no reside en el perjuicio a la buena imagen de la que tanto depende todo candidato político, sino en todo caso en su falta de veracidad: una manera como otra cualquiera de encerrar otra vez a Oscar Wilde en la cárcel de Reading.
Mucho se protesta de la bajeza de nuestros políticos. Uno, cada vez que puede, insiste en preocuparse más por la calidad de los electores ~

jueves, 20 de agosto de 2015

¿Un líder de talla europea?


Desde que Syriza gobierna los griegos parecen tener sólo malas noticias: han empeorado sus resultados económicos (lo cual quiere decir que viven aún peor que antes), han agravado su problema de deuda, han retrasado las reformas económicas necesarias, se han sometido a un corralito bancario, han participado en un referéndum planteado en términos viscosos y cuyo resultado no podía ser tomado en consideración ni siquiera por los convocantes… Estos pobres resultados se rompen contra el dique de la popularidad del Primer Ministro, al parecer intacta a pesar de haber incumplido con entusiasmo sus promesas rupturistas.
La digna, si bien tardía, dimisión de Tsipras después de estos meses de vaivenes, ineptitudes y decepciones aclararía, creo yo, bastante las cosas. Podría ganar las próximas elecciones el único político que representaría para sus votantes una suerte de austeridad de rostro humano, la mejor posibilidad para que la opinión pública griega tolere en una mayor medida las medidas de racionalización económica que la sensatez sugiere. Si Tsipras admite ese papel ante los suyos y ante la Unión Europea, se convertirá en una piedra preciosa que la todopoderosa Merkel estará obligada a custodiar. Sacrificar el temerario oposicionismo de antes le haría paradójicamente más fuerte en el juego europeo de los opuestos que se necesitan mutuamente. Y con ello los griegos saldrían ganando.

Lo iremos viendo con interés, aunque sin mucho optimismo.

miércoles, 5 de noviembre de 2008

La memoria es caprichosa

Sí que lo es. Hoy, cuando tanto se habla de cambio y de ponerse al día, me ha venido a la memoria esta joya del cine español. ¿Para cuándo una versión con Will Ferrell y otros cómicos yanquis de esos que no tienen gracia?





Y, ya en serio, echen un vistazo a esta despedida. A veces los americanos me sorprenden de veras.

¡La Reina habla!

Cuando los avances técnicos lo permitieron, el lema publicitario de una película fue: “¡La Garbo habla!”. Ahora vivimos un pequeño revuelo, igualmente publicitario, provocado por la promesa de conocer no la voz, sino las opiniones de S.M. la Reina de España, doña Sofía contenidas en el libro de entrevistas concedidas a Pilar Urbano.


Los avances ofrecidos en la prensa demuestran que, en efecto, la Reina expone con desenvoltura sus puntos de vista sobre la unión entre homosexuales, la política exterior de George Bush, el aborto, la eutanasia y, en fin, los temas sobre los que se discute en tantas sobremesas.

Mi postura hacia la institución monárquica se resume en pocas palabras: prefiero que no exista, aunque no creo pertinente hacer campaña a favor de una república. Quiero decir que no me costará ningún esfuerzo tolerar la monarquía hasta que su existencia o no acabe por constituir un problema; dicho esto, en cuanto me pregunten no dudaré en apoyar la desaparición de reyes, príncipes, cortes (existentes o, como la española, virtuales) y demás acompañamiento. Naturalmente, dada la naturaleza de su posición, la Reina debería haber resistido la llamada de la vanidad y haberse abstenido de participarnos sus pensamientos; pero no es eso lo que me importa.

Atendiendo a los extractos ofrecidos por la prensa, si bien las opiniones de la Reina son las que cabría esperar de una aristócrata de orden que toma el té a la temperatura justa, no se puede encontrar en ellas nada verdaderamente original, ninguna observación que cale más allá de una mera toma de partido. En resumen, nada me incita a leer el libro completo.

Sofía de Grecia ha sido una mujer afortunada; ha pasado una infinidad de veladas en compañía de gentes con las más variadas responsabilidades, ha tratado de tú a tú a los más importantes estadistas, intelectuales, artistas y empresarios; ha podido recibir de ellos orientación para formarse, consejos, puntos de vista variados y bien articulados. Como resultado de esto, nos gustaría haber encontrado argumentaciones mejores que este azote a los republicanos:

"No hay que ser republicano ni monárquico, sino cons-ti-tu-cio-na-lis-ta. Hasta el sindicalista o el comunista más acérrimo, si está con la Constitución, tiene que estar con la Monarquía, que es lo que ahí pone. (...) Hoy, un republicano en España está tan fuera del contexto actual del país como... un monárquico en Francia. Para los republicanos, nadie tiene derechos de cuna. Ahora bien, cuando esos republicanos son ricos, o tienen un negocio, o una casa, ¡bien que dejan las propiedades en herencia a sus hijos! Coherencia, pues"


Basta calificar como pobre la comparación entre la herencia de títulos, cargos y privilegios de casta —los ridícula y reveladoramente llamados “derechos de cuna”— y la de bienes. Reconozco que me he esforzado en asimilar este punto de vista, y sólo llego a advertir que para nuestra pensadora política la alternativa coherente a la monarquía es la socialización de los bienes reunidos en vida por el ciudadano común.

Su aportación a la filosofía del derecho no añade ninguna alegría. Para el orden de ideas de la Reina, el acatamiento de la ley equivale a su aprobación incondicional. Suscita admiración que al decir esto sea capaz de olvidar sus propias opiniones sobre aspectos ya legislados, a veces en sentido contrario al de las normas que el Monarca ha sancionado con su firma.

Vista la sorpresa ajena ante las palabras de la reina, me decido a añadir la mía: es verdaderamente pasmoso que una persona en su posición no tenga nada más que ofrecer. La Reina habla, sí, pero ¿para qué?

martes, 25 de marzo de 2008

Inesperada lección de ética (periodística)

Con razón Arcadi Espada encarece el artículo de Carla Bruni acerca del affaire del SMS. De vez en cuando las mejores lecciones nos llegan siguiendo caminos y contornos especialmente sinuosos...

El artículo ya está plantado en los jardines ajenos. Que nadie se lo pierda por ningún motivo; mañana, la traducción -tengo que practicar un poco-. De nada.

miércoles, 13 de febrero de 2008

Mikel Buesa en el Ateneo de Ourense: “Las organizaciones terroristas saben que no pueden vencer al Estado; lo que procuran es su desistimiento”

También aquí.

Con el título Terrorismo: ¿negociar o derrotar a ETA? Mikel Buesa continuó el pasado lunes 11 el ciclo de conferencias organizadas por UPyD en Ourense. Para Buesa, ETA ha seguido con todo éxito durante la negociación la consigna maoísta de “conservar sus propias fuerzas y desgastar las del adversario”, es decir, las del Estado.

El ponente, Catedrático de Economía de la Universidad Complutense y candidato por UPyD al Congreso, consideró durante su exposición la política antiterrorista durante la última legislatura y sus resultados. Comenzó por describir el estado de la lucha contra ETA antes de las elecciones generales de 2004. “En el segundo semestre de 2003 no hubo ningún atentado con resultado de muerte”, apuntó, lo cual no se debía a negociación alguna, sino a la incapacidad a la que se veían abocados los terroristas gracias a una gestión fundada en el pacto entonces existente entre el PSOE y el PP. Esta política se concretó en una mayor eficacia policial, en la colaboración internacional dentro de una coyuntura de sensibilización por los atentados del 11 de septiembre de 2001 y en las modificaciones penales que combatieron el terrorismo callejero y que condujeron a la declaración de la ilegalidad de Batasuna en 2002. Esta ilegalización supuso “el desplome de la adhesión política a ETA”, que se redujo de un 10 a apenas un 2 por ciento. “ETA se encontraba en el borde de su derrota”, afirmó Buesa.

Las razones de una negociación política
Pasó entonces a examinar la actitud del Gobierno de Zapatero respecto al terrorismo, orientada hacia la negociación desde su llegada al poder. Buesa propuso tres motivos hipotéticos que explicarían la adopción de esta nueva postura. La primera de ellas sería la influencia de intelectuales cercanos al Presidente como el politólogo Ignacio Sánchez Cuenca, autor de ETA contra el Estado, quien propone, basándose en principios de la teoría de juegos, la concesión de objetivos políticos a la banda terrorista como estrategia eficaz para el fin de la violencia. La concepción de este profesor “explica a Zapatero un terrorismo nacionalista que hasta entonces no sabía afrontar”, e influye notablemente a miembros prominentes del PSE como Jesús Eguiguren.

La segunda razón consistiría en la presión a la que el Presidente del Gobierno se vio sometido al gobernar en minoría. Sus pactos con grupos como PNV, EA, IU o ERC, para los que Batasuna y ETA ya se habían convertido en interlocutores, supusieron también “un aval” para la nueva política propuesta por Zapatero.

Por último, Buesa atribuyó al PSOE la convicción de que su acceso al poder en 2004 no fue completamente legítimo, lo que le llevaría a procurar tal legitimidad siguiendo un rumbo completamente dispar respecto de las políticas llevadas a cabo durante los gobiernos del PP.

Resultados de la negociación
El ponente realizó una valoración de los resultados de la negociación. A pesar de la declaración aprobada en mayo de 2005 permitiendo los contactos con ETA en ausencia de violencia, nunca se realizó una verificación pública de la renuncia a los métodos terroristas. Desde el comienzo de la negociación se han contabilizado 15 oleadas de cartas de extorsión, 800 actos de terrorismo callejero que han terminado con una víctima mortal, 37 heridos y siete millones de euros de pérdidas materiales; mayo de 2007 fue el mes de mayor violencia, provocando la renuncia de cargos electos de unos veinte ayuntamientos y permitiendo así el acceso de ANV a alcaldías para las que no había conseguido votos suficientes.

Y es que mientras la violencia y la extorsión continuaban, el Gobierno seguía contactando con el mundo abertzale y concediendo, en el ámbito político, la presentación del PCTV a las elecciones autonómicas vascas —tras las cuales apoyó la investidura de Ibarretxe— y de ANV a las elecciones municipales, en las que consiguieron 44 alcaldías. Se estima que hasta siete millones se han desviado de las alcaldías para sostener el entramado terrorista.

En definitiva, “lejos de desaparecer la violencia, ésta siguió un ciclo ascendente” con el fin de desgastar al gobierno mientras la negociación continuaba. “Las organizaciones terroristas”, concluyó Buesa, “saben que no pueden vencer al Estado; lo que procuran es su desistimiento”.

Las víctimas del terrorismo
Mikel Buesa denunció también la ruptura de la homogeneidad de trato por parte de los fiscales —dependientes del Gobierno— hacia las víctimas del terrorismo. En esta legislatura, siempre a instancias de las fiscalías, se ha fijado la mayor indemnización por un atentado para un diputado socialista (tres millones de euros para Eduardo Madina, quien perdió una pierna en un atentado) mientras que en el juicio por los atentados de marzo de 2004 en Madrid las víctimas que sufrieron secuelas físicas de mayor gravedad han recibido un millón y medio de euros.

En conclusión, se ha deshecho la acción unitaria frente a ETA y se ha tratado de asuntos políticos con los terroristas (como la independencia del País Vasco o la anexión de Navarra a aquél). A nadie ha convencido la política del Gobierno, cuyos representantes ofrecen indicios recurrentes de su voluntad de retomar el proceso en el futuro y en parecidos términos.

A pesar de lo expuesto durante la conferencia, Buesa quiso cerrar su alocución con una nota esperanzadora: “ETA está bastante debilitada”.

martes, 12 de febrero de 2008

Zapatero no se equivoca

El titular escogido por El País para reseñar la entrevista de Iñaki Gabilondo al Presidente del Gobierno es "El fin de la violencia está más cerca que antes". Dentro de unos límites estrictamente formales, puedo asegurar que está completamente en lo cierto. Como si hubiera dicho, por ejemplo, que la victoria de la selección española de fútbol en un mundial está más cerca que antes, o que el fin del mundo está más cerca que antes.

miércoles, 6 de febrero de 2008

Con la iglesia hemos topao

Esta curiosa frase en la última columna de Arcadi Espada contiene una tesis y su refutación:
Es curioso comprobar cómo hay críticos muy rígidos de la teocracia islamista que, cuando la jerarquía católica interviene en el debate político, abjuran por un momento de su rigidez y defienden la libertad de expresión de los obispos.
Pues no, señor Espada, no pueden entrar en un mismo saco un régimen teocrático y la intervención política de la jerarquía católica en una democracia liberal. La Conferencia Episcopal hace uso de sus libertades cuando dice lo que le da la gana en un país donde cuenta con adeptos, contrarios e indiferentes. Mientras tanto, en los países islámicos los habitantes disponen de una sola receta religiosa, moral y cívica. Son problemas muy distintos. Por mi parte, podré entrar a debatir con los obispos cuando no esté de acuerdo con ellos (vale decir, casi siempre), aunque defenderé su interés en influir, siempre que sea educadamente, en la sociedad a la que pertenecen, como hago con todo el mundo.

Puestos a encontrar incoherencias, yo propongo esta otra:
Es curioso comprobar cómo hay críticos muy rígidos de las declaraciones políticas de la jerarquía católica que, cuando la Junta Islámica pide explícitamente el voto para su propio partido, abjuran por un momento de su furor laicista y no dicen ni pío.
Creo recordar que ya me había pronunciado sobre el laicismo y la iglesia católica...

martes, 29 de enero de 2008

Conferencia de Ricardo Moreno

También aquí.

Ricardo Moreno Bustillo, Catedrático de Instituto, Profesor Asociado de la Universidad Complutense y autor del Panfleto antipedagógico, inició ayer un ciclo de conferencias acerca de asuntos de actualidad organizado por UPyD en Ourense con una exposición sobre Las falacias de nuestro sistema educativo. Al acto, celebrado en el Ateneo de Ourense, asistieron más de doscientas personas.

La intervención comenzó con una revisión crítica del estado de la educación, sobre todo desde la reforma concretada por la LOGSE. "Es preciso reformar la enseñanza", afirmó, "más que innovarla". Para él, la formación de ciudadanos de un estado democrático ha de basarse en criterios y técnicas ya experimentadas y cuyo valor y eficacia han sido sancionadas históricamente por su uso.

Ricardo Moreno incidió en que, en una España donde nunca se habían dado mejores condiciones de prosperidad material y de libertad política, el ambiente en colegios e institutos ha degenerado y los resultados académicos resultan ser más pobres. Achacó el estado actual de cosas a la "jerga pedagógica" y a la manipulación de conceptos como el de motivación: "en principio, nadie está motivado para estudiar del mismo modo en que nadie está motivado para trabajar; es algo que se hace por obligación".

Explicó también que los autores de la actual reforma se defienden de sus críticos alegando que los profesores no la aplican adecuadamente. "Son argumentos que se asemejan mucho a los usados por los franquistas para descalificar a los que disentíamos del régimen dictatorial", afirmó para luego encarecer la labor de los docentes: "La mayoría de los profesores nos demoramos enseñando materias que no estamos obligados a impartir porque recibimos a alumnos que no han adquirido nociones imprescindibles para abordar el temario del curso".

Las falacias
Para el conferenciante, las falacias en las que se basa el sistema educativo público son las siguientes:

-A pesar de que la educación es un derecho, su conculcación (por ejemplo, a cargo de los alumnos que sabotean las clases) no puede sancionarse.

-La obligatoriedad de pertenecer al sistema educativo hasta los 16 años impide que un niño se encamine hacia el aprendizaje de un oficio desde los 12. En la práctica, los alumnos no pueden decidir sobre su propio futuro aunque sí sobre el de los demás.

-La creencia de que la enseñanza ha de bajar su calidad en aras de una mayor democratización.

-La pretensión de resolver simultáneamente dos problemas que sólo pueden abordarse consecutivamente: educar a quienes quieren estudiar y resolver lo que han de hacer quienes no quieren.

-El dogma del antiautoritarismo y la eliminación de un castigo proporcionado y razonado ante conductas indeseables del alumno. "Para educar también hay que frustrar y reprimir", porque no todos los comportamientos son admisibles en sociedad.

Por último, descartó analizar en términos ideológicos las bases de la LOGSE señalando que él sólo trataba de enfrentar el sentido común a "la estupidez".

lunes, 21 de enero de 2008

Subvenciones high-class

"Las desaladoras son una solución tecnológica interesante, pero se está volviendo a vulnerar el principio de que todos los usuarios paguen el mismo precio, no entiendo por qué los demás tenemos que seguir subvencionando a regantes que van en Mercedes".

Es una cita de Manuel Ramón Llamas, catedrático emérito de Hidrogeología, extraída de este interesante artículo de El País. Lo que me lleva a reproducirla es que, salvando las idiosincrasias y el tipo de subvención al que se alude, yo pienso exactamente igual respecto de los agricultores terracampinos.

Leguina no descansa

Ayer Joaquín Leguina publicaba un artículo en El País sobre el incierto porvenir político de Gallardón y su partido. El tema, en principio, está claro y resulta muy fácil ceñirse a sus límites. Pero, como deja muy claro en cada ocasión que se le presenta, el viejo político tiene muy claras sus verdaderas antipatías, de modo que no puede resistirse a añadir como quien no quiere la cosa una nota picante:
Vamos que, al final, van a tener razón los muy próximos a Rodríguez Zapatero cuando aseguran que el gran activo político del actual presidente del Gobierno es que "tiene muy buena suerte".